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Estados Unidos e Israel atacaron Irán el 28 de febrero. Y un mes después, salvo contadas excepciones, el panorama en los mercados es desolador, con retrocesos entre el 3% de la Bolsa china y el 12% de la japonesa. El Ibex, por su parte, ha caído un 7,1%. Los refugios clásicos no han funcionado esta vez. El precio de los bonos se ha desplomado a todos los plazos ante la creciente posibilidad de una subida global de los tipos de interés y se han disparado sus rentabilidades. Entretanto, las petroleras se han apreciado con fuerza, propulsadas por el precio del crudo, que cierra marzo con una escalada mensual superior al 60%, la mayor de su historia. Las empresas químicas y las utilities también ganan.
“La mujer también es tradición”. Esta frase, pronunciada de forma rotunda por María Motos, arquitecta de 33 años, es el lema del movimiento que aglutina a un grupo de vecinas de la localidad conquense de Valera de Abajo (1.528 habitantes), que pide acabar con el veto que les impide participar “plenamente” en las fiestas de Moros y Cristianos que este pueblo celebra cada mes de enero. “Crecer en la tradición es adaptarse a los nuevos tiempos”, dice Motos, integrante del colectivo Moras y Cristianas de Valera, que ha reactivado su lucha tras el portazo de la Semana Santa de Sagunto (Valencia) a que las mujeres puedan desfilar, como hacen los hombres, en sus procesiones. Una exclusión que ha llevado al Ministerio de Industria y Turismo a iniciar el procedimiento para revocar la declaración de Interés Turístico Nacional a esta festividad, que como la fiesta de Valera de Abajo, cuenta con cinco siglos de veto machista.
Dos años antes de que Lorca estrenara Bodas de sangre, una mujer ya había narrado aquella historia inspirada en el crimen de Níjar. Era Carmen de Burgos con Puñal de claveles, de 1931. Cada cual eligió su estilo y su desenlace, pero la materia prima era la misma. Hubo otra diferencia: cómo les trató la posteridad. El poeta granadino quedó inscrito en el canon. A ella le esperó el ostracismo.
Nunca en toda la historia de Israel un Gobierno había ido tan lejos como el que dirige Benjamín Netanyahu. La destrucción del orden multilateral a cargo de Donald Trump, su protector y estrecho aliado, ha proporcionado al Ejecutivo israelí la cobertura para prescindir de cualquier apariencia de legalidad, expulsar a las organizaciones de Naciones Unidas, prohibir organizaciones no gubernamentales, ningunear a la Unión Europea y actuar con las manos libres, sabiendo que nadie intentará moderar sus excesos, ni siquiera tímidamente, como solía hacer Estados Unidos. Netanyahu ha tomado nota de la oportunidad y ha liberado al extremismo israelí de cualquier pudor.
Lo dicen ahora sobre todo los comentaristas deportivos: “Fede Valverde está en su prime”. “Pedri ha vuelto a su prime”. Y prolongan así la conocida inclinación de los periodistas a emplear términos que van conformando un dialecto gremial realimentado entre ellos y ajeno al habla de su público, al que obligan a un esfuerzo de traducción o deducción innecesario. Por tanto, prime forma parte de lo que aquí hemos venido llamando “periodistismos”.
Hay indicios y declaraciones de que Washington planea una operación terrestre en Irán. Incluso si se excluye la invasión y se limita a acciones puntuales, analistas políticos y militares advierten del yerro. No es el primero. Desde el principio, la guerra de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica ha acumulado un error tras otro.
Los premios literarios que se conceden en España, y en particular su trastienda, son motivo de inextinguible discusión. Aena, una empresa mayoritariamente pública, ha avivado el debate con el anuncio de un galardón de narrativa dotado con un millón de euros, lo que iguala al Planeta.
La noche madrileña ha perdido en pocos meses dos de sus grandes símbolos. Teatro Barceló, la antigua sala Pachá, y Fortuny, el palacete de Almagro reconvertido durante años en santuario de la élite social y empresarial, han acabado, aunque con trayectorias distintas, con una misma imagen final: espacios de la ‘jet-set’ madrileña desahuciados. “Se vende el emblemático Teatro Barceló”. “Se subasta la sala más exclusiva de Madrid: Fortuny”. Dos titulares que, separados, podrían no tener nada que ver. Pero guardan relación. Y mucha. Para empezar, ambas han recibido órdenes de lanzamiento. Y para continuar, ambas han recibido recientemente sanciones por parte del Ayuntamiento de la capital por sus licencias de actividad. Barceló, por aforo, tuvo que cerrar un año y ahora anuncia la venta del edificio; Fortuny entró en una subasta que ganó el Grupo Paraguas, pero en enero el Consistorio dictó una orden de clausura y precinto del jardín de la sala. En una ciudad donde el ocio se reinventa cada día, estos dos viejos símbolos se apagan entre polémicas por impagos y denuncias.

Un error del Gobierno andaluz (PP) ha provocado que miles de alumnos de educación secundaria carezcan durante cuatro años de tres libros de texto para la asignatura Atención Educativa, alternativa a Religión. Desde hace dos cursos y hasta 2028 los alumnos del millar de institutos andaluces no pueden disponer de los libros de la editorial Proyecto Educa porque la Consejería de Desarrollo Educativo y Formación Profesional no los incluyó a tiempo en su plataforma para los centros educativos. Era el único material para esta asignatura, que carece de otro texto alternativo. “Fue un fallo garrafal. Hemos perdido una ocasión tremenda porque no teníamos competencia, perdemos prestigio en centros y visualización de marca”, resume el editor murciano Antonio Pascual Rodríguez, que exige a la Junta 404.714 euros como compensación por los costes de producción de los libros y el lucro cesante.


Tras dos décadas de intentos frustrados, la ampliación del Parlament de Cataluña parece ver la luz al final del túnel. La capacidad del retocado palacio del siglo XVIII está al límite desde hace bastantes años pero cualquier proyecto de ensanche siempre topaba con las limitaciones de usos del parque de la Ciutadella y los terrenos del Zoo de Barcelona. El Ayuntamiento de la capital catalana, la Generalitat y el propio Parlament firmaron ayer un acuerdo para que el nuevo edificio ocupe las antiguas caballerizas de la Guardia Urbana, a 300 metros de donde está el hemiciclo, y así el legislativo ganará 13.000 metros cuadrados adicionales. Un plan que sin embargo tardará al menos una década en hacerse realidad.