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El último intelectual, sí, pero también el último representante de tantas otras cosas. Con Jürgen Habermas se pierde algo más que la vida de un gran filósofo, se nos va el pensador impenitente, el único que nunca dejó de abrirse a la discusión con todos los grandes de su tiempo, desde su maestro Adorno, pasando por los Luhmann, Rorty, Foucault, Derrida y cualquier otro autor que mereciera su atención. La lista sería inmensa. En eso no hizo más que aplicar los fundamentos de la teoría por la que siempre será recordado, la teoría de la acción comunicativa. De lo que se trata en ella es de intentar desarrollar un concepto de razón dirigido al entendimiento mutuo mediante procesos comunicativos libres de distorsiones y a la vez capaces de desvelar las estrategias de ocultación y engaño y los intereses del poder. Lo importante no es el acceso a la “verdad” en un sentido sustantivo, sino al mejor argumento; pero para eso hay que argumentar, desde luego, entrar en un diálogo intersubjetivo, eso que jamás dejó de practicar. Por eso es el padre de eso que llamamos “democracia deliberativa”, ese constante ejercicio de ilustración mutua entre ciudadanos libres e iguales que disuelven sus diferencias en un proceso de deliberación constante y bajo condiciones que aseguren una perfecta inclusión y simetría entre quienes así discuten.

Habermas muere en un momento poco hospitalario para la empresa a la que dedicó su obra. No es una paradoja sentimental, sino un diagnóstico preciso. Construyó el andamiaje intelectual más sofisticado del siglo XX para sostener una idea simple y radical: que la democracia puede fundarse en la razón comunicativa, que la legitimidad nace del mejor argumento y no del poder bruto, y que Europa podía ser la prueba histórica de que ese proyecto era viable. Hoy, cuando sus dirigentes hablan con naturalidad de abandonar la pretensión normativa que definió el proyecto europeo, la muerte de Habermas adquiere un significado que no es biográfico sino político.
En las pasadas temporadas, sobre todo en la última, Ferrari perdió mucha presencia en la señal internacional de televisión de las carreras del Mundial de Fórmula 1, principalmente los domingos, en los que McLaren, Red Bull y Mercedes se repartieron el protagonismo con 14 triunfos (McLaren), ocho (Red Bull) y dos (Mercedes). Este curso, sin embargo, la marca de Il Cavallino Rampante se dejará ver mucho más, al menos en los primeros instantes de las carreras, como ya quedó claro el domingo de Australia. Allí, Charles Leclerc serpenteó por entre el pelotón, desde la cuarta plaza en la que formó en la parrilla, y encaró la salida de la primera curva del circuito de Albert Park en cabeza. Lewis Hamilton, séptimo, ganó cuatro plazas, pero se fue un poco largo en la frenada, circunstancia que le reposicionó el cuarto. La historia se repitió este sábado, en la sprint celebrada en China, en la que Hamilton culebreó desde la cuarta plaza hasta la cabeza en la primera vuelta.
“No a la guerra. No a la guerra. No a la guerra”. El cántico se repite una y otra vez en la Plaza Juan Goytisolo, en Madrid, donde cerca de 4.500 personas, según la Delegación del Gobierno —los organizadores elevan esta cifra a más de 5.000― se han reunido para exigir el fin de la escalada bélica en Oriente Próximo, en una de las múltiples manifestaciones convocadas este sábado en ciudades de toda España, como Barcelona, Bilbao o Valencia.
El Girona, preso esta temporada de la irregularidad, se aleja de la zona del descenso tras una goleada ante el Athletic Club en una trabajada victoria (3-0). El equipo dirigido por Míchel se adelantó pronto con un gol de Hugo Rincón en una primera parte que dominó. Tras el descanso, los bilbaínos asediaron a Gazzaniga, buscando seguir mirando hacia los puestos europeos. Pero apareció Ounahi para anotar el segundo y Echeverri para cerrar con el tercero.

El sorteo de Lotería Nacional se celebra este sábado 14 de marzo en el Salón de Sorteos de Loterías y Apuestas del Estado. Este juego es uno de los más populares de España, con una historia que se remonta hasta el siglo XIX.






Al Barcelona no le queda más alternativa: tiene que cuidar a sus jugadores. Y eso que Hansi Flick recupera a Gavi después de 203 días. “Es bueno tenerlo de vuelta. Me gusta lo que veo en los entrenamientos, pero tenemos que ir con cuidado. No ha sido fácil para él después de la última lesión”, comentó el preparador alemán sobre el canterano azulgrana, que se sometió a una artroscopia en la rodilla derecha para solucionar su problema en el menisco el pasado 23 de septiembre. La vuelta de Gavi, en cualquier caso, es solo una pequeña solución para Flick, que cuenta con Koundé, Balde, De Jong y Christensen en la enfermería. Eric García, aunque ha trabajado con normalidad en los últimos dos entrenamientos, no jugó en Newcastle ni tampoco se lo espera desde el inicio ante el Sevilla este domingo (16.15, Dazn). Misma situación para Lamine Yamal.