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El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida (PP), lleva una legislatura y media insistiendo en una misma idea: la ciudad que él gobierna fue, es y será la capital mundial del deporte. Esto se ha materializado en la promoción de grandes eventos, como la Fórmula 1 o más partidos de la Liga de Fútbol Americano, la inauguración de cinco nuevos polideportivos ―todos menos uno de gestión privada― y en una cifra, anunciada la semana pasada: 410 millones de euros invertidos desde 2019. Este Madrid vibrante en lo deportivo choca con el que describen los usuarios y trabajadores de las instalaciones, y el que denuncian sindicatos y oposición. Techos que se caen, saunas que se incendian, humedades, grietas, cierres constantes, empresas de mantenimiento externalizadas centradas en reducir costes, inspecciones que no se realizan o que resultan desfavorables, ausencia de sanciones y una larga lista de desperfectos y deficiencias de mantenimiento que no para de crecer.


Walter El Rifle Pandiani (Montevideo; 49 años) se mueve calzado con botas de tacos entre dos decenas de futbolistas sobre el pasto artificial una fría mañana de invierno en la Tierra de Campos. “No quiero que corras así. Ya te lo dije el otro día. Eso no es fútbol”, le grita a un jugador que trotaba hacia atrás, y le muestra cómo hacerlo, perfilado hacia la pelota. Alrededor del antiguo delantero del Depor, Mallorca, Osasuna y Espanyol, ganador de tres Copas del Rey, semifinalista de la Champions, discurre un partidillo de entrenamiento del Palencia CF, el equipo al que dirige desde hace un mes. Abandonó el verano austral uruguayo para ocuparse de una plantilla que compite en 3ª RFEF, el quinto escalón en España. “Unos días antes estaba en la playa, en el río, con 40 amigos y la familia. Espectacular”, recuerda.

Robert Walser encontró la muerte en la nieve. Solo, tumbado boca arriba, con el sombrero separado unos palmos de su cabeza, las huellas de sus últimos pasos hundidas en la nieve. El escritor fetiche de Kafka o Walter Benjamin, el escritor que mejor enseña a escapar del rebaño y a sentir pasión por lo que uno hace y no por aquello que le reporta —“Sólo se quiere un futuro cuando no se tiene un presente”—, vivía en un sanatorio mental desde hacía veintitrés años. Aquella mañana de Navidad del año 56 había salido a dar un paseo. O a perder la vida congelado, quién sabe. En la fotografía de su cuerpo inerte todo es blanco, solitario, poético. Recordé esa estampa brutal cuando el esquiador noruego Atle Lie McGrath también se adentró solo en la nieve, también caminó dejando atrás sus huellas, también se quitó su sombrero en forma de casco de competición, y también rezumaba soledad, fatalismo y final cuando quiso desaparecer del mundo. ¿Por qué nos fascina ver perder?
Se ha viralizado oportunamente un fotograma del Osasuna-Real Madrid que muestra a Vinicius y a Mbappé en la misma posición del campo, con Güler dando vueltas sobre sí mismo con la pelota antes de que le estalle la cabeza, como si le hubiesen mojado los cables. Es una imagen formidable. Están los dos ahí parados esperando el autobús. Mbappé ocupando el carril de Vini y, Vini, detrás, mirando a Mbappé sin saber qué hacer. Por un momento parece que Vinicius Junior se va a ir al banderín del córner a ponerse a bailar. Yo es lo que hubiera hecho. Lo mismo así lo ve Mbappé, se va para allá a abrazarlo y a Güler lo acabamos sacando del campo con camisa de fuerza.
De un día para otro los jugadores recibieron un comunicado: el 12 de enero se apagarán los servidores de tu videojuego. Significaba el fin del servicio, del acceso y del propio juego. Ocurrió con Anthem (BioWare/EA, 2019), un ambicioso mundo multijugador de robots voladores que quedó reducido a un recuerdo digital cuando se anunció el cese definitivo de su estructura online. También ocurrió con el juego de magia y fantasía New World (Amazon Games), al que la compañía dio el 31 de enero un plazo de vida de un año hasta desaparecer. Y pasó con The Crew (Ubisoft), juego de coches cuyos servidores se apagaron, inutilizándolo en 2024 y convirtiéndolo en el caso paradigmático del llamado sunsetting: el momento en que una compañía decide apagar los servidores de un título que depende de conexión permanente y, con ello, inutiliza por completo un producto que millones de usuarios habían comprado de forma legal. No es solo una cuestión técnica; cuando los juegos que prometían continuidad desaparecen como si nunca hubieran existido, se siembran problemas a la hora de preservar las obras digitales, y dudas legales por el perjuicio que sufren los consumidores.
Con una gala capitaneada por la bailaora local Manuela Carpio, comenzó el pasado viernes la XXX edición del Festival de Jerez, un evento dedicado al baile flamenco y a la danza clásica española, que se extenderá hasta el 7 de marzo con más de 40 representaciones. En el arranque del evento, destacan los espectáculos de dos formaciones, privadas ambas —el Nuevo Ballet Español (NBE) y Estévez/Paños y Compañía—, con obras en las que el baile y las coreografías grupales son protagonistas como vehículos expresivos de las historias que las inspiran, algo que no es nuevo desde el nacimiento de la danza-teatro flamenca, pero cuyo ejercicio es siempre admirable.
“Entonces, ¿por dónde íbamos?”, dijo la estrella televisiva italiana Enzo Tortora cuando regresó de forma puntual a las pantallas en 1987, tras haber cumplido varios años de condena por un delito que no había cometido. Un trasunto de la frase atribuida a fray Luis de León, víctima de la Inquisición española, y a Miguel de Unamuno, exiliado durante la dictadura de Primo de Rivera, definió el calvario y la personalidad de un hombre que protagoniza Portobello, la miniserie de Marco Bellocchio que acaba de estrenar HBO Max.

La reconfiguración de la izquierda fuera del PSOE no parte de cero, ni nació el pasado sábado en el acto celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Los cuatro partidos que empujan hacia una nueva estructura electoral llevan camino andado, sin publicidad, aunque tampoco clandestinamente, con un trabajo continuo en el Parlamento y en el Gobierno. No son de extrañar las respuestas de la ministra de Sanidad, Mónica García, desde hace varias semanas, ante preguntas sobre las iniciativas del portavoz de ERC, Gabriel Rufian, y del diputado autonómico de Más Madrid Emilio Delgado. “Nosotros llevamos trabajando mucho tiempo….”, era su respuesta. Ese “nosotros” aludía a su propia organización, Más Madrid, pero también a Izquierda Unida, Comunes y Movimiento Sumar. Antonio Maillo no ha hecho otra cosa desde hace dos años, tras ser elegido coordinador general de IU, que trabajar por la unidad de la izquierda y sembrar hasta llegar el pasado sábado a la abarrotada sala del Círculo de Bellas Artes. No tardó mucho en ser consciente de la enorme dificultad. El trabajo parlamentario común, la coordinación en las iniciativas y los debates programados son el día a día del cuarteto. Sí valoran la iniciativa de Gabriel Rufián, al que ven como un referente valioso y que ha contribuido a levantar ánimos y esperanza en la desmovilizada izquierda.

El termómetro marca cero grados. Empieza a caer aguanieve y una decena de guardias civiles se ponen los chalecos reflectantes. Uno de ellos se pone en el carril de acceso al centro de exámenes de la Dirección General de Tráfico (DGT) en la localidad madrileña de Móstoles (210.000 habitantes). Poco a poco empieza a desviar a una vía sin circulación a los vehículos particulares. Solo pasan sin ser parados las autoescuelas y los del transporte público, como taxis y VTC. Muchos conductores se quedan sorprendidos. Lo que no saben es que su trabajo consiste en detectar a los que no tienen carné o han perdido los puntos y acuden a las instalaciones para examinarse en su propio automóvil. Solo el año pasado se detuvieron a 70 personas por este motivo en la Comunidad de Madrid.

Otro problema que está detectando el Grupo de Investigación de Accidentes de Tráfico (GIAT) de la Guardia Civil es que existe un alto número de falsificaciones de carnés de otros países cuyos titulares intentan canjearlos por el español. En la sede de la Dirección General de Tráfico (DGT) en la madrileña calle de Arturo Soria han llegado a detectar en 2025 a 400 personas que han presentado documentación fraudulenta. Son de dos países latinoamericanos en concreto ―los agentes prefieren no dar los nombres para no frustrar las pesquisas― que están siendo investigados para ver en qué punto se realiza la falsificación.
Cuando un extranjero quiere canjear un permiso de conducción, presenta la documentación a través de la web de la DGT. Este organismo se pone en contacto con el consulado del solicitante para comprobar que realmente dispone del carné. Una vez que recibe el visto bueno, cita al peticionario para que acuda a Tráfico y se coteje la documentación original. Y es ahí donde se está detectando el fraude.
“Unas veces lo hacen porque quieren quedarse con el carné original de su país [al hacer el canje lo pierden] y otras veces porque ni siquiera se lo han sacado allí, con el consiguiente riesgo para el resto de los usuarios y para la seguridad vial. A veces los hemos detectado que llevan vehículos VTC”, el teniente Martín Hervás, jefe del GIAT de Madrid.
Ha habido semanas en las que los guardias civiles han detenido a siete y ocho personas al día. Ahora el número ha bajado en la capital. Esta presión en Madrid ha motivado que muchas personas se hayan trasladado a otras jefaturas provinciales, que también han sido alertadas del posible fraude.
Las asociaciones de familiares de víctimas mortales de la dana de octubre de 2024 declaran a partir de este lunes en la comisión de investigación creada en Les Corts Valencianes después de muchos meses de espera y cuando están a punto de cumplirse 16 meses de la tragedia. Contarán la experiencia más dura de sus vidas, diluidas, por decisión del PP y Vox, que suman mayoría, con otras entidades representadas, por ejemplo, por un youtuber que se manchó adrede de barro para entrar en directo en un programa de televisión o contribuyó al bulo de que había cientos de muertos en el aparcamiento de un centro comercial de Aldaia.