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San Sebastián ha vivido en una suerte de pecado venial desde que a finales de los sesenta dejó de celebrar procesiones en la Semana Santa. Era la única ciudad española que no cumplía con esta tradición religiosa. El Viernes Santo dejará de ser así. Un grupo de fieles laicos, con la bendición del Obispado donostiarra, va a conseguir que tres pasos salgan por las calles de la ciudad. Esta iniciativa comenzó hace solo tres meses y, en un tiempo récord, los organizadores han logrado que renazca la cofradía Nuestro Padre Jesús Nazareno, fundada en 1927 y con sede hasta 1967 en la catedral del Buen Pastor. De estar más de cinco décadas sin actividad, ha pasado ahora a contar con 450 cofrades y recuperar el desfile que recrea la Pasión de Cristo. “Todo ha ido muy rápido, pero al mismo tiempo ha sido una experiencia maravillosa por la sorprendente respuesta e implicación de la gente”, afirma Josune Otxotorena, profesora de música y una de las impulsoras de la procesión donostiarra.

Como vivimos un momento en el que cualquier anécdota puede provocar una guerra cultural, el estreno de dos propuestas cinematográficas esperadísimas no iba a ser ajeno a la polémica. Y más cuando las películas son taquilleras y supuestamente opuestas, aunque las dos tienen muchos puntos en común: al frente están dos nombres capaces de llevar masas a los cines, Santiago Segura y Pedro Almodóvar, que a su vez son dos personas a las que se escucha cuando hablan porque no suelen dar puntada sin hilo.
De patito feo a cisne. Esa fue la narrativa que se le adjudicó a Shandi Sullivan en America’s Next Top Model, un reality que se emitió durante 15 años con enorme éxito en medio mundo. Creado por la supermodelo Tyra Banks, el formato aspiraba a replicar el fenómeno de American Idol —trasunto estadounidense de Operación Triunfo— trasladando la competición del ámbito musical al de la industria de la moda. Tras el inesperado éxito de su primera temporada, inicialmente rechazada por las grandes cadenas durante su desarrollo, decenas de miles de jóvenes acudieron en masa a los castings con la esperanza de formar parte de la segunda edición. Shandi Sullivan, de 21 años, ni siquiera había oído hablar del programa cuando vio por casualidad un anuncio en televisión. Nunca había considerado ser modelo, pero su novio la animó a presentarse. Pidió el día libre en la droguería de Kansas City donde trabajaba, “gritó” al equipo de casting que no pensaba volver jamás a ese empleo y, pocos días después, recibió la confirmación: estaba dentro. El sueño de convertirse en cisne ante millones de espectadores, sin embargo, pronto se transformó en una pesadilla.
La gasolina sigue más cara que antes del inicio de la guerra en Oriente Próximo en cuatro de cada cinco gasolineras españolas. El diésel, en todas. Los españoles que han repostado durante la Semana Santa, la mayor Operación Salida del año, se han encontrado con los carburantes más caros que antes del conflicto: la gasolina costaba este miércoles un 5% más que el 27 de febrero y el diésel, un 30% más. No son los precios más altos del último mes: la gasolina llegó a subir un 23% y el diésel hasta un 37%, y solo se contuvieron con la rebaja fiscal que aprobó el Gobierno mediante decreto-ley el pasado 20 de marzo, que redujo el IVA de los combustibles del 21% al 10%.
De nuevo, un estadio de fútbol español ha sido escenario de un execrable episodio de racismo. Una parte de los casi 36.000 espectadores del amistoso que España y Egipto disputaron el martes en el campo del Espanyol en Barcelona entonaron en reiteradas ocasiones a partir del minuto 20 el cántico “musulmán el que no bote”. Cientos o miles, eran suficientes como como para hacerse oír. Cuando a través de la megafonía del campo se pidió, a instancias de la Federación, “respeto” y se condenó “todo tipo de violencia en los estadios”, los silbidos se intensificaron. Las imágenes, en un escenario como el de un partido de preparación del Mundial de la selección absoluta, suponen un bochorno instantáneo para España como país.
América, para los americanos (1): Panamá. En las últimas décadas, China ha ido afianzando su presencia en América Latina, desarrollando infraestructuras y mercados a través de la Franja y la Ruta. Al poco de tomar posesión, Trump lanzó el primer intento de arrebatar a las empresas chinas el control del canal de Panamá, arteria que conecta los océanos Atlántico y Pacífico. La presión dio sus frutos: a finales de enero la Corte Suprema panameña declaró inconstitucional el contrato de concesión otorgado en 1997 a una filial de la multinacional CK Hutchinson (con sede en Hong Kong) para operar los puertos de Balboa y Cristóbal. La ofensiva se inscribe en una lógica más amplia. Trump ha desempolvado y actualizado la doctrina Monroe: la Estrategia Nacional de Seguridad establece que Estados Unidos no tolerará potencias extranjeras en el hemisferio occidental —salvo países aliados—, y menos en su propio patio trasero. No será fácil. El Centro Brookings advierte de que la influencia económica de China sobre Sudamérica ha superado a la norteamericana; el último documento del Partido Comunista Chino sobre la región —publicado en 2025— pide además a los países latinoamericanos que apoyen la “reunificación nacional” —eufemismo para Taiwán— y se sumen al nuevo orden internacional de un “futuro compartido para la humanidad”. De modo paradójico, advierte el think tank, en la medida en que Washington se centre en el hemisferio occidental se arriesga a desviar los recursos que necesita en el escenario que realmente importa: el Indo-Pacífico.
En 1994 el matemático Peter Shor, hoy catedrático del MIT, anticipó un problema que no existía y eso lo hizo mundialmente famoso… entre los físicos. El algoritmo de Shor explicaba cómo un futuro ordenador cuántico podría romper varias de las técnicas criptográficas más utilizadas en la actualidad, como la de curvas elípticas o la factorización de grandes cifras en números primos. Esta última la explicaba la investigadora Alba Cervera a este periódico: “Multiplicar dos números primos es muy sencillo. Pero si nos dan el producto de esa multiplicación y tenemos que averiguar qué dos números primos multiplicados dan ese resultado, la operación puede resultar realmente compleja: una tarea que a un superordenador común, y dependiendo de lo grande que sea el número dado, le puede tomar miles de años resolver”. Shor mostró que un computador cuántico nos podía desnudar, rompiendo los sistemas de cifrado aún inexpugnables bajo los que operan las firmas digitales, Whatsapp, Bitcoin o buena parte del sistema financiero, y a ese momento en el que una tecnología fuera capaz de dejar los secretos del mundo al descubierto se le llamó el Día Q, por quantum (cuántico).
El programa nuclear iraní había sido destruido, según la Casa Blanca, en junio de 2025. Había que intervenir en Irán en febrero de 2026 porque estaba a punto de alcanzar la capacidad nuclear. La operación estaba siendo un éxito asombroso. No se sabía quién iba a ser el siguiente líder porque había algunos candidatos pero resulta que los habíamos matado. Había otros, pero quizá los habíamos matado también. ¿Quién iba a pensar que Irán iba a cerrar el estrecho de Ormuz si, como recuerda Ángeles Espinosa, la doctrina de guerra naval asimétrica de la Guardia Revolucionaria incluye desde hace 30 años la advertencia de que “si Irán es atacado, el estrecho no será seguro”? ¿Quién podría pensar que fuera imposible provocar un cambio de régimen con bombardeos aéreos cuando ese cambio había resultado imposible cada vez que se había intentado? ¿Y menos cuando llevaba tiempo preparándose para algo así? ¿Quién podía concebir que un ejército menos poderoso pudiera detener a uno más capacitado? ¿Cuándo había pasado en la historia? Desde luego nadie podía imaginar, después de unos años de guerra en Ucrania, que drones baratos fueran capaces de causar problemas a una potente máquina de guerra. Y mucho menos que una intervención tuviera consecuencias inesperadas. ¿Cuáles eran los objetivos de la guerra? Pues ninguno, uno, muchos, quién sabe. Pero ahora uno de los objetivos de la guerra era conseguir abrir el estrecho de Ormuz, que estaba abierto antes de iniciar la guerra. El broker del secretario de Defensa intentó invertir en defensa poco antes del ataque a Irán, según el Financial Times. El posible uso de información privilegiada le llevó a escoger un fondo que perdió dinero: tiene mérito. “No habría ningún problema en el estrecho si no fuera porque Irán dispara”, argumentó el secretario de Defensa, en modo Trampa 22. Una de las consecuencias de la guerra sería el aumento del precio de productos que vendían adversarios y enemigos. Otro de los efectos de la contienda era levantar las sanciones sobre el petróleo del país contra el que se estaba combatiendo. El presidente apuntaba “mejor digo operación militar”, porque una guerra requeriría la aprobación del Congreso. Estábamos a punto del pacto o del apocalipsis (para el enemigo). A punto del acuerdo o de bombardear las desalinizadoras. Cuando un periodista preguntó si anunciaban crímenes de guerra, la secretaria de Prensa le reprochó que sus preguntas se las pasaran “expertos”. Uno de los objetivos de la guerra ahora es salir como sea, aunque el estrecho de Ormuz siga cerrado.
En el primer episodio de Mad Men, el publicista Roger Sterling está reunido con los dueños de Lucky Strike, que empiezan a temer las injerencias del Gobierno. “Comprenda que debido a la manipulación de los medios”, dice Sterling, “el público tiene la impresión de que sus cigarrillos provocan ciertas enfermedades mortales”.