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La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) reclamó en junio del año pasado la implementación de medidas técnicas “mitigadoras” para reducir el riesgo de un fallo humano, ante la importancia de este factor en ciertas situaciones de riesgo y la probabilidad de que una simple comprobación visual lleve a tomar decisiones incorrectas por parte de los técnicos y ferroviarios al mando de la circulación. La Comisión redactó el informe en el que se recogía esta advertencia, que ha sido adelantado por la Cadena SER, tras un incidente que tuvo lugar el 25 de junio de 2024 en la estación de Cuenca Fernando Zóbel. Aunque aquel suceso no tuvo mayores consecuencias, la situación que describe tiene similitudes con la del trágico accidente ocurrido este miércoles en Urda (Toledo), según se desprende del documento, que puede consultarse en la web del Ministerio de Transportes.


Por segunda vez en nueve meses, España entera está sobrecogida ante las imágenes de dos trenes de alta velocidad destrozados sobre una vía en medio del campo, las pavorosas cifras de muertos y los impactantes relatos de los supervivientes de un accidente ferroviario que tendrá su propia página en la historia. Casi 400 personas viajaban en el tren AVE que, a las 8.53 de este miércoles, chocó con un tren Iryo parado en la vía Madrid-Andalucía a la altura de Urda (Toledo) con otras 146 personas a bordo. El balance de 69 muertos es aún provisional. El número de heridos supera el centenar. En estas horas críticas, es necesario transmitir a quienes han perdido a un ser querido la empatía y solidaridad de toda la sociedad española. Los testimonios de las familias y de los supervivientes serán el ancla para no olvidar en ningún momento las dimensiones de este drama humano.
El consejero delegado de Indra, Josep Maria Recasens, ha defendido este jueves la decisión de la cotizada de reducir de 16 a 10 el número de miembros de la cúpula directiva. “Aquello era una especie de karaoke meeting”, ha afirmado Recasens en la conferencia con analistas celebrada tras la publicación de los resultados trimestrales. El CEO, que fue fichado en mayo proveniente del mundo del automóvil, ha señalado que este cambio ha permitido a Indra ganar eficiencia en la toma de decisiones.
Cuando se permite que el error de un solo hombre provoque decenas de víctimas mortales, ¿falla el hombre o falla el sistema? Es la pregunta, retórica, elaborada de distintas formas, pero con idéntico argumento, que lanzan a este periódico un experto español en investigación de accidentes ferroviarios y varios maquinistas. La imagen de un par de trenes de alta velocidad reventados, con las vías retorcidas, disparadas en vertical hacia el cielo, como si nunca hubieran sido de acero, y cadáveres tapados a la espera del juez, se ha repetido en España dos veces en apenas nueve meses y en la misma línea: Madrid-Sevilla. En Adamuz (Córdoba) murieron el pasado enero 46 personas. En las proximidades de Urda (Toledo, 2.500 habitantes), la cifra de víctimas mortales alcanza los 69, antes de que los especialistas hayan sacado aún los restos de los vagones siniestrados. El país, de hecho, amaneció con esa comparación. “Va a ser peor que Adamuz”, advertían a los medios de comunicación, ya en las primeras horas, fuentes del Gobierno.

Con información de Lucía Franco, Laura Llach, Jacobo García, José Marcos, Guillermo Abril, Virginia Martínez, César Alepuz, Juan Martínez y Fernando Criado.
La campaña ha dado un vuelco. La tragedia ferroviaria de Toledo ha irrumpido como un cisne negro en la precampaña electoral cambiándolo todo. El accidente, que dejó al menos 69 fallecidos y 77 heridos, el segundo mortal en la alta velocidad española en apenas nueve meses, ha dado una sacudida al tablero cuando faltan solo 31 días para las elecciones generales del 29 de noviembre. Nada será igual ya después del siniestro, admiten en las cúpulas de todos los partidos políticos, obligados a recalcular sus estrategias y sus agendas para adaptarse a la catástrofe. El Gobierno, el principal responsable de la red ferroviaria, está en shock por una tragedia que se le sitúa en el peor escenario político posible en plena contienda electoral y que pone en el punto de mira al ministro de Transportes, aunque Pedro Sánchez mantiene de momento el apoyo a Óscar Puente. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, mantuvo ayer un tono institucional y evitó pedir dimisiones por respeto a las víctimas, pero la presión irá en aumento. Vox se lanzó al ataque señalando a Sánchez como responsable y hasta Frente Amplio endureció el tono pidiendo responsabilidades políticas.
La noche cerrada cayó en Toledo a las 19.30. A esa hora, la luna se levantaba detrás del cementerio municipal. También a esa hora, al otro lado de un muro del camposanto, agentes de la Unidad Militar de Emergencias (UME) trabajaban en un descampado que hay junto al Instituto de Medicina Legal de la ciudad, un edificio preparado para 30 cuerpos, sin capacidad para albergar a las 69 víctimas mortales del accidente de tren de Urda. Con las instalaciones forenses muy por encima del límite de su capacidad, eran necesarios contenedores frigoríficos, carpas y literas extra en las que alojar los restos de los fallecidos del choque fatal. “Es dantesco”, describía desgarrado uno de los cinco médicos forenses que había levantado los cadáveres en el lugar del siniestro. Se fue al acabar un turno eterno, todavía con el Equipo de Protección Individual (EPI) puesto, a la una de la madrugada. Para esa hora, carpas y contenedores frigoríficos ya estaban instalados y el descampado había mutado en morgue improvisada.

El Gobierno de España apuntó este miércoles a un error humano como causa del choque entre un AVE de Renfe y un tren de Iryo en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla, que causó al menos 69 muertos y 58 heridos de distinta consideración tras una colisión a la altura de la localidad toledana de Urda.

