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Los materiales marcan la evolución del ser humano: de la edad de Piedra a la del Bronce, y después el hierro, el acero, el vapor. Ahora es el silicio el compuesto omnipresente en los chips que alimentan la computación y la inteligencia artificial (IA). Y esta era se acerca al colapso sin que esté nada claro qué será lo siguiente.
Tenía una nariz digna de un catálogo de cirujano; ojos brillantes como el cristal de roca; una voz limpia y luminosa; una simpatía y un glamur innatos; y tremenda fama de pachanguera en ciertos ambientes sociales y culturales. Ahora se trata de saber si los marcos que separan la cultura popular de los gustos de la élite son indelebles, o están cada vez más borrosos y hay hueco para la diva de las verbenas en el Olimpo. Un documental estrenado y premiado por el público en el Ourense Film Festival y que (antes de llegar a las salas el 11 de diciembre) visitará Barcelona, rescata, explora y reivindica la figura de la cantante que conmovió a más gallegos en todo el planeta y vendió más cintas y álbumes que nadie entonando en la lengua de Galicia. Kiro, el largometraje dirigido por la lucense María Yáñez, revisa la importancia de una artista que en tres décadas lanzó casi 40 álbumes y despachó cientos de miles de copias, compaginando sus conciertos en palcos de pueblo con galas de televisión y actuaciones en Inglaterra, Alemania, Francia, Suiza o cualquier destino emigrante de Latinoamérica.
Las elecciones son en democracia el momento de la rendición de cuentas, y las legislativas de este martes ofrecen a Israel la oportunidad para juzgar la gestión del Gobierno extremista de Benjamín Netanyahu tras estos años de guerras sin fin y aislamiento internacional. Netanyahu es el primer ministro que más tiempo ha permanecido en el cargo desde la fundación en 1948 y el único acusado en el Tribunal Penal Internacional por crímenes contra la humanidad por la masacre de Gaza, donde han muerto más de 70.000 personas bajo las bombas israelíes. Encausado en su país por soborno, fraude y abuso de confianza, está en el origen de un intento de demolición de las instituciones democráticas y el poder judicial. Bajo su liderazgo, Israel sufrió la mayor brecha de seguridad en su historia y la mayor matanza de judíos desde la Segunda Guerra Mundial: el ataque de Hamás que se saldó con más de 1.200 muertos y 251 secuestrados. Pese a la acumulación de errores y fracasos, las encuestas apuntan a un empate en el reparto de escaños entre la coalición que sostiene a Netanyahu y los partidos judíos de oposición que creen imprescindible echarle para salvar a la misma democracia.

Nuestro país no es más raro que los otros, pero tiene sus propias rarezas. Con la memoria aún disputada de una trágica Guerra Civil, si hay algo que debería congregar al pueblo español bajo la bandera de la unidad sería el rechazo a que nadie tuviera que volver a proferir frases como “vivir para ver esto”, ese doloroso último verso con el que Luis Cernuda cerró su poema Ser de Sansueña, compuesto desde el destierro en 1948. Ahora bien, demasiadas evidencias de la actualidad política y social muestran ya desguazado o, al menos, descosido el frágil entramado de esos acuerdos recientes que han hecho posible la convivencia entre españoles en las últimas cinco décadas. En un clima de desinhibición a veces esperpéntico, que alienta desde arriba un peligroso “paso al acto”, la pregunta central sería: ¿acaso nos lo podemos permitir? Nadie que piense en los que nacerán mañana —nadie que decline en futuro su pasado— podría responder afirmativamente. De la misma forma, convengamos también en que no podemos permitirnos el aplanamiento ideológico de nuestras dificultades reales: nunca ha sido posible construir una sociedad ni una patria a fuerza de disolver o encubrir sus múltiples diferencias, mediante la imposición de una “amalgama” que, como denunció el historiador Pere Bosch i Gimpera, jamás logrará resolver las tensiones subyacentes a la compleja diversidad cultural y territorial española. Toda dictadura es siempre “idealista”, como ya denunciara una joven Zambrano en Horizonte del liberalismo: el ideal de un solo sol, un solo dios, una sola lengua, dos únicos sexos, en los que habría que aherrojar una realidad tozudamente inadaptada.
Hay momentos en la vida de un gobernante en que los reveses se encadenan, los escándalos se acumulan y las calamidades convergen. Las desgracias, como advierte Claudio en Hamlet, no llegan solas, sino en batallones.

Mi primer objetivo es que Sánchez se vaya. La frase la pronunció Alberto Núñez Feijóo en su entrevista con Aimar Bretos en la Cadena Ser. Aunque durante la conversación se le percibió algo incómodo, aquella declaración no fue un lapsus ni una torpeza. Resume a las claras la prioridad programática de su proyecto político. Pero, en su simplicidad, revela también algunas cosas.

Ha sido bonito leer estos días a muchos escritores en redes sociales explicando los motivos que les mueven a aporrear un teclado hasta componer un texto. Y curioso ver a muchos fanáticos de la inteligencia artificial (IA) asegurando que es imposible saber si un texto se ha escrito con esta herramienta. Todo surgió a raíz de la novela Donde el agua trabaja, del autor peruano David Silva Rojas. O de la IA. El libro contiene un 99% de texto generado por uno de estos modelos de lenguaje, según Pangram, el detector mejor valorado. El caso, destapado el viernes por EL PAÍS, es el primero de calado que se da en la literatura en español.
Por mucho que la mercantilización de la vida castigue a la enseñanza pública, y dentro de la enseñanza con especial dureza a las humanidades, conviene recordar en los momentos difíciles lo que el ser humano aprende de la literatura. Momentos difíciles, ya sea ante el dolor de una guerra o antes unas elecciones que pueden significar el desmontaje de los valores defendidos por la democracia. Recuerdo, con especial ilusión, las mañanas en las que me tocaba hablar de Pérez Galdós en mis clases, en la Universidad de Granada. Los problemas de los escritores que mantuvieron una relación ética y política con la sociedad no se reducen al golpe de Estado de 1936 y la dictadura franquista. Don Benito, por ejemplo, fue castigado por defender una idea de España que no compartían los caciques de su tiempo. Pero hoy vamos a centrarnos en la literatura, vamos a recordar los Episodios Nacionales y los sentimientos que vivió Gabriel Araceli en Cádiz, antes de la batalla, según nos contó en Trafalgar (1873).

Los desarrollos de sistemas meteorológicos intentan ganar en precisión sobre lo que va a suceder. Sin embargo, la historia es también un buen indicador que a menudo se olvida. Un estudio ha documentado centenares de señales de riadas históricas en ciudades de España y del resto de Europa para crear hitos y rutas de la memoria del agua. “Es fundamental para que la población esté preparada y mantenga la cultura de la protección ante eventos que el cambio climático va a convertir en habituales”, explica Iván Casero, ingeniero autor del trabajo. Otra investigación añade una razón más: el desarrollo de infraestructuras de prevención da a la población una sensación de protección que lleva a olvidar que habitan zonas de riesgo. Es la llamada “paradoja de la seguridad”, que alerta de que algunas medidas, como los diques, pueden incluso empeorar el problema en condiciones adversas.


