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Belén Carreño, la periodista que escribe en este diario el boletín Inteligencia económica, publicó la semana pasada un artículo de opinión sobre un tema muy distinto a los que suele tratar: su vida sufriendo una adenomiosis dolorosísima, desde una primera regla incapacitante hasta el diagnóstico tardío de este tipo de endometriosis. La frase que más ha escuchado y que articula su relato de terror es “no es nada”. Las redes sociales, escribe, se volvieron su ventana a la enfermedad, informándola. Ahora consigue manejar el dolor de su cuerpo gracias a una red de profesionales privados que le ayudan a ello. No es la única. “Es un infierno. Yo dedico casi 500 euros al mes a mantenerme en pie y seguir trabajando. Hoy he tenido que pedir presupuesto en una clínica privada porque me han desaparecido las citas que tenía en la pública”, le responde en X Aida dos Santos, último Premio Nacional de Ensayo por Hijas del hormigón. La Vecina Rubia, una autora y personalidad digital, inspiró a Carreño a hablar en público tras contar a casi un millón de seguidores de X y tres millones en Instagram que había perdido su útero y diez años de vida “soportando que ginecólogos y ginecólogas normalizasen mi dolor y el resto de síntomas”.
Es muy difícil demostrar que eres descendiente de exiliados del franquismo. Y si tu bisabuelo se marchó de España a finales del siglo XIX a Uruguay, sería casi imposible demostrar que puedes optar a la nacionalidad española según una vía pensada para descendientes de exiliados del franquismo sin la instrucción de Sofía Puente, que modificaba ilegalmente lo que habían decidido los representantes de la soberanía nacional. La ciudadanía, la jerarquía normativa y el censo son cuestiones serias en una democracia. Pero nuestro Estado se respeta poco a sí mismo y quienes lo dirigen no respetan casi nada a los demás.
El coche parece casi de juguete: se acerca a otros vehículos aparcados, activa unos propulsores para saltar por encima, aprovecha para dar una espiral en el aire y cae sobre el suelo como quien se tira al sofá para echar una siesta. Es el nuevo Tesla Roadster, que Elon Musk vende en X (antes Twitter) con el mensaje: “Resulta que en el futuro sí hay coches voladores”. Se trata de una afirmación como mínimo exagerada: no se sabe si esos propulsores sirven para algún tipo de vuelo sostenido ni si estarán disponibles en el modelo que se ponga a la venta.
Parece difícil meter un trozo de ecosistema dentro de un laboratorio para estudiar a escala real su resistencia a tormentas extremas, pero eso es justamente lo que han conseguido investigadores de Países Bajos. En un estudio publicado este miércoles en la prestigiosa revista Nature, científicos de diferentes universidades y centros de investigación neerlandeses demostraron que las marismas salinas ayudan a frenar fuertes temporales en la costa. Lo hicieron trasladando 306 metros cuadrados de este hábitat intacto a uno de los canales de olas más grandes del mundo, el Delta Flume de Deltares, en la localidad de Delft (Holanda).

Octubre es el mes de la concienciación sobre la dislexia, una oportunidad para poner el foco en una dificultad específica del aprendizaje que todavía está rodeada de mitos y confusión. “Soy estúpida. Nadie dirá nunca que tengo un talento brillante con las palabras. Me esfuerzo. Pero eso no se nota”, comienza un poema que se hizo viral en redes sociales en 2016 y que refleja algunas de las ideas negativas que pueden acompañar a quienes padecen dificultades lectoras. Más allá de esas percepciones, la dislexia puede afectar a la precisión, la fluidez y la comprensión lectora, y su detección temprana resulta clave para poder intervenir.

Francia, Albania, Italia, Portugal, España… Las protestas impulsadas por la generación Z se han extendido en las últimas semanas por toda Europa. ¿Es casualidad que coincidan en el tiempo? ¿Se pueden relacionar las reivindicaciones de los diferentes países? En este nuevo episodio de ‘El AltavoZ’, un formato que analiza las tendencias y problemáticas de la generación Z, salimos a la calle para recoger la opinión de los jóvenes españoles y contrastarla con el análisis del consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí.
¿Os acordáis de aquellos tiempos en los que llamar por teléfono era tan fácil como simplemente hacerlo? Parece una pregunta sin sentido pero es que ahora, salvo que la llamada sea para tus padres, tus hijos o alguien con quien tengas muchísima confianza, es mejor avisar o escribir antes. Esto se nota especialmente en la generación Zeta y la Alfa: el 96,8% de los jóvenes entre 14 y 24 años prefieren comunicarse por WhatsApp, según un informe de la Fundación Telefónica. Y eso se ha ido trasladando también a personas algo más mayores. No sé vosotros, pero en mi entorno de gente de entre treinta y cuarenta y tantos nos escribimos para fijar una hora o un día para llamarnos. Hemos empezado a percibir llamar sin avisar como un acto invasivo en la vida privada. La mensajería instantánea ha traído consigo una pérdida de la oralidad recíproca, instantánea, y más natural. Claro que siempre nos quedarán las notas de voz.
La carrera por liderar la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha comenzado. Entre los siete candidatos propuestos por los países para sustituir a Tedros Adhanom Ghebreyesus como director general de este organismo de la ONU está la española María Neira. Esta médica fue durante años directora del Departamento de Salud Pública y del Medio Ambiente de la OMS y ha centrado una parte importante de su labor en poner el foco en los vínculos entre la salud y el medio ambiente.
Aminu Issa es uno de los vendedores de refrescos más conocidos del mercado de Sabon Gari, en el Estado de Kano, al norte de Nigeria. Cuando puso en marcha su negocio, compró dos frigoríficos de segunda mano a un comerciante de aparatos electrónicos usados en el bullicioso mercado donde trabaja. La inflación y sus escasos ingresos le impedían comprar electrodomésticos nuevos, por lo que recurrió a los de segunda mano que se venden en Sabon Gari, uno de los principales centros de comercio electrónico usado del norte de Nigeria. Issa pagó 100.000 nairas (unos 67 euros) por los dos frigoríficos, un precio que en aquel momento casi le habría permitido comprar uno nuevo de tamaño similar.
Los Ortiz dormían vestidos por si la casa ardía esa noche. Los Ortiz, o los Brennan, o los Washington, da igual, podría ser cualquier apellido, podría ser un apellido como el tuyo, exactamente igual que el tuyo. Vivían en South Bronx, en edificios de casi cien años, de fachadas de ladrillo con cuatro o cinco o seis plantas y ningún ascensor, y se acostaban con la ropa del día siguiente puesta, con los zapatos puestos, los niños sobre todo, porque bajar tres pisos en calcetines por una escalera en llamas podía suponer la diferencia entre vivir o morir. Las madres dejaban una bolsa junto a la puerta con documentos, una foto de la familia, el dinero en metálico que tuviesen disponible, siempre la misma bolsa, lista, como la gente que vive cerca de un frente de guerra. Porque, de algún modo, la década del fuego de Nueva York fue un frente de guerra.