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En muchos países, una de las decisiones que deben tomar las personas que acaban de convertirse en madres o padres es la de qué apellido o apellidos tendrá la criatura. En España, hasta 1999 solo había un orden posible cuando había padre conocido: el primer apellido era el del padre y el segundo el de la madre. El primer cambio fue permitir un orden diferente, aunque la opción por defecto sería la tradicional. Desde 2017, ya no hay un orden por defecto, hay que elegir. Aun así, en 2025 tan solo el 6 % de los recién nacidos llevaron el apellido de la madre primero, según datos proporcionados por el Ministerio de Justicia. “Yo sospecho que muchísima gente no es consciente de que esto se puede hacer”, señala Livia García Faroldi, profesora titular de Sociología en la Universidad de Málaga, como principal razón detrás de ese porcentaje tan bajo casi diez años después de la entrada en vigor de la norma (y más de cuarto siglo después de la introducción de la posibilidad de elección).
Un manfluencer famoso retransmite cacerías de hombres gays y normaliza el acoso callejero a mujeres desde Marbella (Dentro de la machosfera, 2026). Un tecnomístico solitario —de esos que dice haber leído cosas que nadie conoce, pero que en realidad solo ha visto un vídeo de YouTube al respecto—, bombardea con mensajes conspiranoicos a una chica para que memorice las meditaciones de Marco Aurelio o disertaciones sobre transhumanismo (El valle del silicio, de 2026). Cada noche, un chaval escribe cien veces “estoy agradecido de ser diamante y generar 10K al mes”, porque un criptobro aventuró que ese gesto le llevará a conducir un Lamborghini azul celeste y vivir en Miami (+10K, 2025). Mientras limpia su ADN para borrar emociones negativas de sus vidas pasadas, una mujer recordará la interacción violenta que tuvo con un incel —célibe involuntario— en 2014 (La bestia, 2023). Un adolescente que consume contenido misógino en redes asesina a su compañera de clase después de que esta le ridiculice en público (Adolescencia, 2025). Una escritora arruinada que sigue a coaches de seducción online acepta un trabajo en Patriarcado, una app de citas para gente de extrema derecha (Flat Earth, 2026). El forero /1404er/ vive encerrado en su habitación, sumido en el consumo de imágenes violentas contra las mujeres, teorías conspirativas y comentarios xenófobos (Amigdalatrópolis, 2025).
LIBROS
El valle del silicio, Carla Nyman. Reservoir Books, 2026. 286 páginas. 18,90 euros.
Fascismo Cosplay, Juan Ignacio García. Caja Negra, 2026. 224 páginas. 19,95 euros.
Amigdalatrópolis, B. R. Yeager. Traducción del inglés de Alejo Ponce de León. Caja Negra, 2025. 180 páginas. 18 euros.
Auge: género, juventud y extrema derecha, Alicia Valdés. (EnDebate, 2026). 91 páginas. 12,90 euros.
PELÍCULAS
La mecánica de los fluidos, de Gala Hernández López (2022).
+10K, de Gala Hernández López (2025).
Dentro de la machosfera, de Louis Theroux (2026).
El Desafío Semanal es un reto con diez preguntas sobre informaciones publicadas durante los últimos siete días en los distintos canales de EL PAÍS. Anímate a resolverlo cada viernes y déjanos tus observaciones en los comentarios o escribiendo a juegos@elpais.es. También puedes sugerirnos alguna pregunta (con sus opciones) y valoraremos publicarla. ¿Te animas a resolverlo?

“Yo sé por lo pronto que no conseguiría respetar a un autor que utilizara los recursos de la inteligencia artificial en sus obras de imaginación”, escribió Juan Gabriel Vásquez en EL PAÍS hace unos días. Y ofreció sus razones: “La inteligencia artificial aprende a pasos agigantados, cierto, pero aprende siempre sobre la base de lo que ya existe; a menos que mucho me equivoque, ignora el accidente y el azar, que son rasgos de lo humano”. Casi al mismo tiempo, Samantha Schweblin declaró en estas mismas páginas: “La mejor ficción pega un salto hacia afuera, descubre algo nuevo, supera al autor. La inteligencia artificial puede ser más brillante, más rápida, estar mejor informada que nosotros, pero no es una inteligencia: es un lenguaje de predicciones. No hay manera de que dé un salto hacia afuera”. Y concluyó: “Dicho de otro modo: tiene todas las posibilidades para producir mala literatura”.
Hay géneros literarios que parecen no pasar de moda. En la política penitenciaria aplicada a los presos de ETA, uno de ellos es el de las cartas. Basta una carta más o menos sentida, más o menos lacrimógena, más o menos bien redactada y con una letra estupenda, y de pronto se nos pide que creamos en un arrepentimiento sincero, profundo, transformador. Una carta, al parecer, puede incluso conllevar premios. Como el de la semilibertad.
En La conversación, esa extraordinaria película de Coppola, una pareja pasea por un parque cuando ella se detiene frente a un mendigo tirado en un banco y dice que cada vez que ve a alguien así no puede evitar pensar que fue un niño querido, alguien al que sus padres abrazaron, alguien que tuvo un lugar en el mundo. “Dónde están ahora sus padres, dónde está su familia”, se pregunta. A lo que el hombre responde que durante una huelga de prensa, en Nueva York, murieron de frío decenas de mendigos que solían cubrirse con periódicos. Pero lo dice como a efectos estadísticos.

“Los jóvenes no quieren ser jefes”, se lee con frecuencia en redes sociales y medios de comunicación, a menudo con intención de criticarlos, quizá, por su falta de ambición. Los miembros de la generación Z, pero también algunos mileniales, esgrimen que no les renta promocionar en sus empresas y asumir (más) responsabilidades porque la mejora salarial no compensa la carga mental que deberán enfrentar. Así, optan por mantenerse en sus puestos y no convertirse en jefes porque en sus actuales puestos tienen un horario y unas tareas con las que se sienten cómodos. Dicho de otro modo: tienen unas condiciones laborales compatibles con su vida personal. “Quiero llegar a casa y ver a mi hijo despierto”, argumentaba a este periódico una consultora que rechazó ascender en una Big Four hace unas semanas.
Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal, expresidente y ex secretaria general del PP respectivamente, extendieron este jueves un manto de protección sobre Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior de 2011 a 2016 y principal acusado en el juicio del caso Kitchen. Durante sus interrogatorios como testigos, los antiguos número uno y dos del partido defendieron a su compañero de filas, señalado por el magistrado instructor Manuel García-Castellón como la X del espionaje sin control judicial urdido en 2013 contra el extesorero popular Luis Bárcenas. “Da la sensación de que no queremos ser conscientes de cuál es la función de un ministro, que no es tener confidentes ni saber de operaciones. No tiene ningún sentido. Es disparatado”, espetó Rajoy. “[A Jorge] siempre lo he tenido por una persona recta e íntegra”, remachó Cospedal.


La decisión de la Denominación de Origen Guijuelo de inscribir una nueva figura de calidad entre sus productos ha reabierto la guerra entre los productores por acreditar la pureza racial o el verdadero jamón de bellota. Guijuelo promueve la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Embutidos Guijuelo, una nueva categoría que incluiría al lomo, el lomito, el chorizo y el salchichón. Las otras tres Denominaciones de Origen (DOP) del jamón en España, las andaluzas de Jabugo y Los Pedroches, además de Dehesa de Extremadura, han puesto el grito en el cielo ante una medida que consideran que rompe las reglas del juego del sector. Estiman que no incluye la información exigida por la legislación española en materia de etiquetado, y que puede tener un coste elevado en forma de pérdida de consumidores.