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La universidad privada CEU Cardenal Herrera de Valencia ha utilizado cuerpos donados de forma irregular en sus prácticas de su grado de Medicina. Las donaciones, según la ley autonómica y el propio protocolo de la institución, deben ser efectuadas por el propio donante en vida o por familiares directos. Sin embargo, al menos cinco de los cadáveres llegaron a las instalaciones del centro académico con la única firma de una enfermera o un amigo. Se trata del mismo campus que, como adelantó EL PAÍS, ha empleado con sus alumnos cuerpos con enfermedades infecciosas como la hepatitis C o la covid.
El discurso de Juan Manuel Moreno está lleno de palabras como “serenidad” y “moderación”. Son, dice el presidente de la Junta y candidato del PP el 17 de mayo, la base de la “vía andaluza” que hay que proteger del “lío”, en referencia a la inestabilidad allí donde su partido depende de Vox. Lo que suele obviar es que el “lío”, entendido como el acceso de la ultraderecha a posiciones de influencia que conducen al PP a pagar peajes políticos, empezó en Andalucía. Y que él mismo, que luce la vitola de barón moderado y ahora defiende una “apuesta integradora” de la inmigración que contrasta con la “prioridad nacional” concedida por el PP a Vox en Extremadura y Aragón, fue el primero en hacer cesiones a Santiago Abascal y los suyos. En inmigración, pero también en más temas delicados.


El PSOE de Extremadura ha concluido su catarsis tras el desastre en las elecciones de diciembre con la proclamación de Álvaro Sánchez Cotrina (Cáceres, 39 años) como su nuevo secretario general. El relevo, cerrado en un congreso extraordinario en el que la federación recuperó el ánimo y la unidad tras la etapa turbulenta con Miguel Ángel Gallardo, ha coincidido con la investidura y toma de posesión de María Guardiola. La prioridad nacional que ha pactado con Vox con el visto bueno de Alberto Núñez Feijóo, asumiendo los postulados de la ultraderecha sobre la supuesta discriminación de los españoles frente a los inmigrantes, ha concentrado los focos de la política española en la comunidad.

En la pantalla de Zoom aparecen tres mujeres: Alex Cadon, investigadora y ciberfeminista; Eva Cruells, psicóloga, investigadora y consultora en políticas públicas de género; y Núria Vergés, socióloga e investigadora con un doctorado en economía social y experta en ciberseguridad. Son las creadoras de Fembloc, una organización única en España de atención a víctimas de violencia machista digital nacida en Cataluña a finales de 2022. Las tres llevaban más de dos décadas analizando el crecimiento de Internet y de las redes sociales. Lo que percibieron, “sobre todo a partir de 2014”, es que, a medida que se expandía el mundo virtual, también lo hacía esa violencia, adaptándose muy rápido.



¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? Tituló inquietantemente Carver uno de sus relatos. Yo lo he tenido claro varias veces a lo largo de mi existencia. Su nacimiento, su plenitud, su desgaste y su finitud. Y la certidumbre de volver a sentirte como una isla. Pero con el cine ese amor perdura siempre. En mi caso, con el eterno cuelgue que me provocó una señora maravillosa llamada Michelle Pfeiffer, aunque no te la pudieras comer ni beber. Era la suprema belleza, su mirada, su sonrisa, su gestualidad, su forma de moverse, de hablar y de escuchar. Era inteligencia y sensualidad, estilo genuino y permanente, alguien con capacidad para derretir incluso a un témpano.
Convertidas en una especie de teletienda en la que quien más y quien menos es un gran experto en algo, las redes sociales se han convertido en un foco de proliferación de productos y trucos de salud, muchos de ellos sin evidencia o con evidencia forzada y sacada de contexto. Con muy poco esfuerzo, estos trucos prometen a los usuarios mejorar su salud y acabar con problemáticas como la falta de sueño, un mal generalizado que, según datos recientes aportados por la Sociedad Española de Neurología (SEN), afectaría ya al 56% de la población adulta española.
La acusación de complicidad con el narcotráfico formulada esta semana por la justicia de Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa, un senador y otros ocho políticos mexicanos asesta un golpe a la relación entre ambos países. Por su alcance político y por el momento en que se produce, supone un ataque directo a la credibilidad institucional de México y una señal inequívoca de que Washington está dispuesto a elevar el tono de su estrategia frente al crimen organizado que percibe en el país vecino.

Uno de los grandes poemas de amor de García Lorca estremece desde su mismo título: El poeta dice la verdad. Suena como un axioma general —no hay poesía que de un modo u otro no diga la verdad— y todavía más como un aviso, como la declaración personal de alguien que ha decidido prescindir de cualquier simulacro. Otro de los mejores, Percy Bysshe Shelley, escribió que los poetas son los legisladores secretos de la humanidad. Aunque parezca una afirmación excesiva, se vuelve más sobria y precisa si la conectamos con esa determinación insobornable de verdad de García Lorca, y de tantos y tantas poetas en ese trance máximo que Emily Dickinson llamó “a soul in white heat”, un alma al rojo vivo. Cuando Jorge Manrique dice “Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar / que es el morir” está enunciando una verdad tan lapidaria como una fórmula química, igual que Miguel Hernández resume un sombrío diagnóstico mental en cuatro versos de un soneto: “Sobre la pena duermo, solo y uno; / pena es mi paz y pena mi batalla, / perro que ni me deja ni se calla / siempre a su dueño fiel, pero importuno”.

Hay una serie fabulosa que estos días no solo nos entretiene, sino que nos da una hermosísima lección. Se llama Empatía y aborda la vida de una psiquiatra, su equipo y sus pacientes en un pabellón cargado de enfermedades mentales, pero sobre todo de personas con heridas, sin recursos para abordarlas, cada uno con sus ternuras y sus barbaridades. Y lo que impresiona es que no hay gran línea divisoria entre los pacientes y sus cuidadores porque todos, tanto los internos —delincuentes en muchos casos— o los profesionales que se ocupan de ellos, tienen fracturas vitales, fantasmas interiores y vulnerabilidades que les acercan. La serie lo aborda con tanto humor y respeto que llama aún más la atención en estos tiempos en que las pantallas nos devuelven salvajadas e injusticias a juego con la actualidad. Y no es en absoluto una serie ñoña, es simplemente única y extraña en este tiempo feroz.