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Teresa Peramato, nueva fiscal general del Estado, se someterá a su primer gran examen el próximo viernes tras el terremoto que supuso en la institución la salida de Álvaro García Ortiz, condenado por el Tribunal Supremo por un delito de revelación de secretos. Los nombramientos discrecionales siempre son objeto de controversia, pero las circunstancias que rodean esta renovación acrecientan la expectación ante el Pleno del Consejo Fiscal del viernes, donde elegirá entre más de 80 candidatos para cubrir 19 plazas, entre ellas seis en el Tribunal Supremo. Peramato llegó al puesto con la promesa de “sanar heridas” y contar con todos los fiscales y se enfrenta a la disyuntiva de mantener una política continuista o de ruptura. Fuentes fiscales consultadas por EL PAÍS indican que la fiscal general buscará el equilibrio entre las distintas sensibilidades repartiendo los cargos de forma proporcional entre la AF (Asociación de Fiscales, la mayoritaria), la UPF (la Unión Progresista de Fiscales, la segunda en número de miembros), la APIF (la Asociación Profesional e Independiente de Fiscales, minoritaria) y los no asociados.
Tras un año de parón, el EPT de París (European Poker Tour) en Le Palais des Congrès ha abierto sus puertas de nuevo hasta el 1 de marzo, torneo planetario y parada obligatoria donde se retan los mejores, como lo harán más adelante en Montecarlo y Barcelona. Allí están, entre otros, Adrián Mateos —el mejor del mundo— y Leo Margets —la primera mujer en 30 años en clasificarse para la final del torneo más prestigioso, el Main Event de las World Series of Poker (WSOP)—, que la semana pasada se encontraron en una partida. Era televisada, pero no había dinero en juego, solo risas y poco más, envueltos entre famosos como el expiloto Jorge Lorenzo o el youtuber Spursito. Era el evento de Winamax, la marca que los patrocina. Ella, un torbellino de gestos y palabras, aparece antes por el Casino de Andorra. Él lo hace más tarde y, aunque apenas levanta la voz, le pega un puñetazo a un saco de boxeo que adorna el local, uno de esos que mide la fuerza. “No me he podido contener”, resuelve. Tras el abrazo entre ambos, ríen. “Siempre competitivo”, dice Leo. “Ya me conoces”, aclara Adrián. Pero su ajetreado día a día, para ellos ya rutinario, explica que no son solo jugadores, sino que son profesionales, una vida dedicada para pertenecer a la Champions de las cartas.


“Ya puedo respirar, creía que esto era el fin del mundo”. Javier González, un pastor sexagenario, tuvo en vilo durante casi un mes a familiares y vecinos de la jiennense Sierra de Segura. La sucesión de borrascas en Andalucía dejó intransitables la mayor parte de caminos y senderos por las que se accede a su cortijo de los Huecos de Bañares, donde también se perdieron las conexiones telefónicas. El lunes pasado, coincidiendo con la llegada del anticiclón, dos agentes de Medio Ambiente y el alcalde de Segura de la Sierra, alarmados por la falta de noticias del pastor, recorrieron 17 kilómetros (ocho de ellos a pie) por terrenos inhóspitos del monte hasta que se reencontraron con Javier, sano y salvo, junto a su centenar de ovejas segureñas, unas 80 gallinas ponedoras y varios perros y gatos. “Creía que esto era el fin del mundo, lo daba todo por perdido, pero, gracias a Dios, voy a sobrevivir, voy a salir de esto”, les dijo el pastor a las tres primeras personas que veía después de un mes donde el temporal ha golpeado con severidad a esta comarca del interior del parque natural de Cazorla, Segura y Las Villas.
Uno de los libros más importantes de Manuel Vicent se titula A favor del placer, una divisa de todo lo que escribe o cuenta en este diario. En marzo Manuel Vicent cumple 90 años, y el festival de cine de Málaga lo celebra con el estreno de Mañana seré feliz, una película que es una conversación con el autor, dirigida por David Trueba y Luis Alegre. También se publica Detrás de la herida, en la editorial La Cama Sol que dirige Javier Santiso, un cuidado libro que recoge un centenar de columnas dominicales en las que Vicent despliega su prosa poética, acampañadas de obras del pintor Rafael Canogar. En esta entrevista, el autor de Tranvía a la Malvarrosa hace recuento de su relación con EL PAÍS, en el que escribe desde 1977, y con este país. No hay un renglón de su escritura que no haya sido una evocación del mundo que vive. En el caso de este diario, que este año celebra su 50ª aniversario, jamás ha dejado de relacionarse con sus lectores desde que Juan Luis Cebrián le dijo que fuera a contar qué pasaba en las Cortes Constituyentes.

En toda gran historia de amor hay una figura incómoda: la persona que llegó antes y que se convierte en el obstáculo narrativo a superar por este nuevo flechazo. En Love Story, la exitosa serie de Disney+ que reconstruye el romance —y la tragedia— de John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette, ese papel lo ocupa la actriz Daryl Hannah (Kill Bill), antigua pareja del hijo de JFK y Jacqueline Kennedy Onassis. Pero lo que en la vida real fue una relación compleja y mediática, en la ficción se ha transformado en un romance caricaturesco en el que la artista emerge como una villana de manual. La distorsión ha llegado hasta el punto de que tanto periodistas especializados como espectadores están denunciando el retrato injusto de la intérprete de 65 años en los tres únicos episodios emitidos hasta la fecha. Un tuit célebre lo vocaliza así: “¿Qué ha hecho Daryl para merecer esto?”.

El premio Nobel de Economía en 2002, el psicólogo Daniel Kahneman, sostenía en uno de sus libros más famosos, Pensar rápido, pensar despacio (Debate, 2020), que el ser humano tiene dos sistemas de pensamiento. Uno rápido, intuitivo, emocional. Y el otro lento, reflexivo y lógico. “El problema es que las redes sociales nos han habituado a utilizar el primer sistema para todo, lo que deja fuera cosas tan importantes como la reflexión, la calma, la tranquilidad, la lógica. Y claro, si perdemos eso, diríamos que nuestra humanidad se va diluyendo”, reflexiona Jordi Nomen (Barcelona, 60 años), profesor de Filosofía y Ciencias Sociales en la escuela Sadako de Barcelona y autor, entre otros, del bestseller El niño filósofo (Arpa, 2021).
“Incluso los perros se ponen tristes después de eyacular”, canta Nacho Vegas en La sed mortal, haciendo así referencia a la denominada disforia postcoital. Un término que alude a la aparición de emociones que se perciben como negativas después de una relación sexual, aunque esta resulte satisfactoria. Antonio José Sánchez Barbosa, sexólogo de Boston Medical Málaga, explica que esto sucede porque, durante el acto sexual, aumentan significativamente las sustancias que fomentan un estado de plenitud en el organismo, como la dopamina, la oxitocina y las endorfinas. Tras el orgasmo, estas sustancias presentan una caída brusca.

El crecimiento de Vox en las encuestas ha desatado una lógica preocupación. Se busca una explicación de por qué una parte de la sociedad se muestra dispuesta a apoyar a un partido que niega el pluralismo político, siente nostalgia del franquismo, cuestiona el cambio climático y se opone a los derechos de minorías y colectivos vulnerables. La mayor parte de las explicaciones que se ofrecen tienen que ver con las condiciones económicas, sobre todo en el caso de las generaciones más jóvenes. Así, se habla de que las desigualdades, los bajos salarios, la pérdida de poder adquisitivo, el coste de la vivienda y otros factores similares son la causa de que tanta gente se sienta próxima a la extrema derecha.
A veces me da por pensar en un asesor de un consejero de una presidenta que, al pasar por delante de un edificio muy regio del centro de Madrid, escuchó a quien llevaba al lado decirle: “Un día, tendrás un despacho ahí”. Iba el otro mirando hacia arriba desde la parte trasera de una repulida berlina, brillaban contra los cristales tintados las luces de la gran ciudad, y sus pupilas emitían un destello como de Moriarty, el Napoleón del crimen. Aquel día brindaron con un gin fizz en el Cock. La presidenta le había jurado al consejero que, cuando ella llegase al Gobierno, le daría un ministerio, y el futuro ministro le prometió al asesor que tendría lo suyo también. Todo esto me lo contó el que iba a ser beneficiario de un éxito en cadena que al final resultó ser un fracaso en dominó: ella cayó en desgracia, porque si te quieren pillar en falta para impedir que triunfes lo acaban haciendo (menos si eres condesa consorte con muchos cigarrales en propiedad, que entonces el barro no se te pega al cuerpo); el ministrable aún anda por ahí intrigando en los sótanos de los periódicos, y el asesor, pelazo, pijazo, que en el fondo le tenía cariño a aquella Reina de Corazones con mano larga, continúa jugando al póquer de la ilusión. Estoy segura de que también se sigue riendo hasta de su sombra —con su increíble sentido del humor es como se ganaba a la gente en los pasillos—, y que aún no ha perdido la esperanza de ser el que ríe último. Así es la conga institucional, una especie de ciempiés humano cuya cabeza es incapaz de ver la suela de la bota que se le viene encima. Le pasó a otra hembra alfa del mismo partido: infravaloró el resentimiento que puede generar una promesa rota y acabó muy, muy mal. Se llamaba Isabel, como la que actualmente preside Madrid. Isabel Díaz Ayuso es una mujer tan especial que hasta sus enchufados tienen un sobrenombre pintoresco, aunque sean los mismos desde los tiempos de Julio César. Guárdate de los que sueñan con un despacho.
La sociedad de los adultos filtra todas sus obsesiones y conductas a la sociedad de los menores. Un colegio cualquiera recibe desde el Parlamento nacional una guía de conducta, una forma de uso de la palabra y, finalmente, un calco de la moralidad imperante. Escuchamos en los últimos meses repetidas historias que suceden en los colegios españoles con un mismo patrón. Un grupo de niños, formados en áspera manada, increpan a chicos y chicas por su origen extranjero. Les insultan y les gritan que se vuelvan a sus países. Muchos de estos niños convertidos en víctimas del acoso han nacido en España y ni tan siquiera conocen más que por postal los lugares de origen de sus padres o sus abuelos. Y sin embargo reciben esa dosis de odio cafre y ventajista. Los agresores repiten los lemas que han oído en casa, en familias donde se ha reciclado el resentimiento en autoindulgencia. Pero más grave aún, les llega un clarísimo permiso de todo vale desde el voto electoral en crecimiento para las opciones excluyentes.