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Los próximos días 1 y 2 de mayo, el Festival de EL PAÍS se alargará hasta la medianoche. Lo hará con sendos conciertos que se celebrarán en la plaza de Matadero Madrid y que darán comienzo a partir de las 22 horas. El acceso es gratuito, previa adquisición de la invitación a través de la web del Festival. Las actividades programadas en las dos primeras jornadas del festival terminarán a las 20 horas, y las puertas volverán a abrirse a partir de las 21 horas para albergar a los asistentes a las actuaciones musicales nocturnas en la plaza de Matadero Madrid.
La Kings League en España se ha estancado. Hay signos de fatiga: ha perdido espectadores e impacto. Nació para convertir el fútbol en un show y lo ha logrado, pero solo un poco. La revolución que supuso la primera temporada española auguraba un futuro espléndido que ahora se ha estancado. “Ha perdido mucha audiencia, obviamente no tiene nada que ver con lo que era al principio”, dijo el célebre influencer Ibai Llanos en marzo. La mayoría de vídeos más vistos de los canales de YouTube o TikTok de la Kings League España tienen dos años o más. Las búsquedas de Kings League en Google han ido cayendo, excepto por dos picos puntuales en los mundiales de clubes y selecciones.
En octubre de 2025, un cartel colocado en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada —“El vicedecanato de Prácticas no atiende a madres y padres. Todo el alumnado matriculado es mayor de edad”— se convirtió en un fenómeno viral. No denunciaba una situación generalizada, pero sí apuntaba a algo que empezaba a incomodar: la necesidad de recordar que, en la universidad, la interlocución corresponde al estudiante.

Un grupo de los cómplices de entre quienes contribuimos a escribir las entradas del Diccionario Mario Vargas Llosa habitó las palabras, que contiene por orden alfabético los temas fundamentales de su obra y de su vida, fuimos convocados para presentarlo en el Instituto Cervantes, dueño de la iniciativa de su publicación.
Se suceden los acuerdos entre PP y Vox en Extremadura y Aragón construidos sobre el marco conceptual de la ultraderecha que ya abiertamente asume la derecha institucional. Lo que hace unos años era vergonzante ha dejado de serlo y se interioriza con “naturalidad” ―en palabras de la presidenta Guardiola― o “para avanzar en la dirección correcta”, en expresión del presidente Azcón.
Schuman, Monnet, De Gasperi, Adenauer, Delors… ¿y Trump? Tal vez —ojalá— mirando hacia atrás la historia incluirá a Donald Trump entre los mayores promotores de la Europa unida. A diferencia de los anteriores, en su caso un nuevo salto en la integración europea sería lo contrario de lo deseado. Pero hay que reconocerle una asombrosa —si bien involuntaria— clarividencia política en conseguir ese objetivo en las antípodas de sus deseos.
Como podrán ustedes apreciar por el título, esta columna es la tercera entrega de una historia que parece interminable: la de la traición del PSOE a los saharauis. La primera la escribí hace tres años, cuando Pedro Sánchez y los suyos se quedaron solos en el Congreso votando en contra de otorgarle la nacionalidad a los saharauis nacidos bajo la soberanía española. Incluso los de Vox fueron más dignos: simplemente se abstuvieron.
Los boomers recordarán la que se lio a principios de siglo con FoxP2, “el gen del lenguaje”. La cosa venía de una familia británica, identificada como familia KE en la literatura científica, en la que 15 de los 29 miembros vivos padecían una grave discapacidad lingüística. Eso apesta a un gen mendeliano dominante y, en efecto, Simon Fisher y sus colegas del Centro Wellcome de Genética Humana, en Oxford, lo encontraron con bastante facilidad. Se llamaba FoxP2, y la correlación de sus mutaciones con la deficiencia del habla era exacta: los 15 miembros de la familia afectados llevaban la versión mutante, y los otros 14 llevaban la normal. FoxP2 fue bautizado enseguida como “el gen del lenguaje”, y con ese apodo hizo un montón de titulares (pero no disparen al periodista: fue la revista Nature la que empezó con eso).

“El sueño sigue siendo nuestro sistema más sofisticado de reparación. Negárselo al organismo es como pedirle a un motor que funcione sin apagarlo jamás: puede hacerlo un tiempo, pero acabará fallando”, escribe Alfredo Rodríguez-Muñoz (Madrid, 46 años), catedrático de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid. Lo hace en las páginas de su libro Dormir para vivir (Kailas, 2026), un ensayo divulgativo en el que el experto en sueño, bienestar y salud laboral reivindica el sueño y el descanso. Señala que la cultura actual empuja a la hiperconexión y la hiperproductividad y decir que uno está cansado ―a modo de distopía del agotamiento― se ha convertido en una especie de símbolo de estatus, de “nueva medalla” que lucir en el pecho con orgullo.
