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Hasta hace poco su profesión era tan desconocida que muchos no la eligieron de manera consciente, porque ni imaginaban que pudiera convertirse en un empleo estable. El de maquillador era un trabajo técnico que quedaba detrás de las cámaras. Pero como a tantos otros profesionales, las redes sociales los han colocado en primera fila y el creciente interés por el mundo de la belleza ha hecho de ellos actores clave en la conversación. Aunque aún quedan debates pendientes en un ámbito en el que persisten retazos de esnobismo (esa concepción como técnicos no les daba voz en el proceso creativo), hoy son más reconocidos y cotizados que nunca. Los profesionales españoles son valorados internacionalmente mientras que el sector aquí se agranda empujado en parte por la nueva visibilidad, pero también por la potencia que ha adquirido la industria audiovisual. “Aún tengo que pellizcarme para creerme que, de todas las personas en el mundo, alguien como por ejemplo Isabelle Huppert me elija a mí para una promoción en Cannes”, dice Iván Gómez, que además ha maquillado a personalidades como Eva Longoria, Alexa Chung, Penélope Cruz o Úrsula Corberó, a la que ha acompañado en su última década de carrera. Él forma parte, junto a Natalia Belda, Raquel Álvarez, Alex Saint o Yos Baute, de una generación que ha marcado este cambio y hoy brilla con fuerza.
La historia del 23-F es la de un fracaso con final feliz. El sistema falló a la hora de impedir o prevenir la intentona golpista, pero los golpistas no lograron sus objetivos y la democracia siguió su curso. La documentación conocida hasta la fecha, incluidos los casi 13.000 folios de la causa judicial a la que este periódico tuvo acceso en el 40 aniversario del golpe, en 2021, permiten escuchar desde dentro a los protagonistas y a la vez, ponen en evidencia todo lo que se pasó por alto, antes y después, lo que ha dado lugar a que, pese a la ingente cantidad de libros, estudios y documentales sobre esas horas en las que el país contuvo la respiración, permanezcan, 45 años después, dudas razonables entre los hechos probados.

Más de una semana lleva hablándose de los therians en España. Pero, ¿dónde están en realidad los famosos therians? Webs y programas de televisión, entusiasmados con la rareza, han difundido por decenas imágenes en TikTok e Instagram de presuntos miembros de esta subcultura marginal, que supuestamente se sienten identificados con alguna especie animal. Pero por las plazas donde iban a aparecer el fin de semana, atraídos por convocatorias de origen difuso amplificadas por los medios, apenas lo han hecho. Periodistas y curiosos, bastantes. Therians, pocos. Lo que sí ha aparecido son elementos que ya fueron protagonistas del mismo fenómeno en América: el pánico moral —la reacción exagerada ante un comportamiento de un determinado grupo, presentado como una amenaza—, los bulos y la manipulación ultraderechista para alimentar el discurso de una supuesta decadencia moral de la sociedad, con la diversidad en el punto de mira.



Los therians son personas que se identifican, en un plano psicológico, lúdico o espiritual, con un animal no humano. Se trata de un fenómeno social y cultural que no implica una transformación física ni la creencia de poseer un cuerpo distinto, sino una vivencia interna de identidad. El término proviene del inglés therianthropy, que a su vez deriva del griego antiguo therion —que quiere decir bestia o animal salvaje— y ánthropos —humano—. Así, el término se refiere a la capacidad espiritual de transformarse en animal, pero esta transformación no se daría de manera física, sino solo en el sentido de experimentar una conexión interior con un animal determinado.

El crecimiento de Vox en las encuestas ha desatado una lógica preocupación. Se busca una explicación de por qué una parte de la sociedad se muestra dispuesta a apoyar a un partido que niega el pluralismo político, siente nostalgia del franquismo, cuestiona el cambio climático y se opone a los derechos de minorías y colectivos vulnerables. La mayor parte de las explicaciones que se ofrecen tienen que ver con las condiciones económicas, sobre todo en el caso de las generaciones más jóvenes. Así, se habla de que las desigualdades, los bajos salarios, la pérdida de poder adquisitivo, el coste de la vivienda y otros factores similares son la causa de que tanta gente se sienta próxima a la extrema derecha.
A veces me da por pensar en un asesor de un consejero de una presidenta que, al pasar por delante de un edificio muy regio del centro de Madrid, escuchó a quien llevaba al lado decirle: “Un día, tendrás un despacho ahí”. Iba el otro mirando hacia arriba desde la parte trasera de una repulida berlina, brillaban contra los cristales tintados las luces de la gran ciudad, y sus pupilas emitían un destello como de Moriarty, el Napoleón del crimen. Aquel día brindaron con un gin fizz en el Cock. La presidenta le había jurado al consejero que, cuando ella llegase al Gobierno, le daría un ministerio, y el futuro ministro le prometió al asesor que tendría lo suyo también. Todo esto me lo contó el que iba a ser beneficiario de un éxito en cadena que al final resultó ser un fracaso en dominó: ella cayó en desgracia, porque si te quieren pillar en falta para impedir que triunfes lo acaban haciendo (menos si eres condesa consorte con muchos cigarrales en propiedad, que entonces el barro no se te pega al cuerpo); el ministrable aún anda por ahí intrigando en los sótanos de los periódicos, y el asesor, pelazo, pijazo, que en el fondo le tenía cariño a aquella Reina de Corazones con mano larga, continúa jugando al póquer de la ilusión. Estoy segura de que también se sigue riendo hasta de su sombra —con su increíble sentido del humor es como se ganaba a la gente en los pasillos—, y que aún no ha perdido la esperanza de ser el que ríe último. Así es la conga institucional, una especie de ciempiés humano cuya cabeza es incapaz de ver la suela de la bota que se le viene encima. Le pasó a otra hembra alfa del mismo partido: infravaloró el resentimiento que puede generar una promesa rota y acabó muy, muy mal. Se llamaba Isabel, como la que actualmente preside Madrid. Isabel Díaz Ayuso es una mujer tan especial que hasta sus enchufados tienen un sobrenombre pintoresco, aunque sean los mismos desde los tiempos de Julio César. Guárdate de los que sueñan con un despacho.

La calle Bravo Murillo nació como una frontera social. Son cuatro kilómetros, un paseo de 45 minutos desde Quevedo hasta Plaza de Castilla. A un lado iban a estar los pobres y al otro los pudientes. Así se decidió tras la Guerra Civil, pero casi 90 años después se respeta ese diseño y ningún alcalde en Madrid ha trabajado para alterarlo.


La exedil popular de Móstoles que ha presentado una querella por acoso sexual y laboral contra el alcalde del municipio, Manuel Bautista, y contra el Partido Popular, denunció ante dos cargos del partido en Madrid, Ana Millán y Lucía Paniagua, que el regidor intensificó el hostigamiento contra ella después de enterarse de que había pedido ayuda al partido y había contado lo que estaba sucediendo. “Lejos de que la cosa se tranquilice, Manuel ha citado individualmente a alguno de mis compañeros concejales para decirles: ¿De qué lado estás?, como si esto fuera un conflicto bélico", explicó ella a Paniagua y a Millán en una reunión que tuvo lugar el 16 de abril de 2024, según fuentes conocedoras del caso. “Aquí hay un conflicto en el que te tienes que posicionar de mi lado o del otro lado”, emplazó el alcalde a otros concejales populares, según la denunciante.
Tras un año de parón, el EPT de París (European Poker Tour) en Le Palais des Congrès ha abierto sus puertas de nuevo hasta el 1 de marzo, torneo planetario y parada obligatoria donde se retan los mejores, como lo harán más adelante en Montecarlo y Barcelona. Allí están, entre otros, Adrián Mateos —el mejor del mundo— y Leo Margets —la primera mujer en 30 años en clasificarse para la final del torneo más prestigioso, el Main Event de las World Series of Poker (WSOP)—, que la semana pasada se encontraron en una partida. Era televisada, pero no había dinero en juego, solo risas y poco más, envueltos entre famosos como el expiloto Jorge Lorenzo o el youtuber Spursito. Era el evento de Winamax, la marca que los patrocina. Ella, un torbellino de gestos y palabras, aparece antes por el Casino de Andorra. Él lo hace más tarde y, aunque apenas levanta la voz, le pega un puñetazo a un saco de boxeo que adorna el local, uno de esos que mide la fuerza. “No me he podido contener”, resuelve. Tras el abrazo entre ambos, ríen. “Siempre competitivo”, dice Leo. “Ya me conoces”, aclara Adrián. Pero su ajetreado día a día, para ellos ya rutinario, explica que no son solo jugadores, sino que son profesionales, una vida dedicada para pertenecer a la Champions de las cartas.


“Ya puedo respirar, creía que esto era el fin del mundo”. Javier González, un pastor sexagenario, tuvo en vilo durante casi un mes a familiares y vecinos de la jiennense Sierra de Segura. La sucesión de borrascas en Andalucía dejó intransitables la mayor parte de caminos y senderos por las que se accede a su cortijo de los Huecos de Bañares, donde también se perdieron las conexiones telefónicas. El lunes pasado, coincidiendo con la llegada del anticiclón, dos agentes de Medio Ambiente y el alcalde de Segura de la Sierra, alarmados por la falta de noticias del pastor, recorrieron 17 kilómetros (ocho de ellos a pie) por terrenos inhóspitos del monte hasta que se reencontraron con Javier, sano y salvo, junto a su centenar de ovejas segureñas, unas 80 gallinas ponedoras y varios perros y gatos. “Creía que esto era el fin del mundo, lo daba todo por perdido, pero, gracias a Dios, voy a sobrevivir, voy a salir de esto”, les dijo el pastor a las tres primeras personas que veía después de un mes donde el temporal ha golpeado con severidad a esta comarca del interior del parque natural de Cazorla, Segura y Las Villas.