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Cuando al mediodía del 21 de febrero de 2024 llegaron las primeras noticias sobre la detención de Koldo García, antiguo asesor de José Luis Ábalos, el exministro de Transportes estaba en el Congreso de los Diputados, donde, como muchos otros miércoles, había sesión de control y pleno. Minutos después, apareció por un pasillo del Parlamento para atender a los periodistas que esperaban una primera valoración: “Ya me gustaría dar explicaciones. El que las quiere soy yo. Estoy estupefacto”, aseguró. El exministro todavía no sabía, aunque puede que lo empezara a intuir, que ese sería su último pleno como diputado del grupo socialista. Dos años después, Ábalos y su antiguo asesor esperan en una celda de la cárcel de Soto del Real (Madrid) a que el Tribunal Supremo inicie, el próximo martes, el juicio en el que ambos se sentarán en el banquillo acusados de lucrarse con la compra de las mascarillas por parte del Ministerio de Transportes en la pandemia de covid-19.
Ana Fernández
Alejandro Gallardo
Brenda Valverde Rubio

Nadie puede negar que José Manuel Villarejo era un comisario muy, muy, muy metódico. Además de grabar en secreto durante lustros a decenas de personas con las que compartió mantel, reservados y confidencias, el policía llevaba una sistemática agenda donde anotaba sus profusos contactos, conversaciones e impresiones. El agente, acostumbrado a moverse por las sombras, estaba convencido de que la información era poder; y, para recordar la infinidad de datos que manejaba, necesitaba registrarlos. Así, en julio de 2013, apuntó en sus cuadernos la palabra “chef” y, junto a ella, las siguientes frases: “Al principio desconfiado, después se ha mostrado más receptivo. Quedo en darle mañana 2.000 y tfno., después todo lo demás”. Sin pensar que algún día saldría a la luz, Villarejo dejaba así huella de la captación como confidente del chófer del extesorero popular Luis Bárcenas y de una de las operaciones más turbias gestadas en las cloacas del Estado: la Operación Kitchen, que se juzga desde este lunes en la Audiencia Nacional.

Ana Fernández
Alejandro Gallardo
Brenda Valverde Rubio

En las elecciones que se celebren el año que viene, podrán votar españoles que no habían nacido en febrero de 2009, cuando se produjeron las primeras detenciones del caso Gürtel. Españoles que desconocen la línea de puntos que llevó de una investigación de contratos amañados a una sobre la financiación del PP; y después, a otra sobre una operación de Estado orquestada desde la cúpula de Interior para desactivar al tesorero del partido, Luis Bárcenas, cuando amenazó con tirar de la manta. Este aberrante episodio se conoció como caso Kitchen y llega a juicio mañana, lunes. Se sientan en el banquillo el entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, junto con su número dos y varios altos mandos policiales.
Desde que salieron al espacio, los cuatro astronautas de la misión Artemis 2 están en un entorno donde la climatología terrestre ya no tiene ninguna importancia. Los cuatro tripulantes viven ahora pendientes de la climatología espacial. Esto significa sobre todo que dependen de lo que pueda suceder en el Sol, un gigante a veces impredecible que se encuentra en su máximo de actividad. El astro puede escupir llamaradas y vientos cargados de partículas radioactivas que podrían resultar muy peligrosos para los pasajeros de la nave Orion, que se dirigen a la Luna a más de 4.000 kilómetros por hora.
Si a los maestros de primaria que sientan a los niños ante la obra de Joan Miró (Barcelona, 1893-Palma, 1983) se les ocurriera explicarles su pintura sin reducirla a un juego de formas y colores, se estarían jugando sus puestos de trabajo, porque el artista catalán es uno de los creadores que más lejos llevó la máxima de Picasso: “El arte es peligroso. Si es casto, no es arte”. La próxima publicación en Francia, el 3 de abril, de Loeb-Miró. Correspondances 1926-1936 (Norma) ayudará a entender el malestar íntimo de un pintor de apariencia inocente, es decir, su combate para conciliar la fuerza creativa de una pulsión erótica sin ataduras con su necesidad de orden y equilibrio.
Hubo un tiempo en que Cristo resucitaba tal día como ayer, en el llamado Sábado de Gloria. Aunque el Evangelio dice que el Redentor, antes de resucitar, pasó tres días enteros en el infierno, la Iglesia adelantó 24 horas su salida del sepulcro para que la alegría de la Resurrección, junto con el hondo sabor de las tahonas donde se horneaba la mona de Pascua, marcara la diferencia con el sabbat que celebraban los judíos. Ese día iba yo de niño con mis amigos por los barrancos de alrededor a buscar espárragos silvestres y desde allí oía el repique general de campanas que llegaba del pueblo. Al principio, ignoraba a qué se debía semejante jolgorio y ante mi sorpresa alguien me dijo que las campanas tocaban a gloria porque Dios había resucitado. Ese milagro lo llevo asociado a la tortilla de espárragos silvestres que me hacía mi madre para la merienda de Pascua por el campo, que entonces olía a azahar y a pólvora de los petardos. En aquellos años se llevaban los tebeos de Hazañas Bélicas, en los que un soldado desconocido en nombre de la paz mataba sin misericordia a todo aquel que tenía por enemigo. Aquella tortilla de espárragos se ha perdido en el olvido, pero las hazañas bélicas constituyen hoy una realidad muy cruel a cargo de los tres dioses monoteístas, Alá por los musulmanes, Yahvé por los judíos y Jesucristo Dios por los cristianos, los tres metidos en guerra. Cada uno marca su propio territorio e infecta la mente de sus fieles con un odio irreconciliable. Este año, las monas de Pascua están hechas de dinamita. Nadie habla de muertos. Los tres dioses monoteístas ya no se alimentan de plegarias, sino de petróleo, solo de petróleo. Al parecer, lo único que les interesa son barriles de crudo, misiles, drones, bombas de racimo y aviones. En estos días de primavera, aun en medio de esta Pascua de sangre, todo el mundo puede resucitar a su manera como lo hace el Dios de los cristianos. En mi caso, la resurrección no es muy distinta de aquella tortilla de espárragos.

A lomos de su rocín flaco, entre desagravios y entuertos, afirma don Quijote que la libertad es uno de los más preciosos dones, por encima de los tesoros que encierra la tierra y el mar encubre. Aplaudimos esas palabras al unísono. Sin embargo, muchas de las voces que sacralizan la autonomía individual se enfurecen contra sus efectos. Añoran las ciudades sin inmigrantes, las tradiciones sólidas, el idioma único, la sangre sin mezcla. Cunde la ansiedad porque en este océano de posibilidades se diluyen nuestras costumbres de siempre, emergen valores nuevos y fluyen identidades líquidas. Los nostálgicos de la uniformidad parecen ignorar que la fuente de todas las diversidades es, precisamente, la libertad.

Sara Aagesen (Madrid, 49 años) representa uno de los principales sellos de identidad del Gobierno: el de la lucha contra el cambio climático y la apuesta por la transición verde. El Ejecutivo ha dejado patente esa prioridad dándole rango de vicepresidenta tercera. Paradojas de la política, cuando esa bandera de la ecología ondeaba con menos ímpetu por la reacción negacionista de la ultraderecha, una ola creciente en el mundo, ha tenido que ser su gran líder estadounidense quien ha mostrado a Europa el valor de la energía renovable como fuente de autonomía estratégica al generar una crisis petrolera por la guerra de Oriente Próximo.



Cuando las primeras bombas de la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra el régimen iraní cayeron sobre Teherán, el 28 de febrero, Raúl Díaz-Varela recordó el impacto que en 2022 tuvo la invasión rusa de Ucrania en el sector farmacéutico. “El precio del paracetamol se disparó en los mercados internacionales de cinco a 12 euros el kilo y el comercio de medicamentos esenciales de Asia a Europa quedó sumido en la incertidumbre”, rememora el presidente de Kern Pharma, una de las tres mayores empresas españolas de fármacos genéricos.


El coordinador federal de IU y candidato de Por Andalucía a la presidencia de la Junta, Antonio Maíllo (Lucena, Córdoba, 59 años), cree que el pacto alcanzado por IU, Podemos, Movimiento Sumar y otras cuatro fuerzas de izquierda este viernes supone “un punto de inflexión que no se va a quedar solamente en Andalucía, porque se abre ya un carril del que es difícil de salir”.

