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El sector del cava pierde un jugador de peso que, además, se va para fortalecer el equipo de la competencia. La bodega Juvé&Camps ha oficializado su baja de la Denominación de Origen Cava y su incorporación a Corpinnat, la agrupación de productores de espumosos que, críticos con los protocolos que impone el Consejo Regulador del Cava, impulsan un sello colectivo alternativo para comercializar sus botellas. Juvé&Camps, con más de cien años de historia vinculada a la familia Juvé, tiene hoy un 76% de las acciones en manos de Scranton, la sociedad inversora participada por Grífols. La empresa manifiesta que da un paso “coherente” con su proyecto y visión de futuro para los vinos espumosos. “Cada nueva incorporación avala que el nuestro es el camino a seguir, somos un agente transformador del sector”, subraya Pere Llopart, presidente de Corpinnat. La marcha de Juvé&Camps sorprende a la D.O. Cava en una fase de pinchazo de las ventas, un 13% menos de botellas y una caída del 10% de la facturación el último año, y en medio de un proceso para decidir su liderazgo, una vez que el actual presidente del Consejo Regulador, Javier Pagés, ha anunciado que renuncia.
El Tribunal Supremo ha dado un golpe a uno de los productos financieros más polémicos de los últimos años. En una reciente sentencia, el alto tribunal ha anulado las hipotecas multidivisa comercializadas por Barclays —heredadas por CaixaBank tras comprar su negocio minorista en 2014— al considerar que se trata de un producto abusivo y falto de transparencia porque la entidad no informó adecuadamente de los riesgos que asumían los clientes. La decisión obliga a eliminar la cláusula multidivisa de todos los contratos donde se utilizó y a que todas esas hipotecas pasen a estar referenciadas en euros, lo que supone un alivio para miles de afectados.

Bizum, la popular solución de pagos respaldada por la banca española, ampliará sus servicios a la modalidad de pago presencial en comercios a partir del próximo mes de mayo. La herramienta, que cuenta actualmente con 30 millones de usuarios, permitirá abonar compras en tiendas físicas y grandes superficies mediante el uso del teléfono móvil, como adelantó Cinco Días. Esta expansión sitúa a la plataforma en competencia directa con los sistemas de Apple Pay y Google Pay, así como con las redes tradicionales de tarjetas de crédito y débito.
Graves y aburridas comprobaciones en temporada de promoción cultural: a menudo, quien tiene más espacio en los medios deambula de uno a otro quejándose de otros medios; más fina tiene la piel ante la crítica o la indiferencia; peor lleva cualquier adversativa a su obra o su persona, y eso cuando ellos no creen que es lo mismo, la obra y la persona (“¿atacas mi película o mi libro? Eso es que no me aguantas a mí porque la obra es buena, el resto son prejuicios”). Quien construye su discurso y su personaje sin hacer daño a nadie, y no valora ni enjuicia el papel de quien lo entrevista, es rápidamente caricaturizado o convertido en una suerte de histrión para jueguecitos crueles de esos medios a los que él acude educadamente cuando le llaman. Otra cosa: quien más se prodiga en decir la mayor tontería sin demostración alguna, quien suelta la mayor bravuconada o trola o payasada inane, acto seguido se queja de que ahora ya no se puede decir nada en ninguna parte y a ninguna hora; más probabilidades de que esto ocurra cuanta más audiencia tenga el medio al que es invitado. Cada 10 años aparece un debate recurrente que con el tiempo tiene más pertinencia: por qué no hay crítica negativa. Pero cuando hay una crítica mala, pongamos en este periódico, se debate la legitimidad del crítico, cuando no directamente —pasó hace años— una carta de más de 100 firmas contra Boyero por sus coberturas y reseñas. El círculo vicioso es interesante y tiene que ver con una toxicidad creciente: la relación de dependencia, menor en el caso del protagonista gracias a sus redes sociales y por tanto más agresiva (“ya que habla con nosotros, exprimámoslo a clics”) por parte de muchos medios. Esto se traduce generalmente en terror: del entrevistado por el titular, del entrevistador por el extracto elegido en redes, del medio por la indiferencia de la audiencia, del agente por el despido. En fin, tómenselo con calma: todos seremos cancelados, o lo fuimos, o lo estamos siendo, qué más da.
Álvaro Cunqueiro se casó con la hija de un abogado de Mondoñedo en diciembre de 1940. Antes de la boda, escribió a su amigo Manuel Halcón, su superior en Falange en Madrid, para que le liberara el pasaporte, que estaba retenido en la Dirección General de Seguridad. El escritor gallego enunció así el favor y la urgente necesidad del documento: “Sin pasaporte no puedo ir a Portugal. Si no voy a Portugal no podré llevar a mi novia a Coímbra. Si no la llevo a Coímbra no podré hacerle el amor bajo los almendros”.
Según los datos de la última encuesta sobre el uso de drogas, el 23% del alumnado de educación secundaria en Cataluña tiene un riesgo elevado de presentar un uso compulsivo de internet. Son casi uno de cada cuatro. La encuesta, presentada a finales de marzo, no tuvo mucho eco. ¿Qué hubiese pasado si el titular fuera que uno de cada cuatro estudiantes de secundaria es adicto a la heroína? Seguramente se hubiese abierto un debate nacional, con expertos y tertulianos tratando la cuestión mañana, tarde y noche y todos los partidos políticos posicionándose sobre la cuestión, con gesto compungido y declaraciones solemnes.
La columna de la Victoria es uno de los pocos monumentos al viejo poderío alemán que quedaron en pie tras la II Guerra Mundial. Desde lo alto, el ángel dorado que Wim Wenders filmó en El cielo sobre Berlín domina la ciudad. Abajo, las estatuas de los severos mariscales prusianos Roon y Moltke, y la del canciller Otto von Bismarck, siguen ahí, como un símbolo permanente de Alemania, o un anacronismo.
España pondrá fin en junio a la vía que desde 2018 ha permitido a decenas de miles de venezolanos regularizar su situación casi automáticamente. El Gobierno dejará de conceder de forma sistemática permisos de residencia por razones humanitarias a este colectivo, cerrando así uno de los mecanismos más singulares —y menos discutidos— del asilo español. Tras años de debate interno sobre qué hacer con los venezolanos, que han llegado a copar el sistema, el Ejecutivo ha optado por devolverlos al canal ordinario que debe seguir cualquier inmigrante. La decisión se ha cristalizado en plena tramitación de la regulación extraordinaria de inmigrantes que está preparando el Gobierno tras un acuerdo alcanzado con Podemos, por la cual podrán acogerse a ella quienes acrediten estar en España antes del 31 de diciembre de 2025, carecer de antecedentes penales relevantes y haber permanecido en el país al menos cinco meses en el momento de la solicitud.