Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
A un lado están las patronistas. Al otro, las costureras. Al fondo se sientan las técnicas. En femenino, porque de sus 70 empleados 63 son mujeres. Las paredes las recorren estanterías llenas de carpetas con figurines y rollos de tejidos. En las mesas se agolpan máquinas de coser, alfileteros, patrones cortados en papel y prototipos diseccionados en un estudio de costuras minucioso. En los talleres de Castor srl en Castellucchio, a 15 kilómetros de Mantua —uno de los vértices, junto con Verona y Brescia, del triángulo de la producción de moda del norte de Italia—, las creaciones de los diseñadores dejan el terreno de las ideas para materializarse en una realidad. “Me gusta decir que somos sus manos”, dice Angela Picozzi (Mantua, 51 años). “Interpretamos lo que tienen en la cabeza”.
El agua ha comenzado a rebosar por la presa de Puente Navarro este jueves, una señal inequívoca de que el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel ha alcanzado su máxima capacidad. No ocurría desde hace una década, en 2016. Este humedal, una llanura de inundación única en Europa situada en Castilla-La Mancha, cuenta con 1.750 hectáreas inundables, en las que descansan, se alimentan y reproducen miles de aves migratorias.
La guerra en Oriente Próximo ha puesto en guardia a los principales bancos centrales del mundo, que temen que el encarecimiento de los precios de la energía se traslade con contundencia a la inflación si el conflicto se prolonga. De momento, las autoridades monetarias han decidido mantener sin cambios los tipos de interés en sus encuentros de esta semana, pero eso puede cambiar con rapidez si las consecuencias del ataque lanzado el 28 de febrero por Trump y Netanyahu se agravan. Basta con ver lo sucedido en las últimas horas con el precio del gas, que ha llegado a subir en algunos momentos más de un 30% en una sola jornada tras el bombardeo de la planta catarí de Ras Laffan —la mayor infraestructura de exportación de gas licuado del mundo— y de una terminal petrolera saudí en el mar Rojo. Irán está dispuesto a utilizar la baza de la economía como arma de guerra, y eso pasa por una escalada del conflicto, ataques a instalaciones energéticas y el bloqueo del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.
La guerra emprendida contra Irán por los estadounidenses e israelíes, con la logística militar y los centros de inteligencia más eficaces y poderosos del planeta, se antojaba rápida y fulminante. Bastaría, de entrada, una maniobra de control total del cielo y su sólida red de espías infiltrados en el mismísimo corazón del poder iraní, para poder aniquilar a las fuerzas y a los dirigentes del país. Los objetivos de la guerra fueron divulgados desde el inicio de la ofensiva: la imposición de un cambio de régimen político en Irán, previa destrucción de sus infraestructuras militares (capacidades de defensa aérea y bases de lanzamiento de misiles), desencadenando una campaña de asesinatos contra sus dirigentes, mientras se fomentaba revueltas populares que coronarían la operación de liberación militar. Los asesinatos (Ali Jameneí, Ali Larijani ) marcan la identidad de la aventura bélica de Benjamin Netanyahu y los halcones estadounidenses. Donald Trump se ha plegado de buen grado a la visión israelí sobre Irán y Oriente Medio, que utiliza el caos generado en torno al territorio de Israel como única garantía de seguridad. Y actúa con absoluto desprecio del derecho internacional, convirtiendo definitivamente la guerra preventiva —aquella respaldada por el trío de las Azores— en la norma y el derecho del más fuerte, en la ley.
No por melancólico deja de ser entretenido repasar cómo se llevan los países europeos con su Historia. En Alemania, ya lo sabemos, el pasado dicta el presente. En Italia, el lugar donde todo ha ocurrido antes, tienden a repetir una Historia que les ha enseñado a ser sinuosos. Y si en Italia repiten la Historia, en Francia nada querrían más que repetirla. E incluso podemos pensar que buena parte de los males de la Gran Bretaña actual provienen de la conciencia dolorida de no poder hacerlo.

El martes el Real Madrid eliminaba al Manchester City de Guardiola en la Champions. Mientras, a la chita callando, un millón de personas estaban pendientes en Youtube de las andanzas de Frank Cuesta, Labrador, Dakota o Aída Nizar en el último hit del mundo digital, La cárcel de los gemelos.

Jürgen Habermas rondaba los 16 años cuando terminó la Segunda Guerra Mundial y descubrió que aquel panorama de ruinas y desolación era obra de los suyos. Aquella muchachada de rostros sonrosados y cabellos rubios, esos cuerpos ágiles que celebraban su fortaleza física, los que acudían en familia a los lugares históricos y las excursiones para hacer patria, los que canturreaban himnos y proclamas y levantaban el brazo y bajaban la cabeza como signo de obediencia al Führer, esos, los de la gran Alemania, habían producido un desastre descomunal. Sin ese gesto de perplejidad ante el horror es imposible entender la obra de ese filósofo que murió el sábado a los 96 años. Su último artículo publicado en este periódico es del 30 de noviembre de 2025, y trata de Europa. Siguió hasta el último minuto al pie del cañón.
Ana Crespo entendió que LinkedIn servía para algo más que buscar trabajo. Esta madrileña de 46 años, residente en Miraflores de la Sierra, un municipio al norte de la capital, mantiene habitualmente abierta la pestaña de la plataforma en su ordenador. Es su ventana al mundo de las oportunidades laborales y al vasto océano de los contactos profesionales. Pero también es algo más. “Se ha convertido en el rincón del café donde siempre hay alguien para charlar y pasar el rato”, confiesa desde una discreta oficina en su casa, donde ejerce como redactora publicitaria.
Para adentrarse en uno de los santuarios secretos de la camelia en Galicia no hay que pagar entrada ni saberse un santo y seña. Hay que ganarse la confianza del dueño. Y jurar que no robarás, ni semillas ni ramas —aunque durante el paseo él mismo te vaya llenando las manos de flores—, porque el verdadero tesoro, para los coleccionistas de camelias, está en la genética. La caprichosa genética les ha empujado a atravesar continentes, a rastrear la selva, a buscar contactos hasta en el infierno, a pagar miles de euros, o a trabajar paciente, discretamente, durante muchos años para conseguir sus propias variedades. Son flores únicas o casi únicas en el mundo. Por eso robar está tan mal visto y es tan injusto.