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La Comunidad de Madrid dejó sin preparar contra el fuego 2.357,07 hectáreas de las que tenía previsto trabajar de cara al verano de 2025, el más devastador en cuanto a incendios se refiere desde que Isabel Díaz Ayuso gobierna la región (agosto de 2019). Eso significa dejar el 36% del trabajo sin hacer. Así consta en el Plan Anual de Prevención, Vigilancia y Extinción de Incendios Forestales, consultado por EL PAÍS en el portal de transparencia. En él se justifica que apenas se atacaran preventivamente 4.167,39 de las 6.524,46 hectáreas previstas con el argumento de que hubo bomberos madrileños desplazados a la Comunidad Valenciana para ayudar a paliar los efectos de la dana de octubre de 2024. A eso se añadió, además, que el mal tiempo de la primavera dificultó la tarea, redundando en un balance que los bomberos consideran “totalmente insuficiente”, y la oposición “grave” y fruto de un “absurdo negacionismo“. Sin que nadie apunte a una relación de causa-efecto, Madrid vivió en 2025 un verano infernal, con más de 3.000 hectáreas incendiadas, y un muerto en Tres Cantos, localidad que visita este miércoles la presidenta. Ahora, según los bomberos, afronta el verano de 2026 con “atrasos” en estos trabajos preventivos por una huelga de trabajadores.
A tres días de la votación a las enmiendas a la totalidad al proyecto de Presupuestos catalanes, la “vía transitable” para la cesión de la gestión del IRPF a la Generalitat que Esquerra Republicana pide como condición para levantar la suya sigue sin llegar. El PSC y ERC se mantienen sentados en la mesa, intentando buscar una salida, y el Gobierno central ayer prefirió no terciar en la cuestión pese a que el gesto que los republicanos piden como condición para negociar las cuentas depende únicamente de él. ERC o el Govern tienen hasta la votación del viernes para retirar bien sea la enmienda o el proyecto, pero ambos niegan esos escenarios.

Las imágenes y películas de comienzos de siglo pasado muestran un suntuoso edificio con escalinatas, grandes comedores, lámparas de techo, paseos rodeados de vegetación, músicos y personal con pajarita, botones... Y apuestos clientes de la burguesía de Barcelona llegando en carruajes, coches o tranvía y luciendo sombreros y pamelas. Estamos en el Casino de l’Arrabassada, en plena sierra de Collserola, un complejo donde a partir de 1899 se construyó un hotel, casino, lago artificial donde se alquilaban botes y un parque de atracciones con una espectacular montaña rusa que se adentraba en la montaña. El complejo (cuya leyenda afirma que en el casino había una habitación de suicidio a disposición de los clientes), pertenecía a una familia francesa, y tuvo un gran éxito, pero la prohibición del juego a partir de 1912 cortó la principal fuente de ingresos. Fue el inicio de su declive. Al estallar la Guerra Civil, el espacio fue utilizado como cuartel, hasta que a comienzos de la década de los 40 la mayoría de construcciones fueron derruidas.
Años 1953 y 1965. Compra de dos tercios y un tercio de la finca por parte de las familias que ostentan la propiedad.
Año 1972. Los propietarios solicitan al Gobierno autorización para la rehabilitación de la finca. No fue estimada.
Año 1976. El Plan General Metropolitano (PGM, el instrumento urbanístico de Barcelona y los 35 municipios que rodean la ciudad) convierte la zona en forestal. Los titulares constatan que no se definen con rigor los usos urbanísticos permitidos, que el plan remite a un futuro plan especial.
Año 1980. Los titulares recurren el PGM y el Gobierno dicta una orden que remite al futuro plan especial, que tendría en cuenta las alegaciones.
Año 1987. El Consejo Metropolitano aprueba el Plan Especial de protecicón de Collserola, que prevé la protección del Casino en su catálogo "para promover su recuperación".
Año 2010. La Sierra de Collserola es declarada parque natural.
Año 2012. La ley de urbanismo incluye el casino entre las fincas rehabilitables. Mientras, la propiedad autoriza la utilización de la finca con finalidades culturales, para visitas en grupo o carreras populares, con el conocimiento y colaboración de la administración del Parque.
Año 2021. Se publica oficialmente una modificación del Plan General Metropolitano que determina al detalles los usos permitidos en la finca.
Año 2025. Tras solicitar la propiedad al Tribunal Superior que permitiera también la rehabilitación del hotel y el restaurante, en sentencia de diciembre de 2025 el alto tribunal no lo estima. Sí "confirma implícitamente los usos ya reconocidos, así como la catalogación y posible rehabilitación de la finca", señala la propiedad.
Año 2026. La propiedad pone en venta la finca.
El reconocimiento por parte de Israel de Somalilandia como Estado independiente es una mala noticia, sobre todo para los ciudadanos de esa región del noroeste de Somalia. El Israel de Netanyahu muestra de nuevo una versión oportunista de las relaciones internacionales, dando pasos sin tener en cuenta sus consecuencias externas y solo las ventajas internas que puede extraer de ellas.
La economía española avanza con fuerza, tanta como para ser el mercado laboral de la Unión Europa que más nuevos empleos logró en 2025. Fueron 526.000, cuatro de cada 10 creados en ese ejercicio, según los datos distribuidos el viernes pasado por Eurostat, la agencia estadística europea, pese a que es el cuarto país del club comunitario en población. Precisamente el más poblado, Alemania, es el que más puestos de trabajo perdió en el mismo periodo: del cuarto trimestre de 2024 al de 2025 se dejó 327.000 empleos por el camino. El bajón alemán es clave para entender el desempeño comunitario, que contando ganancias y pérdidas de empleo arroja un balance positivo de 790.000 puestos, el menor avance desde la crisis financiera, si se excluye el anómalo 2020 de la pandemia.

Los efectos de la ofensiva militar iniciada por Estados Unidos e Israel sobre Irán hace casi un mes han sobrepasado ampliamente las fronteras del país islámico. Las bombas han congestionado el estrecho de Ormuz, tensando el mercado energético mundial y poniendo en jaque contadores y facturas de la luz. Una tensión que vuelve a otorgar a la electricidad su condición de piedra Rosetta para el bolsillo de los ciudadanos, que, como pronostican los expertos, podrían verse agujereados por la subida de las tarifas eléctricas. Este contratiempo energético se suma a otro directamente vinculado a la construcción de vivienda, que en España adolece —según lamenta el sector— de una enorme incapacidad para abastecer la actual demanda.
La deuda privada se ha colocado en el centro de las preocupaciones del mercado. Los fondos creados para conceder préstamos al margen de la banca tradicional se han abierto en los últimos tiempos a los pequeños inversores. En Estados Unidos, se han producido cierres de carteras y multitud de limitaciones a los reembolsos. Estos fondos conceden créditos a empresas que, por definición, no se pueden recuperar de inmediato si los partícipes deciden solicitar el reembolso. España y el resto de la UE pondrán en marcha en las próximas semanas una regulación específica sobre las carteras que ofrecen liquidez a los inversores (llamadas evergreen en la jerga), a las que se exigirá la máxima prudencia en la gestión y pruebas de resistencia anuales.

Por sorprendente que resulte en alguien que ha dedicado su carrera a escribir sobre tragedias abrumadoras, Pablo Vierci (Montevideo, Uruguay, 75 años) es optimista. Lo atribuye, entre otros, a uno de sus filósofos de cabecera, el italiano Benedetto Croce, autor de La historia como hazaña de la libertad (1942). “Siempre me repito que la historia de la humanidad es la hazaña de la libertad y la conciencia. Cada generación tiene más libertad y más conciencia. Claro que retrocedemos, por ejemplo, en la guerra. Pero, en líneas generales, siempre estamos dando un paso más”, asegura quien fue portavoz de los supervivientes del accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya en Los Andes, en el libro de testimonios La sociedad de la nieve (2008), cuya hazaña aún resuena. Desde niño, Vierci es amigo de Nando Parrado, una de las 16 personas que salieron con vida de la cordillera en diciembre de 1972, después de más de dos meses luchando contra el hambre, el frío, las heridas y hasta un alud.


La impresión inicial al visitar la exposición de Olafur Eliasson (Copenhague, 59 años) en la galería Elvira González, la quinta que protagoniza en este espacio madrileño, es la de encontrarse frente a una propuesta notablemente distinta a lo que se esperaría del reconocido artista y, al mismo tiempo, perfectamente identificable. Algo así como aterrizar en medio de una estancia nunca vista, pero atravesada por un aroma ya sentido. “Es una muestra muy diferente a la mayoría de las que hago”, concede el propio Eliasson, tras viajar a Madrid para la inauguración de la muestra a principios de marzo, en una charla con EL PAÍS en el sofá de la oficina de la galería. “Pero lo cierto es que siempre he hecho obras sobre papel, y dibujo literalmente casi cada día desde que era adolescente”.


“Tengo una relación muy conflictiva con el trabajo”, nos cuenta Laura Carreira mientras la retratamos junto a la piscina de un hotel barcelonés, con las torres de la Sagrada Familia y de la periferia industrial perfilándose en el horizonte. Y añade: “Creo que los seres humanos no hemos nacido para trabajar, sino más bien para querernos, escucharnos y hacernos compañía. Pero lo cierto es que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo trabajando, y que es eso, a fin de cuentas, lo que determina en gran medida nuestra identidad”.