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Nadie recuerda unas elecciones municipales en Francia tan significativas. O, al menos, simbólicas por el contexto político y lo que pueden explicar sobre el futuro. Las últimas se celebraron en plena pandemia, dos vueltas interrumpidas durante tres meses por el confinamiento, en un periodo donde el macronismo seguía relativamente en forma. Esta vez, los comicios en casi todos los municipios de Francia se celebran en plena descomposición del mandato del presidente de la República y en un clima donde distintos fenómenos políticos, ideológicos y de posibles alianzas se pondrán a prueba en muchos de los 36.000 municipios que votarán este domingo y el próximo 22 de marzo.
Cuando el jurado del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales de 2003 encontró entre los candidatos el nombre de Jürgen Habermas, reconoció sin ambages que no entraría a formar parte de la historia en el futuro, sino que estaba ya en la historia, era ya una cumbre de nuestro tiempo. Y así ha sido.
Los Ángeles está lejos de todo; a veces, incluso, de su propio país. A California, mucho más progresista que el resto de Estados Unidos, la guerra contra Irán parece serle muy ajena. Por las calles de Hollywood, cortadas desde hace días, el comentario más cercano se refiere al precio de la gasolina, que se ha duplicado en una semana (“¿Ocho dólares el galón?“, se escucha). Poco más. Por eso, en vísperas de la ceremonia de los Oscar, que se celebra este domingo bajo los focos de todo el mundo, se respira en el ambiente una gran pregunta: ¿se atreverá Hollywood a alzar la voz ante la compleja situación política que atraviesa el país, aunque sea entre chascarrillos y lentejuelas, o dejará que el show se desarrolle sin despeinarse?

El barcelonismo se prepara para una jornada única en el Camp Nou. Las elecciones a la presidencia del club, convocadas para este domingo (de 9.00 a 21.00), coinciden con la disputa del partido de Liga que enfrenta al equipo azulgrana con el Sevilla (16.15, Dazn). La confluencia abonará seguramente la participación del socio en las urnas y también su presencia en las gradas de un estadio que estrenará la zona del gol norte con unos 14.000 asientos reservados a los abonados y una grada de animación en el gol sud, denominada Gol 1957 —año de construcción del estadio—, para unos 800 seguidores del Barcelona. Hay ganas de revancha porque el Barça perdió en Nervión por 4-1.
Yo también estoy enganchada a La vida secreta de las esposas mormonas. El reality de Hulu que ha destronado en visionados a las Kardashian, y que estrenó su cuarta temporada en Disney+ en España este jueves, es uno de mis refugios disociativos predilectos desde que se estrenó su primera temporada en 2024. Si soy yonqui de la vida de este grupo de madres influencers es porque combina dos de mis vicios favoritos: trata sobre la cultura mormona y se narra bajo los parámetros de la telerrealidad estadounidense —sí, también hay imperialismo en este formato: lo bordan—. Como esto no va de mis filias particulares, sino de un artefacto cultural en concreto, analicemos cómo esta serie documental sobre unas madres que supuestamente solo hacían coreografías desde casas tan aspiracionales como deprimentes se ha convertido en un fenómeno global imparable y por qué, por encima de todo, es la narración postelevisiva que mejor capta el horror gótico de nuestros tiempos.

Dos semanas después de su estallido, la guerra en Irán ha entrado en una fase en la que, de forma paralela a la respuesta militar, la estrategia de Teherán pasa por declarar la guerra a la economía global. Los misiles y drones iraníes han atacado instalaciones de gas y petróleo en Qatar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, y han bloqueado el estrecho de Ormuz, lo que ha disparado el precio del crudo, ha provocado una sacudida en las Bolsas y tiene el potencial de desatar una crisis económica global con graves consecuencias también para los promotores del conflicto. Este sábado, Estados Unidos bombardeó instalaciones militares en la isla de Jarg, la principal terminal petrolera de Irán.
¿Sigue siendo creíble Ursula von der Leyen? El lunes causó un terremoto. Proclamó que el sistema internacional “basado en reglas” está amortizado. Y que como “ya no podemos confiar en él como la única manera de defender nuestros intereses… debemos buscar formas creativas de abordar las crisis”.
La nueva guerra en torno a Irán no solo está reconfigurando el equilibrio de fuerzas en Oriente Próximo. También ha dejado al descubierto verdades incómodas que, durante años, muchos gobiernos preferían no mirar de frente. Lo que está en juego no es únicamente la estabilidad regional: es la arquitectura de la seguridad global y la manera en que los Estados —ricos o pobres, grandes o pequeños— entienden su propia vulnerabilidad en un mundo donde las alianzas son menos fiables y la geografía sigue siendo destino.

He pasado los 80 y no siento que haya llegado la hora de despedirme de la escritura, como ha hecho mi contemporáneo, al que tanto admiro, Julian Barnes, porque cree que ya ha tocado todas sus melodías.