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John Burn-Murdoch publicaba hace unos días en Financial Times un artículo sobre la vivienda que incluía ejemplos de lugares donde políticas como la construcción y la apuesta por la vivienda pública han generado buenos resultados. Podemos imitar medidas que han funcionado o medidas que sabemos que no funcionan. Pero, ahora que somos un país maduro y hemos ganado dos veces la Copa del Mundo, ha llegado la hora de renunciar al unamuniano “que inventen ellos” y apostar por la innovación.
Pensé, al ver ese último aleteo del rabo de Argos en La Odisea de Christopher Nolan (no es spoiler, lleva escrito casi 3.000 años) que nada nos prepara para una muerte vieja. Tampoco el IMAX. Envejecer consiste en volver a ver en pantalla, una y otra vez, las muertes de personajes que ya murieron pero las sucesivas adaptaciones resucitan para arrebatárnoslos de nuevo. Siempre creemos que ya valió, que hemos visto suficientes veces agonizar al tío Ben (o tía) de Peter Parker, pero está escrito en las leyes cinematográficas que en algún momento alguien hurgará en esa herida y tendremos que ver a Artax, el caballo de Atreyu en La Historia Interminable, hundirse en el fango y desgarrarnos el corazón, otra y otra vez.

Se dice que en los pueblos pequeños el infierno es grande. Pero Jesús y Sara me llaman por mi nombre en la frutería y en el supermercado me preguntan cómo me va. Los de la tienda me dicen que me han traído los yogures que me gustan y me regalan un cachito de queso. Puede que el infierno sea grande, pero que te llamen por tu nombre lo acerca mucho más al cielo. Conocer a la gente que te encuentras por la calle puede tener alguna cosa mala, pero no hay día que no me haya sentido en casa. Solo me doy cuenta de que llega el verano cuando la gente por la calle no saluda y tiene tanta prisa que hasta pita en los cruces. Me pregunto si será así en sus ciudades. Personalmente, me quedo con mi infierno.
Cuando Tazeeb Tazeeb llegó a Italia en 2021 tras huir de Pakistán —donde había sido amenazado por su trabajo de periodista— y atravesar a pie la ruta balcánica, pensó que había dejado atrás los problemas. Encontró trabajo en el campo, en la región del Véneto, junto a otros compatriotas, y aceptó un contrato que apenas entendía. “Aquí pone que tienes que hacer lo que yo diga”, le repetía el capataz que había ejercido de intermediario para conseguirle el empleo. Aquella fue la primera señal de alarma.

La pubertad se está adelantando en muchos países, y llega a edades cada vez más tempranas en niños y niñas. Las causas no están claras. Un factor determinante es la creciente obesidad. Otra posible causa, aún no del todo esclarecida, son compuestos químicos ambientales como los disruptores endocrinos. Por la consulta de Jesús Argente en Madrid pasan cada mes decenas de niños a los que parece que se les ha adelantado la pubertad. El médico sabe que su diagnóstico es fundamental. En nueve de cada diez casos no se tratará de una enfermedad poco común conocida como pubertad precoz central, pues su origen está en el sistema nervioso central. Llegar cuanto antes a ese caso entre 10 que sí la sufre puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte, porque esta dolencia a veces se debe a tumores cerebrales.
El parque natural de la Sierra Norte (Guadalajara) ya ha visto arder más de 32.000 de sus hectáreas en el incendio más grande registrado en Castilla-La Mancha. Desde que el fuego se iniciase el pasado jueves en el municipio de La Mierla, no ha dejado de avanzar y aún no está controlado. Las llamas están afectando a un paisaje montañoso particular del norte de esta región con unas condiciones geológicas y botánicas únicas.
La palabra puta es probablemente el insulto más lanzado contra las mujeres y ha sido así por siglos. Esta idea defiende Dominique Lagorgette, catedrática francesa de Lingüística en la Universidad de Saboya Mont Blanc, en Borgoña. Desde hace más de dos décadas, la filóloga de 58 años investiga la evolución del francés desde la Edad Media hasta la actualidad, con un interés particular por la violencia verbal.
El objetivo en las escuelas infantiles públicas de Madrid no puede ser otro que el de resistir de la mejor manera posible hasta el 31 de julio. La etapa de 0 a 3 años es la única que registra actividad a estas alturas del año, precisamente la que acoge a la población infantil más vulnerable. Las altas temperaturas pasan factura a educadoras y bebés durante la tercera ola de calor de este año. Los problemas de climatización son un desafío estructural en muchas escuelas de gestión directa, donde la Comunidad de Madrid asume la gerencia. Hay trabajadoras sobreviviendo con ventiladores y otros aparatos, pero el miedo a que se produzca un golpe de calor es constante, mientras los termómetros superan los 30° en el aula día tras día. Hay clases clausuradas porque son hornos. Los mareos y las jaquecas son frecuentes entre las educadoras, que observan cómo entre los más pequeños se multiplican las alteraciones del sueño, la pérdida de apetito, los sarpullidos y las gastroenteritis. “Los niños se tiran de la colchoneta al suelo en busca de fresco para dormir”, cuenta Esther Sánchez, de 53 años. Trabaja en La Almudena, ubicada en Hortaleza.
En aquesta secció ja ens agrada de tant en tant fer una mica d’apologia de la feina de correcció, que a poc a poc va traient el cap de les catacumbes i va guanyant visibilitat. No fa pas tant de temps, màxim quinze anys, el corrector era una entitat voirosa desconeguda per autors i traductors (era “el corrector” i prou, i no sempre se’n parlava amb amabilitat), mentre que ara poc i molt té un cert reconeixement i n’hi ha que ens podem dedicar a viure d’això. El perill que assetja avui dia els professionals, en tot cas, és que el corrector torni a ser una entitat incorpòria, però amb forma d’intel·ligència artificial.

Para Maha, una estudiante de 22 años de Gaza, progresar en sus estudios de enfermería desde que accedió a una de las principales universidades de la Franja hace tres años ha supuesto un arduo esfuerzo. Debido a la guerra de Israel, la mayoría de sus clases teóricas son lecciones grabadas durante la pandemia, y cuando le surgen dudas, a menudo no hay nadie que se las pueda resolver porque sus profesores están ausentes, heridos o muertos. Tampoco puede realizar prácticas porque la mayoría de los hospitales están dañados, destruidos o colapsados.