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Los humanos podemos acostumbrarnos al escenario más inestable posible y seguir a nuestras cosas como si nada. En un mundo inflamado por los conflictos, hay mucho dinero que busca dónde invertir y grandes empresas con hambre por meterse en operaciones de fusiones y adquisiciones que les permitan dar el salto. Los inversores ya no se asustan por los efectos de un orden global roto en pedazos: eso ya es parte del paisaje. Nadie sabe bien qué va a pasar y, mientras no pase algo terrible, se impone el business as usual. Pero una cosa es comprar acciones y otra cerrar operaciones de mucho calado y muchos millones. En los últimos años, entre la pandemia, la invasión de Ucrania, el caos arancelario de Donald Trump y la guerra en Oriente Próximo, se ha detectado cierto parón en el llamado M&A (mergers and acquisitions). Hay señales de un tímido despertar, pero hay mucho más esperando. Hoy en día, con una Bolsa en la que pueden darse sacudidas por un post de Trump a cualquier hora, y con tensiones que se temen duraderas en el petróleo, los precios y los tipos de interés, lanzarse a una transacción ambiciosa parece a muchos imprudente.
Vox cree haber hallado en la llamada “prioridad nacional” —la discriminación de los inmigrantes respecto a los españoles en el acceso a subvenciones y servicios públicos— un inesperado gancho electoral, una idea que cala fácilmente en amplios sectores de la población, sobre todo en los más humildes, además de incomodar a algunos barones del PP.

Cuando Rosa María Maya, de 54 años, llegó a El Cañaveral, no había centro de salud. Tampoco metro. Ni instituto. Ocho años después, cuenta, todo sigue igual en este desarrollo del sur de Madrid. Sus penalidades alertan sobre los retos que afrontará el alcalde, José Luis Martínez-Almeida (PP), en su apuesta por aumentar en las próximas décadas la densidad de los nuevos barrios de Madrid. La hipótesis preliminar es que allí donde se construyen 35 viviendas por hectárea se llegue al entorno de las 70. Traducido: el Ayuntamiento quiere combatir la crisis de la vivienda construyendo más en el mismo espacio, y maneja provisionalmente una fórmula que habría multiplicado de 120.092 a 302.036 el número de viviendas previstas en los cinco nuevos desarrollos del sur, donde la densidad prevista ahora varía de las 26 a las 32 viviendas por hectárea. Como resultado, el número de habitantes potenciales en esta zona pasaría de 327.000 a 818.000.

Fue ingeniero antes que escritor, aunque es escritor antes que ingeniero. El mexicano David Toscana trabajó durante diez años en la industria, en empresas como General Motors, Mattel (“Fabricando muñecas Barbies”, dice) o Coca-Cola. Se desempeñó en las maquiladoras, esas fábricas en la frontera norte mexicana donde son ensambladas por mano de obra local piezas que se reciben de otras partes del mundo. El costoso laberinto de la producción globalizada.

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Me acuerdo de la única vez que he firmado libros en Sant Jordi porque tuve la suerte de conocer a Miguel Gila. Lo había admirado de niño, antes de la televisión escuchándolo en la radio, viéndolo en algunas películas de pobres en blanco y negro, y luego, al cabo de los años, disfrutando sus viñetas de impávido humor negro en Hermano Lobo, una de aquellas revistas que en pleno franquismo se tomaron la libertad por su mano, antes de que la libertad llegara. Pero en aquel abril de 1995, en Barcelona, lo que le agradecí sobre todo a Miguel Gila fue su extraordinario libro de memorias, Y entonces nací yo, que es uno de los pocos testimonios de los años de la República y la guerra civil contados desde abajo, desde la posición de un pobre soldado de Infantería al que mandan al frente sin entrenamiento alguno y sin vapores ideológicos que lo animen al heroísmo ni a la crueldad.
Qué alegría me dio saber que al PP y a Vox les preocupa tanto la “prioridad nacional” que la han convertido en leitmotiv de sus pactos. La noticia es fantástica, me dije al enterarme en pleno duermevela: ¿Prioridades? Tal vez ahora se ocuparán al fin de la vivienda, inaccesible para tantos ciudadanos. O de la sanidad, que suma listas de espera y a la que la derecha ha dotado históricamente de menos recursos que la izquierda salvo para alimentar a las privadas. ¿O será la educación lo que van a considerar prioritario? ¿O la universidad? No sería mala cosa que volvieran la vista a las facultades públicas y no a esos negocios privados que proliferan en sus comunidades. Qué alivio sentí. ¿O acaso les preocupa resolver la precariedad salarial, una prioridad incuestionable de nuestro tiempo?
La guerra que empezó contra Irán ha girado hasta tener a Líbano como principal afectado. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado una prórroga del alto el fuego con Israel que acababa este domingo, último coletazo de la operación contra Irán empezada el pasado 28 de febrero. Los ataques a la república islámica, encabezados por Estados Unidos e Israel, han cesado tras el acuerdo del 7 de abril, un pacto sin fecha de caducidad. Pero el intercambio de cohetes entre el ejército israelí y el partido-milicia chií Hezbolá, que actúa en Líbano con el respaldo de Irán, ha continuado.

Las casualidades no existen. ¿Qué probabilidad hay de que un usuario de Polymarket logre suculentos beneficios con una apuesta sobre cuándo dejaría Nicolas Maduro de ser presidente de Venezuela? ¿Y qué probabilidad hay de que otros se embolsen más de 35.000 euros por predecir qué temperatura hará en París un día cualquiera? Son inversiones siempre ganadoras dentro de un mercado de predicciones que cada día está más en auge y donde todo se reduce a una respuesta binaria, A o B. Dinero fácil y rápido.

Ignacio Rivera (A Coruña, 61 años) afronta sus últimos días al frente del Instituto de la Empresa Familiar (IEF). El próximo 13 de mayo acaba su mandato de dos años como presidente de una organización que reúne a un centenar de las mayores empresas que operan en España y que suman una facturación que equivale al 16% del PIB español. En el balance de esos 24 meses al frente del IEF, el también presidente de Hijos de Rivera (empresa en manos de la cuarta generación, cuya principal marca es Estrella Galicia) carga contra la polarización política y critica la incapacidad de los dos grandes partidos para abordar desde el consenso los desafíos ligados a la energía, la vivienda o la inmigración. “Es urgente un pacto de Estado y ha sido imposible porque los políticos han estado en modo elecciones y no en modo gestión, como estamos los empresarios”, resalta en una entrevista realizada este miércoles en Madrid.

