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Nigel Farage siempre ha amado el lujo, los trajes bien confeccionados y el buen vino. El dinero, en suma. Por eso no ha extrañado a nadie la revelación del diario The Guardian de que su decisión final de presentarse como candidato, una vez más, en las elecciones parlamentarias de julio de 2024, a pesar de que había anunciado su retirada de la política, tuvo que ver con el regalo de cinco millones de libras esterlinas (unos 5,8 millones de euros) que le hizo el multimillonario Christopher Harborne. Farage justificó esa entrega, sin mostrar demasiado remordimiento, como el vehículo para reforzar su seguridad y la de su familia, su mayor preocupación en ese momento.

Barrio rico, barrio pobre. Una sola calle, la Travessera de les Corts, separa un vecindario de alto poder adquisitivo, como es el de Les Corts de Barcelona y su imponente Camp Nou, con otro de perfil obrero y mucho más humilde, como Collblanc, en L’Hospitalet de Llobregat, la segunda ciudad catalana más poblada, con 282.000 habitantes. El parque de la Marquesa ofrece al visitante un momento de respiro antes de entrar en un entramado de calles estrechas, pobladas de altos y envejecidos edificios que ofrecen una postal de uno de esos típicos barrios de las grandes urbes catalanas levantados en los años cincuenta y sesenta para acoger a la inmigración del sur de España. “Son pisos antiguos, sin ascensor, así que la gente se marcha cuando puede, no vienen parejas jóvenes. Todo se va deteriorando porque no se ha hecho el trabajo que se tenía que hacer”, explica el hombre que regenta un quiosco.


Ibrahim Badr corre, ajeno a la miseria y la incertidumbre que le rodean, entre las tiendas de campaña de familias desplazadas instaladas en un patio de la Universidad islámica de Ciudad de Gaza. Tiene dos años y medio y un inconfundible acento egipcio que delata que aprendió a hablar en el país vecino, lejos de toda su familia y de Gaza.



Christine Lagarde, la presidenta del BCE, se presentó ante los medios este pasado jueves luciendo en la solapa el broche de un búho, el símbolo de la sabiduría con el que dijo identificarse al inicio de su mandato. “No soy una paloma, ni un halcón. Mi ambición es ser un búho”, declaró allá por diciembre de 2019. Fue la proclama con la que avanzó que su intención no sería inclinarse por las bajadas de tipos (con las que la jerga de la política monetaria identifica a las palomas) ni con las subidas del precio del dinero, la postura que defienden los halcones. Más de seis años después, Lagarde está justo en ese punto intermedio, en el de no reaccionar demasiado pronto con alzas de tipos a la subida de la inflación que ya está provocando un petróleo mucho más caro —y dañar de forma precipitada el crecimiento como le sucedió en 2011 a su antecesor Jean-Claude Trichet— ni subirlos cuando ya sea tarde y la inflación campe a sus anchas, como ocurrió en 2022, el año en que la guerra de Ucrania sumió a Europa en una crisis energética. La inacción sin embargo promete durar poco tiempo, a la vista de que el shock energético que está provocando la guerra en Oriente Próximo se prolonga.
“Mira, ahí lo pone: 1966”. El padre de Rafael Jódar, también Rafael, se acerca a la estatua conmemorativa y profundiza en los orígenes históricos del Club de Tenis Chamartín, fundado hace 60 años por un grupo de amigos que se reunían en la Ciudad Deportiva del Real Madrid y que decidieron comprar unos terrenos al norte de la ciudad, dentro de la almendra central de hoy. “Esto es nuestra casa, vivimos aquí”, dice el hombre, que una hora antes empujaba un carrito cargado de pelotas en la pista 13 mientras llovía a cántaros. Bajo la cubierta, un esquema básico: él, su hijo y un compañero. Nada más. Una escena absolutamente extraordinaria en el paisaje tenístico actual, donde los tenistas viven rodeados de satélites allá por donde van.
La sede de la federación española sigue radicada en Barcelona, pero el protagonismo de Madrid es creciente. Paula Badosa se ejercitó en su momento en la capital (Ciudad de la Raqueta) y también lo ha hecho la gallega Jessica Bouzas. Tras el cambio de residencia, lo hace el veterano Pablo Carreño.
El caso de Mérida es especial. El madrileño, de 21 años y 86º de la ATP, se moldeó fundamentalmente en el Club Atlético Montemar de Alicante, aunque desde hace dos años compite para el Chamartín. “Hemos intentado captar el talento de Madrid, aunque no se hayan formado aquí”.
Linares Corral habla del “orgullo de pertenencia” y apunta que además de los tres jugadores citados, su club ha logrado reunir a otros oriundos como Álex Moro, Miguel Lamas o Sergi Pérez Contri. “Tenemos un grupo de ocho o diez profesionales y que son de aquí”, especifica.
Además del tenis, en el Chamartín se practican la natación y el pádel, e históricamente ha acogido en sus pistas a Fernando Verdasco, Pato Clavet, Guillermo García-López, Tita Torró o Silvia Soler. Por el Grand Prix también pasaron Emilio Sánchez Vicario, Sergi Bruguera o Àlex Corretja.
De 1996 a 1998, precisa la página web del club, se celebraron los Open Villa de Madrid Trofeo Páginas Amarillas contando con la presencia estrellas como Mónica Seles, Jana Novotna, Mary Joe Fernández, Gabriela Sabatini, Arantxa Sánchez Vicario o Conchita Martínez, entre otras.
Un año después de haber estado en un buen hotel habrá olvidado casi todo menos el olor. Esa fragancia diseñada para hacerlo sentir por un tiempo un mortal levemente superior al resto habrá quedado almacenada en algún rincón de su hipocampo con un 65% de precisión, según apuntan algunos estudios. El día que regrese, reconocerá de inmediato la sensación: ha llegado a un sitio que huele a caro —olor a rico—, que se dice ahora en TikTok, así que alguien se hará cargo de usted por unos días siempre que su tarjeta de crédito también huela a rico, o al menos a persona solvente con disposición a gastar dinero.
No es una pregunta retórica. Después de hablar con varias personas, hombres y mujeres, de diferentes tendencias sexuales, ninguno supo responder para quién trabajan exactamente aquellos que se musculan hasta la hipertrofia en el gimnasio, o los que cuentan por cientos los ejercicios abdominales para sacar un six pack (o tableta de chocolate) debajo de los mínimos gramos de grasa que aún conserven en el abdomen.
En el mundo jardinero, y con el paso de los años, el abanico de gustos de una persona se amplía a medida que se cultivan más y más plantas. Así le ocurrió a Jesús Hernández, cultivador madrileño, aunque informático de profesión: “Al principio no me gustaban los rosales, ni tampoco las especies que tenían flores muy grandes, prefería aquellas más sutiles y pequeñas, y descartaba los floripondios, me parecían excesivos”, puntualiza. Con el correr de los años, su terraza se fue transformando, al igual que sus preferencias. “Un día me regalaron un rosal sencillo, con flores de cinco pétalos, así que me empecé a interesar por ciertos rosales que tenían un aire más silvestre. Y lo mismo me ocurrió con el otro veto que tenía hacia las flores enormes una tarde que estaba navegando por internet, buscando viveros especializados. Cuando vi cómo uno de ellos comercializaba docenas de amarilis, caí enamorado y compré varios para mi jardín en macetas”, recuerda.

Es 2026 y parece increíble que a estas alturas se siga hablando de mitos obsoletos como los de buena madre o mala madre, “cuando son términos que hacen mucho daño, porque la mayoría de las mujeres intentan hacerlo lo mejor que pueden o lo mejor que saben”, explica a EL PAÍS Iria Marañón (Madrid, 49 años), periodista, filóloga y autora de cuatro libros sobre maternidad y feminismo. El último es Somos revolución, somos feminismo (La esfera de los libros, 2025), en el que invita al lector a descubrir qué es el feminismo, a identificar las desigualdades de género que siguen existiendo y a disfrutar aprendiendo de la historia de las mujeres y “cómo tanto chicas como chicos tenemos el poder de cambiarla”.
La guerra en Irán ha sacudido los mercados y sembrado incertidumbre sobre el suministro energético mundial desde marzo, pero no ha frenado la carrera por el liderazgo en la inteligencia artificial. Anthropic acaba de anunciar una de las mayores inversiones de los tres años de auge de la IA: un compromiso de 100.000 millones de dólares a diez años en centros de datos de Amazon. Menos de 24 horas después, SpaceX —la empresa espacial de Elon Musk reconvertida desde febrero en conglomerado tecnológico— compró una desarrolladora de IA por 60.000 millones. OpenAI tampoco se queda atrás. A principios de abril, en plenos bombardeos en el Golfo, cerró una ronda de financiación en la que recaudó 122.000 millones de dólares, una cifra sin precedentes en la historia del sector.