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La nueva fiscal general del Estado, Teresa Peramato, completó el pasado jueves un proceso de renovación interna que ha provocado duras críticas por parte de quienes entienden que con esta ronda de nombramientos discrecionales ha purgado a los detractores de su predecesor inmediato, Álvaro García Ortiz. La Unión Progresista de Fiscales (UPF) ha reaccionado denunciando una campaña de "deslegitimación sistemática", alejada de lo que cree que deberían ser críticas formuladas “desde el rigor, el respeto y la lealtad institucional".
Es un músico popular en todo el sentido del término, pues es conocido y su música se hunde en aquello que nos suena familiar, que parece llegado con las primeras papillas. En consecuencia, hacerse mayor no puede sino favorecerlo; el tiempo otorga cátedra, las palabras suenan más sabias y las canciones se agigantan, pues el público ha tenido aún más tiempo para hacerlas suyas, vincularlas a su vida y convertirlas en catecismos de la vida de barrio. Tal que un Lazarillo de Tormes contemporáneo, sus canciones reflejan la pillería y el gracejo de quien necesita de ambas cosas para vivir, y sus frases, escritas con la poesía a veces tierna, a veces tunante, siempre con la chispa de la frase sencilla, van por la vida en zapatillas, tratándola con doméstica familiaridad. Kiko Veneno tiene 74 años, pero sus canciones no tienen edad. En una nueva gira pasó por Barcelona estrenando algunas nuevas que formarán parte de su próximo elepé, dejando clara su vitalidad, también su carácter y cantando esas grandes verdades de bolsillo que lo hacen único. Kiko Veneno es un reflejo de cómo éramos, la foto de unos tiempos que están capitulando, atropellada su humanidad por velocidades que no dejan ver.
A Eros Ramazzoti se llega pronto. Mejor dos horas antes. Y con bocata envuelto en papel de plata porque sus seguidores no reciclaban en el siglo pasado. A Eros se llega, al Palau Sant Jordi de Barcelona, con la esperanza de que cantará las canciones de siempre, las de los 80 y 90, porque de las nuevas se sabe poco. Y el italiano, por suerte, no decepciona. Empieza puntual, a las 21 horas. Y enseguida te recuerda por qué Eros era imprescindible en tu walkman.
“Si el planeta Tierra tuviese un altar capaz de hablar por sí mismo, ese altar sería Copacabana”. Lo decía la propia Shakira hace unos días y desde ese altar, la playa más famosa de Río de Janeiro y del mundo, fue aclamada reina de la música latina por un mar de gente. Según el balance oficial de las autoridades, dos millones de personas. El concierto más multitudinario de su carrera y el mayor de un artista latino en la historia.

Amanece en La Habana. Es Primero de Mayo, Día de los Trabajadores, y la gente comienza a congregarse desde temprano en cuatro puntos estratégicos de la ciudad para marchar con carteles y pancartas hasta los predios de la Tribuna Antimperialista, el escenario que Fidel Castro ordenó construir en el año 2000 para hablarle directamente a Estados Unidos o reclamar la devolución de Elián González, el niño de seis años que Cuba convirtió en un trofeo político frente a Washington. Parece todo tan lejano: Castro murió hace una década y Elián, de 32 años hoy, se graduó de ingeniero industrial y tuvo una hija. Hay ciertas cosas, sin embargo, que permanecen intactas: la eterna guerra fría con los estadounidenses y la advertencia a los cubanos de que, si se ausentan del desfile, podrían perder el poco salario del mes, incluso el puesto laboral, o ganarse que el jefe les mire con malos ojos.

Cuando salía en su coche de la sede del partido, cinco furgonetas con los cristales oscuros le cortaron el paso. No recuerda cuántos hombres bajaron, pero vestían de negro, tenían la cara cubierta con pasamontañas y llevaban fusiles. A partir de ahí, todo se vuelve más borroso. La suben al asiento de atrás de una de las camionetas, le vendan los ojos y empiezan a dar vueltas por Culiacán, la capital de Sinaloa. No hay golpes ni insultos, solo amenazas muy veladas como “tenemos a medio Culiacán, aquí” o “cuando quieras te llevamos a tu casa”. Casi nueve horas después, mientras el sol ya empieza a asomar por las suaves montañas que rodean la ciudad, a Paola Gárate le quitan la venda de los ojos y la sueltan cerca de un supermercado. Era domingo y en unas pocas horas abrirían las urnas para elegir al nuevo gobernador del Estado. Así, entre aturdida y aliviada, comenzó la jornada electoral de la presidenta del PRI de Sinaloa.



