Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
Robert Millar fue, en la España de los 80, el escocés del pendiente, una expresión homófoba que justificaba, hace 40 años, la tirria que se le tenía durante la Vuelta al ciclista de Glasgow, porque nuestro héroe, Perico Delgado, no lograba derrotarle en la Vuelta. Lo consiguió solo a costa de una gran coalición de todos los equipos españoles capitaneada desde las ondas por José María García, que renunciaron a sus objetivos particulares por un bien mayor y volvieron loco al equipo Peugeot de Millar en la travesía de la sierra de Navacerrada. Perico ganó la Vuelta y Millar encontró aún más razones para alimentar su bien ganada fama de borde y arisco.
Era cuestión de tiempo que la complejísima obra de David Robert Mitchell (It Follows, Under the Silver Lake), repleta de capas, pura posmodernidad cinematográfica, inspirase, o se convirtiese en el punto de partida de un nuevo tipo de terror —y no solamente terror—, uno nuevo en un sentido clásico, poderosamente estético y narrativamente saturado. La primera muestra, y muy brillante, es la miniserie-milagro de Haley Z. Boston, Algo terrible está a punto de suceder (Netflix). Hay en ella el plano fijo y lejano de John Carpenter (Halloween) que David Robert Mitchell reinventó en It Follows, conversaciones aparentemente absurdas que sin Tarantino (Reservoir Dogs, y, sobre todo, Kill Bill) no existirían de la forma en que lo hacen, y el alma de todo el terror escrito (y dirigido) por mujeres este siglo XXI.
Algún medio sacó el video de la llegada de María Iborra a casa de su madre, Verónica Forqué. María iba con mallas, una bomber y gafas de sol. Los flashes la ametrallaban con la misma ráfaga sonora que los hubiera acompañado en una alfombra roja, pero el sonido era bien diferente; la ocasión también lo era.
Thalía tiene 18 meses y gatea a toda velocidad por la cama en la que descansa su hermano Neizan, de seis años. La niña le abraza y da dos besos antes de mirar con una sonrisa radiante a quien graba la escena. “Lo adora. Con lo pequeñita que es, impresiona ver el cariño que le da y cómo lo mima. De alguna manera, es como si ya fuera consciente de todos los cuidados que él necesita”, explica Andrea Téllez mientras muestra, en el salón de la casa en la que vive con sus padres en Massamagrell (Valencia), las imágenes de sus dos hijos.
Empecemos por ustedes, los lectores. Tienen, desde 1985, alguien que les defienda de nosotros, los periodistas. El asunto es bien curioso. Y el cargo, complejo. “A veces cruzo la redacción y siento cómo se me mira de reojo por si me dirijo a alguien. O, si me paro para preguntar cualquier cosa, cómo esa persona se tensa, pensando que vengo con alguna queja”, cuenta al teléfono, entre divertida y resignada.

Rafael Fraguas, Pedro Montoliú, Julián García Candau, Karmentxu Marín y Bernando Pérez, todos ellos miembros de la primera redacción de EL PAÍS de hace 50 años, acordaron poner en marcha el recuerdo de aquellos tiempos. Eran los primeros días de marzo de 2026. Fraguas fue el que los juntó, como “animador-organizador de la idea”. Convocó a todos los que pudo hasta que entre todos se fueron convocando. El pasado martes rememoraron los 50 años de EL PAÍS en un restaurante de Madrid.
Suena el timbre y los pasillos del instituto público El Ravatxol, en Castellar, una pedanía de Valencia que linda con los campos de arroz de la Albufera, se van llenando de chavales que salen de clase. Algunos llevan mochilas, libros, bocadillos envueltos en papel de plata, pero no se ve ni un móvil. “Antes era tremendo, hemos tenido que bregar mucho, pero la prohibición de no sacar el teléfono en el centro se cumple de forma general. Lo tienen asumido, aunque aún confisquemos alguno”, afirma la directora, Belén Marzá. En pleno debate sobre la implantación de otra restricción en el uso de los dispositivos por parte de los adolescentes, los 16 años como edad mínima para estar en redes, el ejemplo de los institutos muestra que las prohibiciones pueden funcionar, al menos en una institución acostumbrada a hacer cumplir reglas como es la escuela.
Los alquimistas medievales persiguieron una quimera durante siglos: la piedra filosofal, un material capaz de transformar metales corrientes, como el plomo y el hierro, en el codiciado oro. El físico español Pablo Jarillo Herrero está en las quinielas del Premio Nobel porque ha descubierto algo parecido: una “piedra filosofal inversa”. No es una sustancia que transmuta cualquier elemento banal en una joya, sino un material inverosímil que “se convierte en todas las cosas”, según expone el científico.


La maquinaria de prensa funciona a la perfección dentro del palacio que alberga la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) en Madrid. En una galería del edificio modernista, la cantante Rebeca (Barcelona, 47 años) posa para los fotógrafos más madrugadores; es el comienzo de un largo día de promoción del nuevo remix de Duro de Pelar, que este 2026 cumple 30 años. Junto a la catalana están también los responsables de esta versión del éxito de 1996, Sofía Cristo y Dany BPM: “Yo les digo que le han puesto mucha zapatilla. Es Duro de pelar ya a las tantas de la mañana", bromea la artista. Durante la sesión de fotos, Rebeca se pone y se quita los anillos que le ha pedido prestados a una fotógrafa para un retrato: “¿A que esto no te había pasado antes?“, le pregunta entre risas.


¡Lorca en Cannes! La selección de La bola negra, la última película del tándem Javier Ambrossi y Javier Calvo, como una de las tres representantes españolas en la sección oficial a concurso del próximo festival de cine de Cannes (que se celebra del 12 al 26 de mayo), ha generado entusiasmo: más que de nadie, de los propios autores, que han asegurado sentirse “bendecidos por Lorca”. Su guion se inspira tanto en el esbozo de una pieza teatral del mismo título que Federico García Lorca no pudo terminar (acababa de ponerse a ello cuando fue asesinado por el bando sublevado durante la Guerra Civil en 1936) como en otra obra, esta sí completa, del dramaturgo contemporáneo Alberto Conejero, La piedra oscura. Aunque por su estructura en varios planos temporales interrelacionados más parece aproximarse a referentes como Las horas, novela de Michael Cunningham y película de Stephen Daldry, o Antonieta de Carlos Saura, con un canje de escritores, de Virginia Woolf y Antonieta Rivas Mercado a Lorca.