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De entre todas las realidades que nos condicionan, la menos nombrada en los últimos años es la clase. Haga usted la prueba: busque en cualquier medio piezas centradas en cuestiones generacionales, raciales, de diferencia u orientación sexual. Cuéntelas y compare su número con aquellas que hablan de ricos y pobres.
Uno de mis parientes más jóvenes viene a cenar a casa. Se concentra en el camión de juguete que le regalo, se mantiene en un silencio tozudo. Cuando terminamos de cenar le digo que vayamos a mi estudio. Se levanta, pide que le dé la mano para atravesar el pasillo. Ya en el estudio, le muestro libros de mi infancia, de esos que llaman pop up y despliegan figuras en tres dimensiones. Él pasa las páginas mirando construcciones de papel que tienen más de 50 años, ajadas por el toqueteo de mis manos infantiles, un rastro fósil que no puede percibir. Bajo de un placard un perro de plástico blando, Pluto, con el que aparezco en una foto, tomada en la galería de la casa de mi abuela alemana, a los dos años. Un perro que tiene mi edad. Le toca las orejas, habla como un loro: leeme ese cuento, quién es el señor de esa foto (no sé cómo explicarle que la única foto que hay en mi estudio es de mi editor uruguayo, Homero Alsina Thevenet, entonces le digo que era mi maestro). De pronto mira un libro viejo que está en un estante. Lo señala. Se lo acerco. Le digo: “Es el Struwwelpeter, me lo contaba tu bisabuela”. Pasa las páginas, acaricia la melena de ese muchacho que se negaba a cortarse el pelo y las uñas. Dice. “Contame”. No sé alemán, recuerdo la historia porque mi abuela me la tradujo cientos de veces. La dulcifico, no le digo que el muchacho terminó con los dedos mutilados por negarse a un corte de uñas. Él se sienta en mi regazo en un movimiento inesperado y conmovedor. ¿Por qué se acerca así, como si yo le perteneciera? Me pregunto si este pequeño instante quedará grabado en sus recuerdos como quedará en los míos. Ese lazo de sangre y memoria, yo contándole el cuento que me contaba mi abuela. Le digo que hay helado, pregunta si es de chocolate, le digo que sí. Se baja de mi regazo, me extiende la mano y vamos juntos por el pasillo, atravesando las grandes, las hermosas aguas, hacia nuestros futuros inciertos.
Al caer la tarde, cuando las oficinas de la Unión Europea empiezan a vaciarse, brotan en las calles de Bruselas, decenas, cientos de bolsas de basura de colores. Algunas permanecen alineadas con disciplina geométrica frente a las fachadas de las casas. Otras, medio abiertas, dejan escapar una porción de pizza, un pañal sucio, un montón de cartones o las mondaduras de patata que alguien acaba de despachar. En algunos barrios, los cuervos o los ratones llegan antes que los camiones de la basura que pescan las bolsas azules, amarillas, blancas o naranjas en las calles de Bruselas, una ciudad sin contenedores al uso.
“Audasa tiene esa información a un clic”, recalca Diego Maraña, presidente de En-Colectivo, la asociación de consumidores y usuarios de Vigo que ha ganado una importante batalla a la concesionaria de la Autopista del Atlántico, AP-9, en el Supremo. La empresa fue condenada hace medio año por el alto tribunal, que declaró improcedente el cobro íntegro de peajes durante las 81 incidencias reconocidas a lo largo de las obras de ampliación (2015-2018) del puente de Rande, que enlaza las orillas norte y sur de la ría de Vigo y conecta la mayor ciudad de Galicia. “Le dimos a Audasa un margen de seis meses después del fallo para que demostrase esa ‘buena fe’ que dice que tiene con los gallegos, porque esta era su oportunidad”, explica el portavoz de este colectivo ciudadano que agrupa a 500 socios, “pero la realidad es que no ha hecho nada. Es más, sigue peleando en el Constitucional con el argumento de que se ha vulnerado su derecho a la tutela judicial efectiva”. La sentencia de 2025 obliga a la concesionaria a devolver el dinero de los peajes, pero lo que ha de pagar es, según En-Colectivo, “imposible” de calcular hoy. Para ello es preciso saber cuántos conductores se vieron atrapados en las “colas inmensas”, los cortes, los desvíos y las “retenciones tremendas” provocadas por las obras, dice Maraña.
En el Open de Australia de este año 2026, se pudo ver al tenista español Carlos Alcaraz quitarse, en pleno partido, una pulsera inteligente que monitorizaba variables como la frecuencia cardíaca, la respiración, la temperatura o la calidad del sueño. En el deporte profesional es común el uso de datos e indicadores que permitan tomar mejores decisiones. Sin embargo, a veces se plantea el dilema de si más datos permiten entrenar y competir mejor. Este planteamiento también es muy relevante para la población en general. En la actualidad, cualquier persona puede registrar muchos datos mientras camina, corre o va al gimnasio, pero sin un valor claro de su utilidad, la abundancia de información puede derivar en todo lo contrario: entrenamiento inadecuado o, lo que es peor, la imposibilidad de controlarlo todo.
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Així com la protagonista de Benvolguda, l’anterior novel·la d’Empar Moliner (Santa Eulàlia de Ronçana, 1966), Remei Duran, dibuixant d’èxit de cinquanta i tants anys, sexualment apàtica i amb “el certificat de menopàusica oficial”, mare d’una criatura i casada amb un músic, preveu sense cap mena de dubte la pròxima infidelitat del marit, i gèlidament i furiosament determina intervenir-hi perquè les coses inevitables almenys passin segons com ella vol, Clàudia Pruna, polèmica articulista, loquaç tertuliana radiofònica i aclamada novel·lista, la protagonista d’Instruccions per viure sense ella, també decideix agafar el timó i governar, amb la construcció d’una tramoia desaforada, el rumb que han pres les circumstàncies irremeiables que l’abocaran a la mort en un futur horripilantment immediat: el diagnòstic mèdic és inequívoc i el càncer ha entrat ja en una fase terminal. Llegim Instruccions per viure sense ella, situable com a mínim a la mateixa altura qualitativa de Benvolguda, i ens preguntem on és aquella Empar Moliner que amb una incontenible i vitalíssima violència fustigava la insatisfeta existència i els fútils anhels d’una classe mitjana que no sabia com aprofitar el seu benestar, en quin moment de la seva obra es produeix el clic que la impulsa cap a la contundent i sàvia profunditat literària on es troba ara. Jo diria que el localitzem en un conte molt breu inclòs a És que abans no érem així, ‘La garsa’: “Enmig de la carretera hi ha el cadàver aixafat d’una garsa. Al seu costat, una altra garsa crida, s’esgargamella, potser avisa les altres. Entén, a la seva manera, que la garsa de la carretera, plana, com una taca de pintura, ha deixat de tenir vida i ja no s’aixecarà. Crida, crida, crida. De seguida se la comença a menjar”.
Como ya es sabido, los ritmos de la justicia son muchas veces imprevisibles, lo cual no merma las consecuencias de sus decisiones, sino que en ocasiones las acrecienta. Uno de los fallos más importantes que tiene pendiente el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) es el relativo a las impugnaciones del Tribunal de Cuentas y la Audiencia Nacional contra la aplicación de la ley de amnistía al líder de Junts, Carles Puigdemont, y otros impulsores del proceso independentista catalán. La cuenta atrás empezó en septiembre de 2024, cuando se presentaron en Luxemburgo —sede de aquel tribunal— las correspondientes cuestiones prejudiciales sobre el caso.

Viajar en la red de Rodalies de Cataluña ha dejado de ser gratuito, este sábado 9 de mayo, después de restablecerse el 96% de la oferta que se prestaba antes del accidente ferroviario de Gelida el 20 de enero. Lo peor de la crisis parece que ya ha pasado, aunque todavía están muy presentes obras de urgencia y limitaciones temporales de velocidad por la mala situación de algunos tramos. No será hasta principios de verano cuando se restablecerá al 100% -o casi- la oferta previa a la gran crisis. Saturada de obras de urgencia, Renfe cerró el primer trimestre del año con una pérdida de uno de cada cuatro viajeros que utilizaban el servicio. Solo 20,9 millones de usuarios viajaron en el primer trimestre en la infraestructura catalana frente a los 27,9 millones del mismo periodo de 2025. Tanto la Generalitat como el Ministerio de Transportes espera recuperar pronto gran parte de los viajeros perdidos. Aquellos usuarios que vuelvan a Rodalies se encontrarán, pronto, con nuevas obras que buscan revertir las consecuencias de décadas de falta de inversión. Estas son las principales intervenciones que se realizarán en un futuro más o menos cercano