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“Yo soy biznieto de Carlos Arniches, y tiene un sainete que acaba de cumplir 105 años, que se llama Los caciques, que alude exactamente al trato de favor familiar, sobre todo en corporaciones locales. Y estoy aquí como víctima. Yo he denunciado ante el canal interno de una sociedad que cotiza en el Ibex”, se oye decir a una voz del público durante el acto que el pasado 9 de diciembre, aprovechando el Día Internacional contra la Corrupción, organizó y grabó en vídeo la Fundación Ortega Marañón en Madrid con el título “Integridad y protección de las personas denunciantes”. El biznieto de Arniches era una de ellas. Había denunciado un presunto caso de nepotismo en una sociedad público-privada, propiedad del Ayuntamiento de Alcalá de Henares y una filial de Mapfre, la multinacional en la que trabajaba desde hacía más de 30 años como abogado. Fue suspendido fulminantemente y despedido un mes después, en febrero de 2025, pero ha acabado ganando. El juicio en el que alegaba que su despido era una represalia por la denuncia iba a celebrarse el pasado 10 de abril, pero minutos antes de que se abriera la audiencia pública, Mapfre aceptó indemnizarlo con 1.150.000 euros, según la resolución judicial a la que ha tenido acceso este diario.
“Vivíamos rodeados de periodistas y escritores”. Así recuerda su infancia Juan Luis Cebrián (Madrid, 81 años). Su padre desempeñó cargos de responsabilidad en los medios de comunicación del franquismo y su tío llegó a ser director de Abc y La Vanguardia. Joven promesa del periodismo del Madrid de los sesenta, Cebrián fue el primer director de EL PAÍS cuando solo tenía 31 años y ya acumulaba mucha mili en el oficio: Pueblo y Cuadernos para el Diálogo, Televisión Española e Informaciones. Personaje mítico del cuarto poder de la democracia, tan temido como reverenciado, fascinante y odiado, atraviesa puntual la puerta giratoria del hotel Intercontinental.

Hay una conversación que se repite desde hace años en foros como Reddit o Forocoches. Alguien tiene ganas de hacer algo —acudir a un concierto, empezar a practicar determinado deporte o probar la comida libanesa— pero no se decide porque no tiene quien lo acompañe. Entonces cuelga un post en el que pide consejo, porque teme acabar como un usuario que fue a una fiesta donde pinchaban su música favorita y terminó agobiado. Es un mensaje real: “Me siento fuera de lugar porque estoy solo y todo el mundo está con amigos. ¿Qué hago? No quiero parecer un bicho raro o dar mala espina. Creo que todo el mundo me está mirando”.
Al proceso judicial contra la familia Pujol le han faltado testimonios que tirasen de la manta (si es que hay manta de la que tirar) y le ha sobrado tiempo. A diferencia de otros casos de presunta corrupción política, nadie ha alzado la voz para reconocer, aunque sea a destiempo y para rebajar su pena, pagos indebidos a cambio de adjudicaciones públicas que, por cierto, ni están ni se las espera ya en el juicio. Las dilaciones en el proceso —23 años desde que Jordi Pujol dejó la presidencia de la Generalitat, 14 desde que empezaron a investigarse los negocios de su primogénito— tampoco han ayudado a esclarecer la supuesta red de influencias tejida por la familia al abrigo del expresident. La tesis de máximos de la Fiscalía Anticorrupción (que el dinero oculto en Andorra procede de la corrupción) permanece sin pruebas sólidas, circunstancia a la que se ha sumado ahora, en la recta final, la desaparición del juicio del propio Pujol, incapacitado para hacer frente a un proceso penal y exento ya de cualquier responsabilidad.
Un saber ancestral heredado de las señoras andaluzas hace que cualquier nacido en esta tierra medio sepa aviárselas para estirar hasta tres platos de un puchero: el consabido caldo, la ropa vieja y unas croquetas. Un foodie diría que eso es cocina de aprovechamiento resiliente, pero es simplemente quitar la hambre (en femenino coloquial andaluz) con mucho ingenio. Pues José Ignacio García (Jerez de la Frontera, 38 años), líder de Adelante Andalucía, se ha pasado los últimos cuatro años a puchero diario en el Parlamento autonómico: estirando un presupuesto mínimo y dos diputados frente a la mayoría absoluta del popular Juan Manuel Moreno. “Pero cuando no hay dinero, surge el ingenio, la gente se exprime la cabeza”, asegura. Y parece que la fórmula está funcionando con creces.

La imagen de Sabastian Sawe levantando los brazos en el centro de Londres bajo una pancarta de meta en la que el reloj marca 1:59:30 es ya uno de los momentos estelares de la historia del deporte profesional y abre una época de marcas impensables en la prueba más épica del atletismo. El corredor keniano, de 31 años, es el primer hombre de la historia en correr los 42,195 kilómetros del maratón en menos de dos horas, un récord que los mejores de esta distancia, como Kipchoge o Gebreselassie, han perseguido sin éxito durante todo este siglo. Lo extraordinario es que el segundo en la carrera, Yomif Kejelcha, también bajó de las dos horas. La hazaña de Sawe, y la menos publicitada de Kejelcha, recuerda que hay límites humanos que parecen insuperables, y no lo son.
A través de la cultura popular global, accesible en redes, llegan tendencias que revelan la necesidad que tienen más y más adolescentes y jóvenes de replegarse de las exigencias de un mundo cada día más acelerado, ruidoso y violento y buscar una vida más auténtica en sus términos. Más allá del incipiente giro religioso que posiblemente se esté produciendo en Occidente, es posible observar una sensibilidad emergente en torno al recato, esa mezcla de cautela, reserva y modestia que define la RAE, entre parte de la juventud global.