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Hace dos años, el naturalista Ernesto Díaz habló por primera vez con su amigo Eloy Revilla, director de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), sobre una idea que le rondaba desde que, durante un paseo con sus hijos, se detuvo ante los leones del Congreso de los Diputados. No dejaba de pensar en ese animal, desaparecido de Marruecos por varias causas, entre ellas, la caza en la época colonial, y planteó la posibilidad de ofrecer becas a estudiantes españoles para investigar procesos vinculados a la biodiversidad en África. Revilla, su amigo, le preguntó: “¿Has oído hablar del colonialismo académico?”. Díaz nunca se lo había planteado. La iniciativa podría ser valiosa, pero en sentido inverso. En lugar de enviar estudiantes españoles a África, serían jóvenes africanos quienes vendrían a formarse a España, en un intento —en palabras de Díaz— de “devolver parte de la biodiversidad que durante la presencia colonial española arrebatamos a esos territorios”. La propuesta se ha traducido en una proposición no de ley (PNL) que Sumar llevará al Congreso para su debate en la Comisión de Ciencia, Innovación y Universidades.
Tres cabeceras históricas de la prensa británica están ya en manos de inversores extranjeros. El Financial Times (FT) fue adquirido en 2015 por el grupo mediático japonés Nikkei, que pagó a la compañía Pearson 844 millones de libras (unos 975 millones de euros al cambio actual). Axel Springer, propietario de medios legendarios como Bild o Die Welt, pero también de nuevos formatos digitales como Politico o Business Insider que han revolucionado con aire fresco y éxito el panorama internacional periodístico, se ha comprometido a pagar 575 millones de libras por The Daily Telegraph, el diario referencia de los conservadores británicos. Finalmente, el multimillonario canadiense Stephen Smith, a través de su compañía financiera Smith Financial, se ha comprometido a comprar un 26,9% de las acciones del prestigioso semanario The Economist a Lynn Forester de Rotschild, de la famosa dinastía de banqueros, por una cantidad que no ha sido desvelada pero rondaría entre 300 y 400 millones de libras.
Los taxistas en Lima ya no llevan cambio. Los conductores de aplicaciones como Uber o Cabify, tampoco. No llevan datáfonos ni prefieren los pagos dentro de las aplicaciones financieras. Lo que esperan es que sus clientes saquen su teléfono y les yapeen, es decir, que entren a una billetera electrónica llamada Yape y les hagan una transferencia escaneando un código QR o tecleando su número de móvil.
La presión aumenta para reabrir el estrecho de Ormuz, que Irán mantiene bloqueado desde hace cinco semanas y por donde transita una quinta parte del petróleo y gas natural que se consumen en el mundo. Donald Trump ha condicionado a la liberación y apertura de ese paso la negociación de un alto el fuego, según publicó el miércoles en sus redes sociales. Y este jueves, un grupo de 35 países de todo el mundo liderado por Reino Unido —e incluidos dos Estados del Golfo, Emiratos Árabes Unidos y Baréin— se reúne para garantizar el libre tránsito una vez concluya el conflicto en Oriente Próximo. Sin embargo, el principal escollo a la paz y a la reapertura del estrecho se mantiene: la exigencia de Teherán de imponer un peaje, que complica las negociaciones.
Está fuera de los circuitos habituales de la banca, alejado del escrutinio público de los activos cotizados. Pero su importancia es clave. El crédito privado es un gigante oculto que gestiona 1,8 billones de dólares (1,6 billones de euros) en activos en todo el mundo. Karl Pettersen (50 años, Neuilly-sur-Seine, Francia), codirector de calificaciones corporativas de la agencia Scope Ratings, advierte de que el “secretismo permite el mal comportamiento” y sentencia que el mercado necesita credibilidad.
Ya que la cuestión del velo es otro de los temas que la ultraderecha ha introducido en el debate público, quizá sea un buen momento para atender a aquellas personas que saben de lo que hablan. Estos días, en La Casa Encendida de Madrid, puede visitarse una pequeña pero interesante instalación titulada The Fold de la artista iraní residente en Melbourne Hoda Afshar. Su trabajo elude el carácter testimonial que casi siempre se le presume a una artista de “Oriente” que vive y trabaja en “Occidente” y en su lugar nos devuelve, como en un espejo deformado, nuestros propios fantasmas coloniales.
Al principio fue un malentendido. Luego, una broma alentada por un músico sueco al que siempre le ha sobrado el buen humor. Y, a la postre, un soberbio disco doble (¡y hasta una novela homónima!) con 16 canciones nupciales. Imaginarias o no, pero casi siempre más ingeniosas que cualquier serie de medio pelo en esa plataforma televisiva que acaba de venirle a la cabeza.

De todos los datos que resumen la llegada de los españoles a América hay uno devastador: en 150 años, la inmensa mayoría de la población había desaparecido. El historiador estadounidense Greg Grandin, ganador del Premio Pulitzer, publicó en 2025 America, América. A New History of the New World (Penguin Press, todavía no traducido), una historia del continente desde Colón. Así resume lo que ocurrió durante la conquista y las primeras décadas de la colonización: “Entonces comenzaron a morir. La opinión generalizada es que la población se redujo entre un 85% y un 95% en el plazo de un siglo y medio. La conquista española, impulsada a un ritmo implacable por el Reino de Castilla en plena consolidación, inauguró lo que los demógrafos Alexander Koch, Chris Brierley, Mark Maslin y Simon Lewis denominan ‘el mayor episodio de mortalidad humana de la historia en proporción a la población mundial’, con una disminución de más de 56 millones de personas en 1600. ‘El mayor genocidio de la historia de la humanidad’, escribió Tzvetan Todorov en la década de 1980”.

Pablo R. Coca (Granada, 28 años) es conocido como Occimorons gracias a su cuenta de Instagram, donde tiene más de 200.000 seguidores. Allí lleva seis años hablando de salud mental a través de las viñetas de sus dos personajes, Occi y Morons. Psicólogo de profesión, especializado en terapia de familia, duelo y crisis vitales, imparte talleres y charlas sobre bienestar emocional, vínculos y prevención del acoso escolar a alumnos, docentes y familias. Esa otra carrera más visible empezó durante la pandemia, cuando se le ocurrió dibujar una viñeta para que su hermana, que padece una enfermedad rara, la copiase. “Como hermano, me planteaba cómo podía acompañarla. El hecho de vivir con alguien con un problema de salud mental grave hace ver una realidad que muchas veces es invisible, y muchas de las viñetas nacen desde la reivindicación de todo esto”, explica Coca.