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Llovía sin parar el domingo 15 de marzo sobre los muros de caliza del museo de la Garrotxa (Olot, Girona). Sobre la parte central del patio del’Hospici colgaban las imágenes a gran tamaño de algunos de los muchos proyectos del estudio de arquitectura RCR, creado en 1988 por Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramon Vilalta (RCR), compañeros de la Escuela del Vallés de Arquitectura. La institución acaba de inaugurar la exposición RCR arquitectes. Raíces y alas, comisariada por Jaume Prat, que repasa sus 38 años de trayectoria, visitable hasta el 9 de agosto. Esa es su gran obra: entrelazar cuatro décadas.
Mientras leía La sombra del padre pensé que la clave de esta honesta indagación biográfica era una confesión que Antonio Monegal escuchó durante la posguerra en el ático familiar de una casa de la burguesía de la ciudad de Barcelona. Solo la pudo oír, sin ser muy consciente de su trascendencia, cuando era un niño porque quien hablaba con un amigo era su padre, y a su padre, que lo tuvo cuando ya era mayor, a los cuarenta y muchos, lo trató poco porque falleció a los 55. Juan Monegal Vergés murió el verano de 1966, cuando el autor de este libro de motor proustiano tenía tan solo 9 años. Aquella tarde, su padre estaba sentado en el sillón de siempre, en la sala de estar, detrás la radio de madera barnizada y el mueble bar. Y lo que rememoraba, al cabo de tres décadas, era un episodio de la Guerra Civil, luchando con los sublevados en Andalucía. “Oí a mi padre narrar que en una ocasión había recibido órdenes de entrar al asalto en un pueblo, a caballo, y pasar a sable a la población civil, incluidos ancianos, mujeres y niños”. Durante el resto de su vida, dijo después, tuvo pesadillas recordando aquel día. Todos convivimos con nuestros fantasmas. Algunas veces los encerramos en el armario de la conciencia y allí se quedan. En algunas ocasiones los miramos frente a frente.

Cuando terminó el entrenamiento del Barcelona, el último antes de recibir este miércoles al Newcastle en el duelo de vuelta de los octavos de final de la Champions (18:45, Movistar; 1-1 en la ida), Joan Laporta se presentó en el campo Tito Vilanova. Según uno de los presentes, el presidente arengó a la plantilla, abrazó a cada jugador e incluso se animó a versionar el baile con el que celebró su victoria en las elecciones del pasado domingo. “Nos ha venido a visitar y le hemos dado la enhorabuena. Nos recordó que seamos nosotros mismos y que estamos a un nivel espectacular”, contó minutos después Pau Cubarsí en la sala de prensa. No era la primera vez que los jugadores de Hansi Flick mostraban su complicidad con el presidente: el día de los comicios, un grupo de futbolistas, entre ellos el central, se abrazó y cantó con Laporta tras votar. “Cada uno tiene la libertad de expresarse como desee”, subrayó el catalán.
Los silencios reinan cuando Jan Oblak, Juan Musso y el tercer guardameta, el canterano Salvi Esquivel, se quedan a solas en el Cerro del Espino con Pablo Vercellone, el preparador de porteros desde que Diego Pablo Simeone se hizo cargo del Atlético de Madrid en diciembre de 2011. Oblak habla poco, Musso menos y Esquivel, como novato, escucha, mira y calla. La lesión muscular de Oblak ha provocado que esta noche en el Tottenham Stadium (21.00, Movistar+ Liga de Campeones), el meta argentino pase su segunda gran prueba después de aprobar con nota en la vuelta de las semifinales de Copa ante el Barcelona en el Camp Nou (3-0). Musso (31 años) encajó tres goles, pero algunas de sus intervenciones impidieron que el conjunto de Hansi Flick culminara la proeza de igualar o superar el 4-0 de la ida.
Yulimar Rojas, que ya ha cumplido 30 años, es una diosa joven que salta y que vuela por encima de las dificultades y los problemas, y afirma, feroz: “Soy puro fuego”.
Grandes recintos, musicón y brilli. Esos mimbres, aparentemente ajenos al mundo de los dardos, dicen mucho sobre lo que ha pasado con ese deporte en dos décadas. Su imagen clásica —un pub, una cerveza, un tablero de corcho— ha sido reemplazada por algo que se parece más a un concierto de rock con miles de personas bramando. “La gente viene con disfraz, nosotros no se lo decimos”, explica Matt Porter, director de operaciones de la PDC (Professional Darts Corporation). “Cuanto más orgánico es, más auténtico resulta”.
Egipto es un país maravilloso que hay que ver una vez en la vida. Sus yacimientos arqueológicos superan, en mi opinión, a los de cualquier otro lugar del mundo. Está habitado, además, por gente muy amable y hospitalaria. Pero, por desgracia, tanto turismo masivo ha hecho que todo el que se arrima a un turista, tenga el oficio que tenga, parezca tener como objetivo sacarle el dinero como sea. Así que, probablemente, vas a acabar quemado.
Si te preocupa que alguien pueda acceder a tus datos personales cuando navegas por internet, conviene que tengas clara una idea fundamental: ningún navegador te ofrece anonimato total por sí solo. Dicho esto, sí existen algunos ajustes que puedes activar para mejorar de forma significativa tu privacidad. A continuación, repasamos los más relevantes en los navegadores más populares.
Cada semana, en apenas 30 minutos, los cineastas Dylan Redford y Harrison Fishman condensan en la serie documental Vecinos (en HBO Max) dos pequeños diarios de guerra. Son batallas de barrio que muestran, en varios rincones de Estados Unidos, situaciones (y personas) a menudo delirantes. A veces, el conflicto nace por un minúsculo trozo de césped o por una valla. O por algo todavía más pequeño, como el speedo de color amarillo fosforescente con el que un jubilado desea entrenar al aire libre. La disputa escala rápido y pronto aparecen armas de fuego, cámaras de seguridad y ciberacoso para protegerse y atacarse entre ellos.