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Madrid se consolida como la capital mundial de la música latina. Por si alguien todavía lo dudaba, la ciudad está a punto de demostrarlo una vez más con los diez conciertos del artista puertorriqueño Bad Bunny en el Estadio Metropolitano este verano y con el anuncio del cierre de la gira Las mujeres ya no lloran de Shakira, que prevé otras diez actuaciones en la capital, según ha confirmado este miércoles el alcalde de Madrid, Jose Luis Martínez-Almeida. Para ello, la colombiana construirá un estadio que llevará su nombre en el polémico recinto Iberdrola Music, situado en el barrio de Villaverde.
Quan l’advocada Digna Pena s’adona que el client que haurà de defensar —Joan Ferrer, traductor i reu continu de “la passivitat contemplativa”, el protagonista de la nova novel·la de Màrius Serra (Barcelona, 1963), El mal entès— és el noi que durant l’adolescència ella i les seves amigues anomenaven el Quatrulls, “no podrà evitar pensar en la teranyina de fets atzarosos que sempre forma el passat”. Al cap de més de deu anys i moltes pàgines després desenfrenadament plenes d’infortunades catàstrofes dramàtiques i d’innombrables menudències quotidianes —què determina l’experiència d’una vida, les primeres o les segones, els cataclismes majúsculs, o potser aquests, en si mateixos, són tan sols el resultat d’infinits incidents mínims que, en conjunt, es revelen molt més transcendentals?—, tancat en un centre penitenciari d’alta seguretat de Mèxic DF, Joan Ferrer rep una visita i pensa que “la vida sempre li ha semblat una c adena d’esdeveniments contradictoris”. Uns capítols abans, haurem assistit a una conversa entre l’advocada i la seva amiga terapeuta Conxita Costas, on una afirma que “els fets passen i només després els apliquem la nostra capacitat analítica i n’establim els motius” mentre l’altra, en desacord, argüeix que “tot té causa (...), i hem d’aspirar a descobrir-la. La civilització és això: saber les causes de les coses. Tampoc és tan difícil. Només cal que furguem una mica en el nostre interior”.
Como todo en esta guerra, lo que un día parece seguro al día siguiente ya no lo es. Un reflejo de la inconstancia de la persona al mando, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y de la falta de planificación en su ofensiva contra Irán. Los kurdos no son una excepción: la opción de utilizar a estas milicias para abrir un frente terrestre, un plan que se filtró ―probablemente de forma intencionada― a varios medios estadounidenses, ha sido aparcado, según confirmó el republicano esta semana. No obstante, los grupos kurdoiraníes aseguran estar preparados para intervenir contra la República Islámica en el momento en que el régimen se debilite.
Ya solo queda un puñado, un número impreciso de calles y plazas con nombres asociados al régimen comunista de la República Democrática Alemana (RDA). Casi cuatro décadas después de la caída del Muro de Berlín en 1989, en Alemania se plantean qué hacer con ellas.
Zakia Abu Lahia no deja de llorar mientras amasa pan en una tienda de campaña de una playa de Gaza. A sus 72 años, la idea de morir sin ver La Meca la llena de miedo y de tristeza. En 2023, esta gazatí supo que había resultado elegida en los sorteos que realiza Arabia Saudí para seleccionar a los peregrinos que pueden hacer el haj, debido a que son cupos limitados. Se había registrado por primera vez una década antes. “Cuando supe que mi nombre salió en el sorteo, fue el momento más feliz de mi vida, pero esa alegría se convirtió en un profundo dolor cuando estalló la guerra, que desvaneció cualquier esperanza de ir”, dice, mientras su marido Adnan, de 73 años, que también resultó elegido en el mismo sorteo, intenta consolarla haciéndola reír. Le dice que Dios les dará más vida justamente para que puedan cumplir este sueño, e irán a La Meca, volverán y aún les quedará tiempo para seguir entrometiéndose en la vida de sus siete hijos y 26 nietos. La mujer sonríe, pero la pena sigue ahí.

A Bladimiro le gusta la fuerza con la que suena su nombre, y su historia está a la altura. Natural de La Guajira, una región de Colombia pegada a Venezuela afectada por la violencia de grupos armados, este hombre de 26 años llegó a España a finales de 2024 con un título en Administración de Empresas, unos 2.000 euros ahorrados y el sueño de trabajar en lo que fuera para reunir capital y abrir su propia concesionaria. Como no tenía un precontrato —y, por tanto, tampoco permiso de empleo— intentó pedir asilo, sin éxito. Tras cinco meses en paro, la única forma de quedarse en España fue aceptar un trabajo en negro en una empresa de la construcción en Madrid.

Carmen Linares llega a la cita con una ronquera importante. Se disculpa. Le decimos que por menos de eso Morrissey suspendería la entrevista y media gira. Se ríe. “No, yo esto no me lo podía perder”, dice con una voz áspera que en unos días, ya recuperada, brillará con hondura. La ocasión merece el esfuerzo de la cantaora: por primera vez, la andaluza posa y concede una entrevista con toda su artística familia. La propuesta vino de este periódico y ellos aceptaron sin pensarlo mucho. Este 2026 se celebran 30 años de un disco proverbial en la historia del flamenco, Antología. La mujer en el cante, donde la cantaora pone luz donde solo había tinieblas: recrea los cantes protagonizados por mujeres corajudas situadas en un segundo plano en un contexto patriarcal. La cantaora inicia una gira para conmemorar las tres décadas del álbum: el sábado 21 de marzo actúa en el circo Price de Madrid.


En la vida de Miguel Campins (Alcoy, 18 de marzo de 1880-Sevilla, 16 de agosto de 1936) se entrevera una buena parte de la historia de España que sucede en las primeras décadas del siglo XX. “En esa época Campins está en todas partes”, dice Lorenzo Silva (Madrid, 59 años), “son los años en los que se gesta la Guerra Civil con los mimbres de la Guerra de África”. De eso trata su nuevo libro, Con nadie. Vida y destino del general Campins (Destino), donde novela la peripecia vital del militar.

A Ruth Asawa, la Segunda Guerra Mundial la pilló con 15 años. Vivía con sus padres, inmigrantes japoneses, en una granja en Norwalk (California, Estados Unidos), el pueblo donde había nacido. El imperio nipón acababa de atacar Pearl Harbor, la base naval más importante de EE UU en el pacífico, y con la entrada del país en la guerra, el Gobierno de Roosevelt aprobaba el internamiento forzoso de más de 100.000 estadounidenses de origen japonés en campos de concentración. Su padre quemó todo aquello que pudiera identificarlos como extranjeros, pero no los salvó. A él lo detuvieron el mismo mes; Asawa, sus hermanos y su madre fueron encarcelados poco después, primero en un antiguo hipódromo, donde durmieron en establos, y después en un “Centro de Reubicación de Guerra”, rodeado de vallas con púas de alambre.
En 1955, un joven de 17 años publicó un libro que incomodó a todo un país, Wij Zijn 17 (Tenemos 17). Su autor, el holandés Johan van der Keuken, a punto de terminar sus estudios en el Liceo Montessori de Ámsterdam, retrataba a su entorno más cercano a sus amigos, de entre 14 y 17 años. No había risas, ni juegos, ni promesas de un futuro luminoso, fumaban sin parar. Aquellos adolescentes no eran réplicas de generaciones anteriores. Reflejaban una actitud que contravenía el relato dominante que se esperaba de la juventud de una nación. Lo que escandalizó no fue solo la mirada del autor, sino el hecho de que por una vez, no estaban siendo representados desde fuera.