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Francia, Albania, Italia, Portugal, España… Las protestas impulsadas por la generación Z se han extendido en las últimas semanas por toda Europa. ¿Es casualidad que coincidan en el tiempo? ¿Se pueden relacionar las reivindicaciones de los diferentes países? En este nuevo episodio de ‘El AltavoZ’, un formato que analiza las tendencias y problemáticas de la generación Z, salimos a la calle para recoger la opinión de los jóvenes españoles y contrastarla con el análisis del consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí.
¿Os acordáis de aquellos tiempos en los que llamar por teléfono era tan fácil como simplemente hacerlo? Parece una pregunta sin sentido pero es que ahora, salvo que la llamada sea para tus padres, tus hijos o alguien con quien tengas muchísima confianza, es mejor avisar o escribir antes. Esto se nota especialmente en la generación Zeta y la Alfa: el 96,8% de los jóvenes entre 14 y 24 años prefieren comunicarse por WhatsApp, según un informe de la Fundación Telefónica. Y eso se ha ido trasladando también a personas algo más mayores. No sé vosotros, pero en mi entorno de gente de entre treinta y cuarenta y tantos nos escribimos para fijar una hora o un día para llamarnos. Hemos empezado a percibir llamar sin avisar como un acto invasivo en la vida privada. La mensajería instantánea ha traído consigo una pérdida de la oralidad recíproca, instantánea, y más natural. Claro que siempre nos quedarán las notas de voz.
La carrera por liderar la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha comenzado. Entre los siete candidatos propuestos por los países para sustituir a Tedros Adhanom Ghebreyesus como director general de este organismo de la ONU está la española María Neira. Esta médica fue durante años directora del Departamento de Salud Pública y del Medio Ambiente de la OMS y ha centrado una parte importante de su labor en poner el foco en los vínculos entre la salud y el medio ambiente.
Aminu Issa es uno de los vendedores de refrescos más conocidos del mercado de Sabon Gari, en el Estado de Kano, al norte de Nigeria. Cuando puso en marcha su negocio, compró dos frigoríficos de segunda mano a un comerciante de aparatos electrónicos usados en el bullicioso mercado donde trabaja. La inflación y sus escasos ingresos le impedían comprar electrodomésticos nuevos, por lo que recurrió a los de segunda mano que se venden en Sabon Gari, uno de los principales centros de comercio electrónico usado del norte de Nigeria. Issa pagó 100.000 nairas (unos 67 euros) por los dos frigoríficos, un precio que en aquel momento casi le habría permitido comprar uno nuevo de tamaño similar.
Los Ortiz dormían vestidos por si la casa ardía esa noche. Los Ortiz, o los Brennan, o los Washington, da igual, podría ser cualquier apellido, podría ser un apellido como el tuyo, exactamente igual que el tuyo. Vivían en South Bronx, en edificios de casi cien años, de fachadas de ladrillo con cuatro o cinco o seis plantas y ningún ascensor, y se acostaban con la ropa del día siguiente puesta, con los zapatos puestos, los niños sobre todo, porque bajar tres pisos en calcetines por una escalera en llamas podía suponer la diferencia entre vivir o morir. Las madres dejaban una bolsa junto a la puerta con documentos, una foto de la familia, el dinero en metálico que tuviesen disponible, siempre la misma bolsa, lista, como la gente que vive cerca de un frente de guerra. Porque, de algún modo, la década del fuego de Nueva York fue un frente de guerra.
El magnate Elon Musk ha reconocido por primera vez que estudia la fusión de las dos empresas en las que participa: SpaceX y Tesla. Una integración que, de llegar a concretarse, crearía un gigante tecnológico con capitalización de 3,5 billones de dólares con intereses en la inteligencia artificial, la conectividad, el negocio aeroespacial y automoción que se colocaría entre las cinco empresas más valiosas del mundo.
Paco Rabal (Águilas, Murcia, 1926-Burdeos, Francia, 2001) podía llenar una pantalla con la voz y la presencia física. Fue uno de los grandes actores españoles del siglo XX, capaz de trabajar con algunos de los cineastas más importantes de su tiempo sin olvidar sus orígenes. Detrás de aquella figura rotunda había un hombre que entendía la interpretación como un oficio y mantuvo hasta el final la curiosidad de quien todavía tiene algo que aprender. Esa es la imagen que reconstruye 200 vidas. Paco Rabal, el documental dirigido por Vanesa Benítez (Osuna, Sevilla, 46 años), que llega a los cines este viernes, en el año del centenario de su nacimiento.


Como una hidra de tres cabezas dispuesta a cuestionar las innumerables certidumbres que tientan cada mañana a las sociedades contemporáneas se ha colado en el Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha de Toledo un tal Andrés Rábago. Entiéndase por esto la triple presencia, en el renovado museo ubicado en el convento de Santa Fe y en forma de una generosa donación de 301 obras, de los heterónimos puestos en pie por el artista a lo largo del tiempo: el propio Andrés Rábago (Madrid, 1947), pintor simbolista y metafísico de la soledad; OPS, aquel autor de viñetas oscuras, surreales e inquietantes que removieron las oscuras aguas del franquismo en su última fase y también las de la Transición; y El Roto, dibujante y escritor satírico, incansable bisturí cotidiano hurgando en las verdades y mentiras de lo político, lo social y lo cultural en las páginas de Opinión del diario EL PAÍS.


Una fotografía de pasaporte está hecha para identificar a una persona, no para contar quién es. Diminuta y sobre un fondo blanco, verifica y aspira a eliminar cualquier ambigüedad. Sin embargo, es precisamente de esa paradoja, la distancia entre lo que muestra una imagen y lo que puede llegar a narrar, de donde parte Passports, el último libro de Keisha Scarville, (Nueva York, 1975) en el que el retrato de su padre, tomado a los dieciséis años, da pie a una exploración que desborda los límites de la fotografía original.
Mientras París arde, el mundo del arte contemporáneo se refugia en su caja de cristal. Estos días, la metáfora resulta tan literal que roza la humorada, aunque todo vaya muy en serio: los coleccionistas más poderosos y buena parte de los principales profesionales mundiales del sector se reúnen en el Grand Palais, el monumento de vidrio y acero de finales del siglo XIX de los Campos Elíseos, para asistir a Art Basel Paris, la gran feria de arte contemporáneo del otoño, llevando en sus móviles un correo electrónico que les informa de las férreas medidas de seguridad desplegadas por la organización ante los disturbios generados por las protestas sociales.