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El público que esta semana vaya a algún cine de la cadena Yelmo para ver el regreso de Meryl Streep como Miranda Priestly en El diablo se viste de Prada 2 podrá entrar a la sala con un bolso rojo lleno de palomitas. Es la moda y también una nueva experiencia cinematográfica: coleccionar un palomitero particular en cada gran estreno. El furor por estos cubos se ha vivido este abril con la animada Super Mario Galaxy, cuya figura del dinosaurio Yoshi, vendida a 40 euros, ya es pieza de especulación. Pero, en realidad, los más beneficiados son unos cines que buscan convertir cada estreno en un evento instagrameable y reconfigurar ingresos ante el descenso de la venta de entradas. “El espectador ya no busca solo sentarse a ver una película, sino vivir la experiencia. Ofrecemos nuevas formas de relacionarse. Ya no solo hablamos de exhibición”, explica por correo Samuel Bolaños, director de comercialización de Cine Yelmo.

En la primera escena de La risa y la navaja, un policía fronterizo apostado en una desértica carretera que da entrada a Guinea-Bisáu pide un libro al protagonista del largometraje para dejarle pasar. Ese momento surrealista anuncia que el último largometraje del director portugués Pedro Pinho va a cuestionar esa mirada sesgada e inundada de clichés que se reserva a África.

A veces, los llamamientos de Diego Pablo Simeone a la hinchada del Atlético ante una gran cita contienen una carga que delata el momento por el que pasan sus futbolistas. Su última invocación tuvo un punto de solicitud de auxilio y hasta de súplica. “Necesitamos a nuestra gente que más que nunca”, advirtió el sábado después de que su equipo sumara ante el Athletic (3-2) una victoria tan necesaria para asegurar la participación en la próxima Liga de Campeones como para levantar el ánimo de un plantel muy golpeado por la final de Copa perdida.
Hace poco menos de un año, Vincent Kompany, el entrenador del Bayern, acudió a la idílica localidad de Bad Wiessee envalentonado por la autoridad que le confería haber ganado la Bundesliga. Ahí, en una mansión junto al lago, le esperaba el oráculo en forma de presidente de honor del Bayern, el honorable Uli Hoeness.
No es el Masters de Madrid un territorio sencillo y plácido para los tenistas. La tierra batida de la Caja Mágica es el torneo más atípico de los que se disputan sobre arcilla debido a la altitud de la ciudad —unos 650 metros sobre el nivel del mar—, lo que hace que la bola sea más difícil de controlar y salga disparada cada vez que impacta contra la raqueta. El rey de la arena, Rafael Nadal, que levantó en 14 ocasiones Roland Garros, en 11 Montecarlo y en 10 Roma, tan solo pudo coronarse cinco veces en la Manolo Santana, un estadio que lo arropaba como si fuera su propia casa. La volatilidad de los campeones en las instalaciones del barrio de San Fermín es excepcional: en la última década tan solo Carlos Alcaraz (2022 y 2023) y Simona Halep (2016 y 2017) consiguieron defender y repetir título. En toda la historia del evento—el cuadro masculino arrancó en 2002 y en 2009 lo hizo el femenino—, solo otros dos tenistas lo lograron: el balear en 2013 y 2014 y Serena Williams en 2012 y 2013.
¿Quién se atrevería a adivinar que tras décadas de horror se iba a topar con algo tan puro, libre y sereno a la vez? Entre las montañas más remotas de los Balcanes, el parque nacional de Sutjeska respira una calma que no entiende de estaciones ni de nostalgias. Al sur de Bosnia y Herzegovina, casi en la frontera con Montenegro, a este territorio de valles profundos, bosques centenarios y cumbres que rozan el cielo se le conoce como “el pulmón del país”. Y no solo por su aire limpio: también por la fuerza vital que emana de un escenario donde la naturaleza ha resistido a guerras, dictaduras y olvidos.
Cosméticos, joyas, accesorios y ropa para ponerle un poco de belleza a la vida. Pero también regalos prácticos para viajar o para disfrutar del verano que se avecina. Para todos los bolsillos y para todos los gustos, aquí nuestra selección de regalos para el Día de la Madre.

Cinco esculturas clásicas reciben a la entrada. A su lado una televisión, donde cualquiera puede sentarse, colocarse unos cascos y disfrutar de una pieza artística. Más allá, carteles de actividades culturales y jornadas. La primera puerta del pasillo da acceso a la exposición Grafito es casa, realizada por decenas de estudiantes, ejemplo del potencial que alberga la Escuela de Arte y Superior de Diseño San Telmo de Málaga. En su fachada, un vinilo de color morado recuerda que este centro público de formación artística acaba de cumplir 175 años. Aniversario que ha llegado cargado de actos y que sirve para subrayar que el papel que tuvo en la construcción cultural y artística malagueña en sus inicios se mantiene vigente adaptado a los nuevos tiempos.




Dos de mis mejores amigos tienen obras literarias radicalmente opuestas en todo, con un solo y curioso punto en común: a los dos en su juventud la lectura de Galdós les marcó, dejándoles una fértil huella.

Le ha costado, pero Vito Sanz (Huesca, 43 años) ha acabado por conquistar un hueco en el cine español sin hacer mucho ruido. Actor fetiche de Jonás Trueba, con una presencia que oscila entre nervio, comicidad y melancolía, estrena este jueves Los justos, una comedia negra sobre la corrupción, inspirada en la sentencia de la Gürtel. En ella comparte reparto con Carmen Machi y exhibe más vis cómica que de costumbre. Además, protagoniza la serie Por cien millones en Movistar Plus+, donde interpreta a uno de los secuestradores de Quini, y tiene a punto Millennial Mal para Filmin, mientras ensaya una nueva obra con su compañía teatral, Club Caníbal. La cita fue el viernes pasado en una terraza del viejo Madrid, donde suele sentarse a tomar una caña al salir de su clase semanal con el pintor Joaquín Risueño.
