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Una de las escenas que aparecen en los eventos deportivos que se producen en los meses de verano es la de jugadores hidratándose y tratando de bajar su temperatura corporal. En Roland Garros o Wimbledon, se repite la escena de jugadores que se sientan en el cambio de campo y se ponen toallas heladas sobre el cuello o bolsas de hielo tratando de enfriarse y recuperarse antes de volver a la pista. Otra imagen llamativa es la de los ciclistas en el Tour de Francia que, en días donde se alcanzan 35 o 40 grados, sumergen los brazos en hielo, se ponen hielo bajo el maillot o medias de compresión heladas antes de la salida, para tratar de enfriar el cuerpo y evitar golpes de calor. Todos estos ejemplos no son modas o tendencias que aparecen en el deporte, reflejan la aplicación de la ciencia para mantener el control de la temperatura corporal en situaciones de calor excesivo, donde se comprometen el rendimiento y la salud del deportista. Esta situación no es ajena a la realidad de las personas que se ejercitan en los meses de verano, jugando al pádel, corriendo por la playa o montando en bicicleta en horas en que el calor aprieta.

Nunca habíamos esperado tanto de la escuela. Y, sin embargo, nunca habíamos desconfiado tanto de ella. En toda Europa, la educación ocupa un lugar central en el debate público. Discutimos sobre reformas, metodologías, pantallas, inteligencia artificial o resultados escolares. Cada nueva propuesta promete resolver los problemas de la enseñanza, pero termina generando nuevas incertidumbres. Como si cuanto más cambiara la escuela, más difícil nos resultara responder a una pregunta mucho más sencilla: ¿para qué educamos?
Anteayer me comí un bulo como la catedral de Burgos. Qué vergüenza. Casi 60 años de vida y 40 de oficio y todavía me la cuelan. En mi disculpa diré que estaba liadísima. Hallábame sentada en el trono, móvil en ristre, indignadísima con la que le estaba cayendo en redes sociales a Inés García, cuando, de repente, el algoritmo me puso ante los ojos un comunicado de la susodicha pidiendo compasión en su cuenta verificada de X y, claro, me faltó tiempo para retuitearlo con un comentario de apoyo. Pues bien: todo era falso. El comunicado, la cuenta verificada y la identidad de García. Aún no me he repuesto del ridículo.
Cuando el nuevo modelo Kimi K3 lleva apenas una semana asustando a gente en Silicon Valley, llega ahora Qwen 3.8. Son dos modelos chinos abiertos y muy avanzados que han provocado una pregunta: ¿por qué pagar por una IA más cara si otra opción más barata ya funciona bien?

El Consejo de Embajadores Árabes en Madrid ha remitido una carta al ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, en defensa de la Casa Árabe, amenazada de desahucio por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. En la misiva, firmada por los embajadores de 17 países árabes y el representante de la Liga Árabe, los diplomáticos aseguran que la Casa Árabe no solo es “una de las instituciones culturales más prestigiosas de España” sino también “un instrumento de indudable valor para el fortalecimiento de las relaciones entre el Reino de España y los Estado árabes”.
Hace dos años el diseñador francés Simon Porte Jacquemus bosquejó un vestido blanco con Zendaya en mente. “Hoy, verla con esa prenda me parece surrealista”, escribe, “feliz”, en su perfil de Instagram junto a una fotografía de la actriz durante la première londinense de La Odisea. Dos años pueden parecer una eternidad para hacer realidad un vestido. Pero el plazo (y el entusiasmo del diseñador) quedan inmediatamente pulverizados cuando los pendientes con los que decides estrenarlo tienen más de 3.000 años.
Hay avances legislativos cuyo beneficio para los ciudadanos y su bienestar cae por su propio peso y por eso merecen el máximo respaldo social y político. Es el caso del nuevo proyecto de ley del tabaco, que nace con la intención de reforzar la protección de los menores y regular el derecho a estar en la calle libre de humos. No existe ningún nivel de riesgo seguro a la exposición al tabaco ajeno, y esta es una prioridad que ya cuenta con consenso amplio en la sociedad y que por esto motivo debería escapar a cualquier tacticismo partidista y permitir la rápida adopción de una ley pionera en Europa.
Todo sistema democrático reposa sobre la definición del sujeto en cuyo nombre se gobierna. Hace ya casi 250 años, la respuesta que inauguró el constitucionalismo moderno fue “We, the People”. La fórmula sigue siendo hoy el fundamento de legitimidad de las democracias. Pero la teoría política ha dado muchas vueltas sobre cómo se define la parte del pueblo que decide. Para votar quién puede votar hay que haber definido antes quién vota. El demos nunca se constituye a sí mismo. Es necesario un acto previo de cierre en el que se trace la frontera entre el nosotros y los otros. Hoy, fruto de las circunstancias en que nos encontramos por motivos muy diversos, el tema ha vuelto a convertirse en uno de los centros clave del conflicto político contemporáneo.
Cuando hace 66 millones de años cayó el asteroide que extinguió a las tres cuartas partes de las plantas y animales del planeta, el suelo quedó marcado por una capa de arcilla con iridio llamada límite K-Pg (por Cretácico-Paleógeno) visible en afloramientos de varios lugares de la Tierra. Bajo esa línea aún se encuentran fósiles de dinosaurios; encima, no. Los cambios tecnológicos tuvieron un impacto similar entre mis cosas. Algunas siguieron acompañándome: la ropa, los muebles, las herramientas, los chismes de cocina, el cesto con la calderilla de la que no me logro deshacer. Pero otras se transformaron en vestigios de una época lejana. Fueron los libros, los juegos, la música, las películas y los recuerdos guardados en cajas; aquí sucedió la extinción. Pasaron a ser digitales, más abundantes y baratos. Solo conservo unas decenas de fotografías de mis primeros 20 años de vida, pero guardo muchos miles de imágenes de los siguientes. Tengo solo unas pocas cartas de papel, pero almaceno con esmero veintidós años de correos electrónicos y quince de conversaciones. Mis estanterías están descompensadas: desde que empecé a usar un lector electrónico guardan demasiados libros viejos y pocas novedades. Ocurre igual con la música o las películas, porque dejé de almacenar copias en algún momento de los dosmiles.