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Afra experimenta un sentimiento de alivio y de aprecio por la vida cada mañana, cuando despierta en Teherán y comprueba que el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, en vigor desde el 8 de abril, todavía se mantiene. “Gracias a Dios, la guerra no ha recomenzado”, es el primer pensamiento de esta mujer de 31 años.

La universidad privada CEU Cardenal Herrera de Valencia ha utilizado cuerpos donados de forma irregular en sus prácticas de su grado de Medicina. Las donaciones, según la ley autonómica y el propio protocolo de la institución, deben ser efectuadas por el propio donante en vida o por familiares directos. Sin embargo, al menos cinco de los cadáveres llegaron a las instalaciones del centro académico con la única firma de una enfermera o un amigo. Se trata del mismo campus que, como adelantó EL PAÍS, ha empleado con sus alumnos cuerpos con enfermedades infecciosas como la hepatitis C o la covid.

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? Tituló inquietantemente Carver uno de sus relatos. Yo lo he tenido claro varias veces a lo largo de mi existencia. Su nacimiento, su plenitud, su desgaste y su finitud. Y la certidumbre de volver a sentirte como una isla. Pero con el cine ese amor perdura siempre. En mi caso, con el eterno cuelgue que me provocó una señora maravillosa llamada Michelle Pfeiffer, aunque no te la pudieras comer ni beber. Era la suprema belleza, su mirada, su sonrisa, su gestualidad, su forma de moverse, de hablar y de escuchar. Era inteligencia y sensualidad, estilo genuino y permanente, alguien con capacidad para derretir incluso a un témpano.
Francia, a un año de las elecciones presidenciales de las que saldrá el sucesor o sucesora de Emmanuel Macron, es un país con la economía estancada, un presidente debilitado y en retirada, y la posibilidad real de que la extrema derecha, por primera vez desde 1945, llegue al poder. Si los franceses acudiesen hoy a las urnas, ganaría el candidato o candidata de Reagrupamiento Nacional (RN), según los sondeos. Solo una unión de los moderados de izquierdas, de centro y de derechas en torno a un aspirante podría permitir la derrota de Marine Le Pen o, si su condena judicial le impide presentarse, la de su joven delfín, Jordan Bardella.
No estaría mal haber sido Filippo Brunelleschi. Hijo de un notario florentino del siglo XIV, entrenado como escultor y arquitecto de la cúpula de la catedral de Santa María del Fiore, el tipo vivió rodeado de belleza, parte de ella de producción propia, y eso debe resultar agradable, ¿no te parece? Pero lo que yo más le envidio es haber hallado una fórmula mágica —la ley de la perspectiva cónica— capaz de convertir la superficie de un papel en un objeto tridimensional con un realismo asombroso e hipnótico. Todos los estudiantes de dibujo conocen esa fórmula. Nos dice que las líneas paralelas que se alejan de nosotros (en la realidad) convergen en un punto de fuga (en el papel).

Lo leí a lo largo de un viernes en el que hubo lluvia y luego sol y temperatura alta y algodonosa. Lo leí a bordo de un taxi, en un portal donde me refugié de la lluvia, bajo la sombra de un árbol, en el palier de un edificio mientras esperaba que se hiciera la hora de entrevistar a una persona. Yo me movía, pero el libro se mantenía estable dentro de mí. Era, por dos o tres motivos, un día tristísimo, y esas páginas me ataron al mundo, o sea, hicieron que toda inermidad desapareciera engullida por su delicadeza. El libro era mucho más fuerte que yo y me ponía, a la vez, más triste y más feliz, como esas canciones melancólicas que escuchamos cuando nos sentimos mal, ensañándonos con el daño para que el dolor drene. Se titula Ahora bien, lo escribió el argentino Camilo Sánchez. Podría decirse que cuenta la relación entre el poeta y traductor François Cheng y el psicoanalista Jacques Lacan, la manera en que revisaron juntos los ideogramas chinos, ciertos escritos, pero no hay manera de definirlo. Es una obra que no hace pie en ninguna parte, crea vacíos repletos de significado, se desliza de un capítulo breve al siguiente con una arbitrariedad encantadora: de la ocupación nazi en París a las mujeres de Lacan a un encuentro con la poeta Olga Orozco a la disección de un poema chino. Es una criatura paciente, lenta, inhumana. Según el libro, cierto día Lacan le dijo a Marguerite Duras, a quien admiraba febrilmente: “No debe de saber que ha escrito lo que ha escrito. Porque se perdería”. Ojalá Camilo Sánchez tampoco lo sepa. El libro no intenta encontrar respuesta a una pregunta que late por debajo —¿por qué a Lacan le interesaba la escritura china?— porque cualquier respuesta sería un griterío y rompería el hechizo. Terminé de leerlo mientras horneaba un pan y sentí que, por un rato, podía permitirme cierto alivio, cierta inexistencia. Los libros únicos nos dejan sin farsa, nos devuelven al vértigo de lo inocente. Nos dan la fertilidad del silencio.
“Estoy flipando con la cantidad de canciones que son trends en TikTok y que son IA”, comenta mi amigo Albert en uno de nuestros grupos de WhatsApp. Yo respondo con interrogaciones porque no entiendo bien de qué habla y él me envía listas de canciones en Spotify de artistas que no conozco: Ingarose, Kaltnis, Lia Monroe… Escucho alguno de sus temas. Todas son himnos horteras y narcisos: Celebrate me, Nací para ser yo, Ya te olvidé… Todas, canciones que nutren las páginas de artistas que Spotify me ofrece sin advertirme de que ninguna de estas creadoras existe en realidad. ¿De verdad Spotify está nombrando como artistas a los productos resultantes de generar música con herramientas de IA generativa tipo Suno? “Se viene la inteligencia artificial sin reproches”, sentencia mi amigo.
Pertenezco a esa especie en extinción que todas las mañanas, lo primero que hace es comprar el periódico y el pan. Una tarde de mayo de hace 50 años compré el primer número de EL PAÍS. Estaba en cuarto de carrera. Desde entonces lo leo a diario y puedo asegurarle que de los 17.800 ejemplares que han salido a la calle habré leído la inmensa mayoría. En aquel primer número vi un diario diferente que me enganchó, pero también intuí que el triunfo de EL PAÍS en los quioscos iba a significar el cierre del que era nuestro periódico de referencia, el diario Informaciones, que en los estertores del franquismo se la jugaba a diario en esos tiempos tan duros y que era el periódico más leído en nuestras universidades. Agradezco a ambos diarios que me convirtieran en un lector voraz de la prensa.

En la pantalla de Zoom aparecen tres mujeres: Alex Cadon, investigadora y ciberfeminista; Eva Cruells, psicóloga, investigadora y consultora en políticas públicas de género; y Núria Vergés, socióloga e investigadora con un doctorado en economía social y experta en ciberseguridad. Son las creadoras de Fembloc, una organización única en España de atención a víctimas de violencia machista digital nacida en Cataluña a finales de 2022. Las tres llevaban más de dos décadas analizando el crecimiento de Internet y de las redes sociales. Lo que percibieron, “sobre todo a partir de 2014”, es que, a medida que se expandía el mundo virtual, también lo hacía esa violencia, adaptándose muy rápido.

