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Escribo con la impotencia de quien, tras vivir en el barrio sevillano de Triana más de un tercio de su vida, se siente ahora expulsada de su raíz. Llevo 10 años como profesora interina y, a mis 45 años, la especulación me arranca de mis calles. Mi casero sube el alquiler más de 200 euros porque “pierde dinero” frente a lo que pagarían parejas o extranjeros. Para una mujer soltera de familia obrera, sin avales ni herencias, el alquiler es una soga y la compra una utopía. Duele el abandono institucional: el Bono Cultural Joven me ignora por mi edad y las ayudas olvidan a los inquilinos maduros. Somos invisibles: demasiado mayores para recibir apoyo y demasiado precarios para acceder a una vivienda digna, ese derecho que el Artículo 47 de la Constitución parece haber olvidado para nosotros. En pleno año de oposiciones, pierdo mi autonomía y vuelvo a casa de mi madre, quien debe alquilar habitaciones para subsistir. Señores políticos, es urgente regular los precios. Si no frenan esta locura, tendrán barrios de postal, pero vacíos de sevillanos. Triana se convierte en un escaparate de lujo donde quienes le damos vida ya no tenemos sitio.
Mohamed Reda es un egipcio de mediana edad casado y con dos hijos adolescentes con los que se le cae la baba a chorro. Reda tiene dos carreras: Egiptología y Filología Hispánica, aunque chapurrea más idiomas que Duolingo, y trabaja 18 horas al día siete días a la semana pastoreando a turistas en un viaje de ensueño: cuatro noches de crucero por el Nilo y tres en un hotelazo de El Cairo descubriendo las maravillas de Egipto con los pulmones sin resuello ante tanta belleza y el corazón en un puño ante los niños descalzos, los ancianos paupérrimos y las montañas de basura que los rodean. A primera vista, Reda parece inmunizado ante una cosa y la otra. Callo le sobra. Gasta verbo de seda y voluntad de hierro. Hace un par de semanas, en pleno Ramadán, sin comer ni beber hasta las seis de la tarde habiéndose levantado a las dos de la mañana, llevaba derechos como a velas a un grupo de 25 españoles, cada uno de su padre, su madre y su hecho diferencial autonómico a cuestas, llamándolos a cada uno por su nombre y un genérico "habibi" (cariño) como si fueran de su familia. Lo sé porque yo era una de ellas.

Cataluña vive una transformación demográfica que también está reconfigurando su mapa religioso. En las últimas dos décadas, el número de iglesias evangélicas ha pasado de 341 en 2004 a 894 en 2025. Solo en Barcelona, estos centros están a punto de igualar a las iglesias católicas, 208 frente a 225. El conjunto, que incluye iglesias del movimiento pentecostal y neopentecostal, no es homogéneo, pero comparten patrones similares: la centralidad de la teología de la prosperidad, posiciones conservadoras en cuestiones como el aborto o las identidades sexuales y la figura de un líder carismático como central para la apertura de nuevos centros, un proceso que en Cataluña no suele presentar grandes obstáculos. “Son iglesias cuya fuerza motora es la población migrante latina, espacios que proporcionan un tejido social importante durante todo el proceso migratorio”, afirma Antonio Montañés Jiménez, doctor en Antropología de la religión por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) e investigador afiliado a la Universidad de Oxford.

La gasolina sigue más cara que antes del inicio de la guerra en Oriente Próximo en cuatro de cada cinco gasolineras españolas. El diésel, en todas. Los españoles que han repostado durante la Semana Santa, la mayor Operación Salida del año, se han encontrado con los carburantes más caros que antes del conflicto: la gasolina costaba este miércoles un 5% más que el 27 de febrero y el diésel, un 30% más. No son los precios más altos del último mes: la gasolina llegó a subir un 23% y el diésel hasta un 37%, y solo se contuvieron con la rebaja fiscal que aprobó el Gobierno mediante decreto-ley el pasado 20 de marzo, que redujo el IVA de los combustibles del 21% al 10%.

Llevamos varias décadas nombrando, señalando y tratando de abordar el complejo fenómeno del acoso escolar. Campañas de sensibilización, charlas, protocolos de actuación. Sin embargo, cada curso volvemos a ser testigos de historias que muestran que la problemática sigue produciéndose con una intensidad preocupantemente similar. Quizá esto pueda tener que ver con que seguimos abordando el fenómeno desde algunas premisas que generan tranquilidad social, pero que resultan profundamente engañosas.
Los médicos que atendían a Mila Magnani (26 años, Ciudad de México) le decían que era imposible que tuviera síndrome de ovario poliquístico (SOP) porque era delgada. “Me explicaban que alguien con SOP debía tener sobrepeso y verse mal”, recuerda. Ni la fatiga, ni el acné, ni el vello visible en su cara o el retraso constante de su periodo encendieron las alertas necesarias para que alguien sospechara que tenía esta afección hormonal que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a una de cada siete mujeres, aunque se estima que el 70% de las que lo padecen no ha recibido un diagnóstico correcto. Magnani fue de las primeras personas en hablar al respecto en internet y “sin querer”, dice, se convirtió en un referente para miles de mujeres que se identificaron con su contenido. Hoy cuenta con más de medio millón de seguidores en TikTok y cerca de 200.000 en Instagram.
El Gobierno rumano trata de apaciguar los temores que ha despertado entre la ciudadanía la autorización que dio a EE UU para desplegar aviones y tropas en su territorio para maniobras defensivas en medio de la guerra contra Irán. La inquietud se ha acrecentado luego de que Teherán amenazara al país con “consecuencias políticas y legales en el futuro” por participar de lo que consideran “una agresión militar“ y de que el expresidente Traian Basescu advirtiera en redes sociales de un posible riesgo de ataques. El ministro de Defensa, Radu Miruta, ha insistido este lunes en que no tienen información de que la República Islámica piense en atacarlos.
La Comunidad Internacional Bahaí (BIC) libra una batalla contra el reloj para salvar la vida a Peyvand Naeimi, un joven iraní de 30 años que, según denuncian, ha sufrido al menos dos simulacros de ejecución y toda clase de torturas en un centro de detención de la Guardia Revolucionaria Islámica. El joven bahaí fue capturado el 8 de enero, en el marco de las protestas contra el régimen que fueron duramente reprimidas. Simin Fahandej, representante de la Comunidad Internacional Bahaí ante Naciones Unidas en Ginebra alerta, en una llamada con EL PAÍS, de que Naeimi “corre el peligro de ser ejecutado en cualquier momento”. Eurodiputados, la delegación de EE UU en la ONU y hasta celebridades han exigido la liberación del joven que trabaja como adiestrador canino.
Poner de acuerdo a los 27 países de la Unión siempre ha sido un reto para las instituciones europeas, lo que ha llevado a menudo a dilatar los tiempos para impulsar cualquier legislación. MiCA, la ley sobre criptoactivos, tardó años en gestarse y entró en vigor el 30 de diciembre de 2024. Pero poco más de un año después, ya se busca revisar la normativa o, al menos, aclarar algunos aspectos del texto. La Comisión Europea propuso en diciembre centralizar la supervisión de las empresas cripto en manos de la ESMA, el coordinador europeo, quitando de facto la competencia a los vigilantes nacionales. Pero no todos están de acuerdo: algunos se oponen totalmente a esta posibilidad, otros consideran que solo debería vigilar a las entidades significativas.
La reciente escalada de tensiones en Oriente Medio, con la guerra en Irán como telón de fondo, ha vuelto a sacudir los cimientos de la economía global. Al igual que ya ocurrió con la invasión rusa de Ucrania, estos conflictos actúan como dolorosos recordatorios de una realidad que siempre se nos olvida cuando la geopolítica dormita: que la debilidad estructural y la vulnerabilidad que supone depender de los combustibles fósiles golpea nuestros bolsillos de forma periódica.