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Israel confirma un golpe tras otro. En los 19 días de la guerra contra Irán, los bombardeos estadounidenses e israelíes han matado a una decena de líderes de la cúpula de la República Islámica. La lista la abrió el propio líder supremo, el ayatolá Ali Jameneí, el 28 de febrero, la primera jornada de Furia Épica, la explosiva operación que marcó el inicio de la ofensiva contra Irán. Ese mismo día, murieron otros líderes políticos y altos mandos de las Fuerzas Armadas que eran objetivo militar. Horas después de ese primer golpe, el presidente Donald Trump dejó claro que su objetivo era precipitar el fin del régimen iraní. “Cuando hayamos terminado”, dijo, dirigiéndose a los ciudadanos del país atacado: “Tomad el control de vuestro gobierno. Probablemente esta sea vuestra única oportunidad en generaciones”. Pese a todo, los daños infligidos a la República Islámica no suponen automáticamente el fin del régimen, una posibilidad que aún permanece abierta.








Frente al desorden internacional creado por el estadounidense Donald Trump, la Unión Europea se aferra al multilateralismo. Pese a aquellas voces que dan por muerto el orden mundial basado en reglas, los 27 países de la UE coinciden en que es la única salida y solución en un tablero geopolítico mundial cada vez más convulso y marcado por la pugna de las dos superpotencias globales: EE UU y China. A medida que la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán se amplía y se extiende por Oriente Próximo, la UE ha dado un sonoro portazo a Trump y a sus exigencias de que Europa se involucre en el conflicto.
Superestrella, el tema más exitoso del último disco de Aitana (Cuarto azul, publicado en mayo de 2025), no tiene videoclip. En lugar de eso, miles de usuarios de TikTok e Instagram se graban mientras bailan la canción y fingen cantarla como si hicieran playback (es lo que se conoce como lyp-sinc). Además, Aitana comparte algunos de estos videos en sus cuentas personales ayudando a que el tema se haga más viral y animando a que otros fans graben sus propias versiones con la esperanza de que la artista también repare en ellos. Como siempre en estos casos, ha habido de todo: abuelas que interpretan la canción, la propia Aitana haciendo su versión —es un giro más: la estrella se coloca en el lugar del seguidor— y muchas pandillas de adolescentes practicando la coreografía frente a las cámaras de sus teléfonos. Hasta aquí, todo lo que suele ocurrir con los éxitos recientes, para los que este tipo de viralidad es tan importante como la posición en las listas de ventas o las radiofórmulas.
A mitad de la segunda temporada de Jury Duty, a su protagonista, alucinado por los inesperados giros de los acontecimientos, solo se le ocurre decir que “la situación es tan sincera que nadie podría haberla escrito en una serie de televisión”. Es verdad que su diálogo no estaba guionizado, pero lo que Anthony Norman no sabía es que todo lo que le rodeaba sí estaba cuidadosamente planeado. Todos a su alrededor eran actores, e incluso sus decisiones personales estaban previstas. Él pensaba que era un empleado temporal de una empresa de salsa picante, pero estaba viviendo una ficción.
El Gobierno catalán retiró ayer su proyecto de Presupuestos ante la falta de apoyo parlamentario y para seguir negociando con Esquerra Republicana de Cataluña (ERC). Aprobar estas cuentas, aunque sea con un nuevo retraso, representa una prueba de fuego para un Ejecutivo que nació mediante un acuerdo de investidura de los socialistas con los Comuns y ERC que incluía, entre otras medidas, un nuevo sistema de financiación autonómica que recogiera las “singularidades” de Cataluña. El pacto se ha ido desarrollando sin grandes sobresaltos durante el último año y medio, pero su viabilidad está ahora en cuestión por la negativa de los republicanos a aprobar las cuentas de Illa si antes el Gobierno central no hace un gesto para que la Agencia Tributaria de Cataluña pueda recaudar la totalidad del IRPF.
Cada nueva crisis internacional pone de manifiesto la dificultad que tiene la Unión Europea para acordar una posición única en su política exterior. La actual, desatada por la guerra entre Israel y Estados Unidos e Irán, no es una excepción. Es legítimo preguntarse si la guerra hubiera sido más ampliamente cuestionada de haber estado Europa dominada por gobiernos de izquierda, pero no conocemos con certeza la respuesta. Tampoco puedo afirmar que Suecia sea representativa del conjunto de países del norte de Europa, pero voy a iniciar esta reflexión utilizando el caso para ilustrar la diversidad de imaginarios políticos y culturales que opera dentro de las fronteras de la Unión.

Afirman muchas jóvenes que prefieren no tener relaciones afectivo sexuales con hombres porque lejos de mejorar su vida la empobrecen y trastornan. Dicen que en las relaciones heterosexuales las agitan tensiones angustiosas e irresueltas entre traspasar las banderas rojas que les alertan de la educación patriarcal de su pareja, o intentar reeducarla. De decidir esto último el conflicto externo con el hombre se multiplica y se desplaza al interior de la joven, que se pregunta: ¿No estaré actuando como las mujeres tradicionales?, ¿no estaré perdonando sus intemperancias como mi madre hacía con mi padre? Una duda que las atormenta. Y no pueden permitírselo, no quieren permitírselo. “Los quiero ya educados”, afirman, reafirmándose. Pero se enamoran, desean, se vinculan, levantan banderas rojas, las cambian por la blanca de la paz, retornan al conflicto; muchas desisten. Interpretarlo solo como un triunfo más del individualismo, o como la retirada hacia un narcisismo que huye del conflicto, efecto del anhelo de no fricción que promueven las redes, apostando por relaciones funcionales de usar y tirar si el otro no se acomoda a nuestras expectativas, supondría no tomar en cuenta otros aspectos determinantes.
A los periodistas nos encanta hablar de periodismo en público y de otros periodistas en privado, pero no tanto del negocio que nos sostiene. Y eso que pocas cosas ayudan más a contextualizar la información que entender las condiciones materiales en las que se produce. El sector de los medios lleva años preocupado por su sostenibilidad, y las últimas noticias han agravado la ansiedad. Esta semana, han cerrado el grupo digital Noxvo, editor de cabeceras emblemáticas como eCartelera y Fórmula TV, y la versión en línea de la revista Pronto, que ha anunciado que se centrará en su edición en papel. Recientemente, otros medios han reestructurado equipos, realizado discretos despidos en puestos enfocados al tráfico o rescindido contratos con las empresas externas que les proporcionaban servicios de posicionamiento y redactaban “contenidos” rápidos y baratos. Estas son decisiones insólitas: los verticales especializados suelen ser resilientes gracias a su precariedad, hasta ahora eran las versiones analógicas de los medios las que cerraban (no las digitales), y si algo se ha priorizado últimamente han sido los grandes volúmenes de lectores ocasionales originados en buscadores.
Las declaraciones del Rey diciendo que en la conquista de América se produjeron abusos son de sentido común. También es razonable señalar, como hizo, que no podemos aspirar al conocimiento desde un “excesivo presentismo moral, sino con un análisis objetivo y riguroso”. En un proceso tan complejo, prolongado y lleno de contradicciones, violencia, alianzas, rupturas y desigualdades es evidente que se produjeron abusos.