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Hace 26 años que su historia de activismo ambiental y defensa de los derechos de las comunidades se convirtió en uno de los negocios más rentables de Hollywood. Erin Brockovich, la película dirigida por Steven Soderbergh y estrenada en el año 2000, recaudó casi 260 millones de dólares y convirtió a Julia Roberts, su protagonista, en la actriz mejor pagada de la historia hasta aquel momento: se embolsó 20 millones de dólares, además de ganar el Oscar a Mejor actriz protagonista. Pero Erin Brockovich (Lawrence, Kansas, 1960), la ‘de verdad’, la mujer que se enfrentó en cuerpo y alma a Pacific Gas and Electric Company (PG&E), no quedó en una ‘simple’ heroína más dibujada por las ansias capitalistas, y a menudo patriarcales, de Hollywood.
Francia, verano de 1966. Junto a los superéxitos de la angelical Mireille Mathieu y de ídolos yeyé tan pulcros como Sheila o Salvatore Adamo, hay otra canción bastante más gamberra que las radios están pasando en bucle para alborozo de los oyentes. En ella, un niño de ocho años escribe una carta a sus padres desde un campamento vacacional. El estribillo parece inofensivo: “Las bonitas colonias de vacaciones / gracias, mamá, gracias, papá / Todos los años quisiera que volvieran a empezar / ¡Yucaidí, aidí, aidá!”. Sin embargo, aquello pronto adopta otra deriva: “Toso un poco porque respiramos el humo de la fábrica de al lado / Pero jugamos justo enfrente, en el vertedero municipal”. Y después: “Por la mañana vamos a rebuscar en la basura / Los monitores no son malos: / se pasan roncando tres cuartas partes del tiempo de la cogorza que llevan”. No a todo el mundo le hace gracia, así que habrá consecuencias.
Con demasiado retraso, España regula desde este jueves la relación de los lobbies con la Administración estatal, al entrar en vigor el real decreto ley que el Gobierno aprobó el martes. El Congreso tiene 30 días para convalidarlo, y resultaría difícilmente explicable que la acritud de la política nacional frustre una medida anticorrupción esencial que Bruselas o el Grupo de Estados contra la Corrupción (Greco) le han reclamado infructuosamente a España varias veces. No invita al optimismo que el Ejecutivo haya recurrido de nuevo a la fórmula del real decreto ley. En el Congreso, los grupos son incapaces de debatir siquiera un proyecto de ley en este sentido presentado hace año y medio. En la anterior legislatura fracasaron otros dos intentos. Esta es una ocasión para demostrar que los partidos políticos españoles se toman en serio la lucha contra la corrupción.
Ahora que se habla de la caída de los infuencers como de la del Imperio Romano, un nuevo concepto se viraliza por doquier: las “batallas de farmear aura”. Por todo internet han proliferado las explicaciones del concepto y los manuales para llevarlo a cabo. Intentaremos explicarlo.
Pocas personas han producido tanta diversión y felicidad en las últimas siete u ocho décadas como René Goscinny, de cuyo nacimiento se cumplieron 100 años el 14 de agosto. Fue el creador de Astérix y Obélix, que dibujaba Albert Uderzo; del infame Iznogud, que quería ser califa en lugar del califa, y a quien retrataba Jean Tabary; de Lucky Luke, el vaquero que era más rápido que su propia sombra y que dibujaba Morris; o del pequeño Nicolás, ilustrado por Sempé.
Entras a trabajar en una empresa privada, te esfuerzas, lo das todo, pero nunca es suficiente. Te exigen más a cambio de menos, buscan eludir el pago de complementos retributivos, empeoran lentamente tus condiciones de trabajo y buscan indicios para ver motivos de despido. Ves el empleo público como una vía de escape, de estabilidad, de mejor salario, mejor conciliación, mejores condiciones. Opositas con el recuerdo amargo de tu última experiencia, lo consigues. Enhorabuena, por primera vez en tu vida tu esfuerzo es recompensado. No todos pueden ser funcionarios, pero el acceso a la función pública no se colapsa solo, lo están colapsando las empresas privadas.
A finales de 1956, tras una accidentada travesía a bordo del yate Granma, Fidel Castro desembarcaba en Cuba al frente de un pequeño grupo de revolucionarios, dando así el pistoletazo de salida a tres años de lucha guerrillera contra la dictadura de Fulgencio Batista. Uno de los instructores militares de aquella heterogénea fuerza combatiente era un antiguo oficial del Ejército Popular de la República española, el aviador Alberto Bayo Giroud. No en vano, veinte años antes, el entonces capitán Bayo, jefe de la Aeronáutica Naval de Barcelona, había organizado y liderado otro desembarco en una isla, la Mallorca de 1936.

A veces lo único que nos hace falta es que alguien nos escuche. Descargar el dolor, la frustración o la rabia que nos produce algo. Así de simple. ¿Por qué digo esto? Porque es más común de lo que parece que lo que te encuentres sea a alguien que te diga “anímate” o “no te preocupes” o “no estés triste, mujer”. Pues claro que no quiero estar triste. Pero a lo mejor, solo a lo mejor, ese día concreto lo que necesito es descargar, es liberar una emoción y que no me la invalides. Nos ayuda a aligerar la carga emocional y nos da nuevas perspectivas, porque no hay nada como verte a través de los ojos de un amigo, de una pareja, o de un familiar para entender que probablemente aquello que te ocurre no sea nada del otro mundo y que la solución está más cerca de lo que creías. A veces la respuesta está simple y llanamente en la escucha activa de quien tenemos a nuestro lado.