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El Gobierno firmó en septiembre de 2024 el último gran acuerdo en el que participan a la vez las patronales y los sindicatos. En los jardines de La Moncloa se selló el compromiso para, entre otras medidas, habilitar una herramienta para anticipar la jubilación en las actividades con más bajas y siniestralidad a cambio de un incremento de cotizaciones. La concreción de la medida llegó más tarde de lo previsto, pero el decreto fue finalmente aprobado por el Consejo de Ministros en mayo de 2025. Y la comisión que ha de estudiar cada solicitud también se formó más tarde de lo que prometía ese decreto, pero se compuso finalmente en octubre del año pasado. Ahora, más de seis meses después, el Ejecutivo vuelve a llegar tarde: con los plazos que marcaba el Boletín Oficial del Estado, la Seguridad Social ya debería haber respondido a las peticiones de la construcción y del transporte, pero aún no lo ha hecho. Estos dos sectores son los que más siniestralidad sufren en la economía española. En 2025 acumularon 164 y 93 muertes en jornada respectivamente, el 44% del total aunque juntos solo emplean al 13% de los ocupados.
En Francia le llaman el rey del piano, y Sofiane Pamart (Hellemmes, 1990) ha hecho suficientes méritos para merecer la corona. El músico, formado desde los siete años en el conservatorio de la ciudad norteña de Lille, ha logrado una pequeña proeza: convertir un instrumento asociado al virtuosismo clásico y al recogimiento solitario en un fenómeno de masas abierto a los códigos del rap, la moda y la cultura pop. De joven admiraba tanto a Chopin, Ravel o Debussy como a mitos del hip hop como MC Solaar. Durante años fue el pianista de cabecera de los raperos franceses, colaborador de figuras como SCH, Médine, Scylla o Josman, a quienes aportó armonías más ricas y un cariz neoclásico poco habitual en ese universo. “Mi música está a medio camino entre el minimalismo de Philip Glass y ciertos mecanismos del rap”, concedía Pamart hace unas semanas, sentado en un hotel pegado a la lujosa Place Vendôme de París.

David Graeber, brillante antropólogo y activista estadounidense, además de dejarnos importantes obras, nos dejó demasiado pronto. Falleció en 2020, a los 59 años, en plenitud intelectual. Los lectores recordarán, pues dieron mucho que hablar, El amanecer de todo. Una nueva historia de la humanidad (escrito junto a David Wengrow), En deuda: Una historia alternativa de la economía o Trabajos de mierda: Una teoría. Gracias al buen hacer de su viuda y colaboradora Nika Dubrovsky, se publica ahora, de forma póstuma, esta colección de ensayos breves. La mayoría se habían publicado ya de manera dispersa; en este volumen se reúnen y ordenan. En todos ellos (como en todos sus libros), queda claro que Graeber fue un gran antropólogo, lo que no le impidió ser, a la vez, anarquista. Se puede ser intelectualmente honesto y, al mismo tiempo, reconocer que uno siempre habla desde un lugar de lo más situado. En su caso, desde dos de sus convicciones más fuertes (que, para él, son el meollo del anarquismo): “Los seres humanos son capaces de comportarse de manera razonable sin necesidad de que alguien les obligue a ello” y “el poder corrompe”. No es preciso que los lectores simpaticen con el anarquismo o con estas ideas-brújula para poder disfrutar de todo lo que Graeber, como científico social, tiene que decir.

Uno de los discos de Michael Jackson, el último que publicó en vida, se titula Invincible. Aun cuando se trata de un apelativo de lo más idóneo para el Rey del Pop, hay otro que, a juzgar por la alta estima que hoy sigue provocando su imagen, parece todavía más apropiado: incancelable. Si invencible fue en lo artístico, más asombroso resulta que haya sido, en lo moral y lo público, inmune a la cultura de la cancelación; una criatura que, habiendo atravesado tempestades que a otros habrían arruinado sin remedio, permanece erguida en la memoria colectiva como si el vendaval apenas hubiera rozado su figura.
El año es 1998. La ciudad, Valladolid. Nines es un ama de casa que, tras quedar su marido en coma, pasa a encargarse del negocio familiar, un ruinoso videoclub de barrio. Asediada por las deudas, nota que solo una zona del local mantiene cierta actividad: la dedicada al cine para adultos. Así que esta mujer, conservadora y mojigata, dejará sus prejuicios a un lado y optará por potenciar esa sección que, tras varias carambolas, terminará convirtiéndose en foco de una auténtica revolución sexual entre las mujeres del barrio.




Me propuse con acierto no ver más programas de Jordi Évole, después de una entrevista con una dama, imagino que aconsejado férreamente por su cadena, que representaba para mí lo del nada nadea, pero hasta límites repulsivos. Una tal Montero, que se autoproclama sin vergüenza como la persona más poderosa de todo esto. Pero Évole es un fulano muy bueno inventándose un género, logrando complicidad no solo con el que tiene enfrente sino con la mayoría de la gente. Y constato que en su última época se acerca en plan colegueo absoluto a gente famosa que nacieron en su entorno, vecinal y solidario. Viva la cultura de barrio cuando hemos logrado el protagonismo.
El 7-1 contra el Barça a principios de octubre del año pasado fue un golpe duro para el Bayern de Múnich. La primera reunión tras el encuentro fue muy tensa. “Quizá fui un poco ingenuo, pero si volviéramos a jugar mañana este partido, ajustaríamos algunas cosas, pero seguiríamos con la misma idea: somos el Bayern”, le dijo el técnico José Barcala (Meaño, Galicia; 44 años) a su equipo. Tras aquel duelo, el club alemán no ha vuelto a perder, y ya ha levantado la Supercopa y la liga. También el Barça, su rival hoy (18.15, Disney+ y TV3) en la ida de las semifinales de la Champions en el Allianz Arena (Arsenal-Lyon es el otro duelo).
El fútbol es un producto de consumo más y el Mundial, su marca más célebre. Una cuestión de orgullo nacional dirimida en un campo de 100 por 70 con un balón de por medio. Resume y exhibe las novedades que el fútbol incorporó en los últimos cuatro años. En esta ocasión con más velocidad que nunca. Su condición de objetivo máximo y de contenido televisivo lo convierten en un lugar de encuentro de jugadores de todos los tiempos.

Cuando en 2007 se estrenó la serie juvenil Patito Feo, muchas niñas querían ser como Antonella: la chica más popular, bonita, talentosa y líder de Las Divinas. Brenda Asnicar (Buenos Aires, 34 años) interpretó a este personaje icónico con el que aún comparte esa personalidad coqueta y energética: se pasea por la redacción de EL PAÍS con ilusión, saludando y haciéndose fotos con su móvil en cualquier rincón para recordar el momento. En la telenovela argentina era también la archienemiga de Patito: la chica alegre, noble y talentosa de Las Populares, víctima de bullying por su aspecto físico. Patito era Laura Esquivel (Buenos Aires, 31 años), quien también con mucha emoción se pasea por el periódico, grabando con su cámara digital escenas para hacer un detrás de cámaras del Amigas del Corazón World Tour, gira en la que reinterpretan los éxitos musicales del programa de Disney Channel que se emitió en más de 50 países en Latinoamérica, Europa y Asia.

