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Maksym se echa a llorar cuando, en pleno registro policial, desbloquean su móvil en un ataque de fuerza bruta, un método con el que se encuentra la contraseña probando todas las combinaciones posibles. Un policía especializado en ciberdelitos recogió toda la información del dispositivo en vivo, antes de que lo borrara. Maksym, de 40 años y al que apodaban El Maestro, es el líder de un grupo criminal investigado por blanquear dinero a gran escala haciendo apuestas fraudulentas en casas de juego online. Su grupo llegó a suplantar las identidades de 240 personas en España que ni siquiera sabían que estaban jugando en su nombre. Cuando fueron a hacer su declaración de la Renta, vieron que Hacienda les reclamaba cantidades de hasta 7.000 euros por unas apuestas en internet que no habían hecho. La Policía le detuvo el pasado junio, junto a otras 11 personas. Maksym y cinco de los miembros de su grupo, todos de nacionalidad ucrania, menos un ruso, están en prisión provisional desde entonces.
Los sublevados franquistas del año 36 del siglo pasado vivieron un momento de sangrienta efervescencia en el verano y principios del otoño de aquel año. No perseguían crímenes o delitos concretos; perseguían a personas e ideologías. Y así mataron a miles de individuos. En el Barranco de Víznar, en Granada, han aparecido ya 194 personas arrojadas a 29 fosas comunes. Solo 11 han sido identificadas por ahora. El rasgo común de todas era ser sindicalistas, socialistas o republicanos. Y por ello fueron fusilados sin juicio ni condena. 90 años después, sus familiares se empeñan en que tengan el juicio que nunca tuvieron. Algunas de esas 11 familias han declarado ante la Fiscalía de Memoria Democrática de Granada. Han contado la verdadera historia de sus abuelos o bisabuelos, no para buscar culpables, sino para dar a conocer la verdad sobre la vida y muerte de sus antecesores.

Durante muchos años, Lucas Melcón (Puerto Real, Cádiz, 34 años) ha sido Malacara, un personaje creado para hablar “en andaluz” en las redes y en la calle a través de las camisetas que diseña con ingeniosas frases sacadas del día a día como las que dicen: “Arle caso a tu mare” o “No te preocupe, también te va a keá carvo”. Representante posmoderno de una generación que mira con distancia los partidos, pero no la política. Tiempo atrás colaboró con un partido que no quiere desvelar, así que desde este viernes sigue “desde la barrera” la campaña electoral.
Casi entrada la madrugada del viernes, otra vez en una sesión nocturna que terminó muy tarde en el Masters de Madrid, Marta Kostyuk tumbó en el tercer set a la rusa Anastasia Potapova (6-2, 1-6 y 6-1, 1h 37m) y se clasificó para la primera final de su carrera en un WTA 1000. La jugadora, de 23 años, diestra, con revés a dos manos y una estatura de 1,75 metros, se llevó las manos a la cabeza y se tapó la cara mientras su entrenadora, Sandra Zaniewska, le enseñaba desde su box en la pista Manolo Santana una carta con la jota de diamantes. La ucrania saludó a la juez de silla, se dirigió al público para agradecerle su apoyo y evitó darle la mano a su rival, una tenista nacida en Rusia que desde hace meses compite con la bandera austriaca pero que no ha rechazado de forma pública la invasión del Ejército de Moscú que desde hace más de cuatro años asola el país de Kostyuk. “La única con la que sí me saludaría sería con Daria Kasatkina. Ella cambió de nacionalidad y manifestó públicamente que no apoya la guerra. Por eso, al contrario que con otras tenistas, decidí darle la mano. Otras han cambiado de nacionalidad pero no han expresado su oposición a la guerra o no han apoyado a la gente de Ucrania. Para mí, eso no cambia nada”, había dicho un día antes la jugadora ucrania, que este sábado tendrá enfrente a otra deportisa rusa en la lucha por el título de la Caja Mágica (17.00; Teledeporte y Movistar), la joven y talentosa Mirra Andreeva, la número ocho del ranking WTA.
Desde el arranque del Mundial, incluso desde bastante antes, cuando arrancó la pretemporada y las primeras escuderías comenzaron a poner sus prototipos en pista en aquellos entrenamientos camuflados como sesiones de grabación, la Fórmula 1 está tumbada en un diván para reencontrarse consigo misma. El diagnóstico es claro: la desnaturalización de las carreras como consecuencia directa del nuevo reglamento técnico recién estrenado, específicamente en el área del motor, que ha aumentado hasta la paridad total (50%) la influencia de la parte eléctrica con la de combustión. La primera fase de la terapia se hará visible este fin de semana, en Miami, superado un parón de más de un mes que ha ido de perlas para que todos los involucrados acordaran la batería de medidas que se introducirán inmediatamente.
Si algún escritor desea pasar a la posteridad tiene que fabricarse previamente como personaje. Por regla general deberá salirse muy pronto de madre, hacerse con una imagen exterior y dedicar a su cultivo varias horas al día con una serie de payasadas, manías, lances y locuras que al principio pueden causar risa o desprecio, pero con un poco de suerte, acabarán convertidas en la masa crítica de su fama. La figura de Blasco Ibáñez salió a la luz primero como un reventador de rosarios de la aurora, agitador político, anticlerical, antimonárquico y antimilitarista, siempre a salto de mata huyendo de la policía. Se batió en duelo dos veces y en una de ellas se salvó porque la bala le dio en la hebilla del cinturón. Mientras tanto escribía a borbotones sin parar de noche hasta el alba. No es necesario ser tan excesivo y desparramado.
El mercado de la vivienda en España entra en una nueva fase, de menor intensidad, más normalizada, mucho menos expansiva. En definitiva, una etapa en la que se van a comprar y vender menos casas y el ritmo de subida de los precios se va a ralentizar, sobre todo en las ciudades más asfixiadas.
“Me importa una mierda la radio, las ventas y todo eso. Lo único que intento es hacer algo grande”, dice Jack Antonoff (Nueva Jersey, 1984) A pesar de lo que pueda parecer su tono no es agresivo. Es tajante y se explaya en las respuestas, pero es un tipo amable y educado. Y eso que el día de la entrevista, 31 de marzo, es su cumpleaños. Le caen 42 al hombre más ocupado de la industria musical y en vez de estar celebrándolo con su mujer, la actriz Margaret Qualley, está en el hotel Rosewood de Londres atendiendo esta entrevista bajo unos globos con forma de corazón que le ha traído su equipo, a modo de precario festejo. “No te preocupes, esta no es una parte del trabajo que me disguste”, responde a las disculpas por estropearle un día tan especial.

Los caminos del Señor son inescrutables. Julio Sánchez Domínguez (Madrid, 55 años) lo sabe bien porque ha peregrinado por esos senderos. Hace 25 años, cuando estaba a punto de convertirse en sacerdote, tuvo una visión, una epifanía. “En mi mente empezaron a fraguarse imágenes de flores, flores y más flores”, recuerda. Estaba en el momento reflexivo previo a la ordenación diaconal, pero tenía dudas sobre su vocación. “Fue un momento de crisis existencial. No sabía qué quería hacer con mi vida, no terminaba de ver mi camino. Entonces las flores aparecieron en mi cabeza. Fue una revelación en toda regla”.


Adela Cortina ha sabido retratar la evolución de España, definir el pensamiento de esta era a través de sus ensayos y adelantarse incluso a debates que han ido tomando fuerza en un país que ha cruzado un universo en 50 años: desde las dificultades y el orgullo de la Transición hasta las carencias que hoy asoman en forma de polarización, de exclusión del diferente cuando es pobre, de precarización ante la inteligencia artificial y de una fragmentación de la atención que hoy complica la forja de conciencia.