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Cuando preparaba el documental Shoah, Claude Lanzmann se preguntó hasta el tormento por el desenlace del exterminio: “Siempre me han perseguido los últimos momentos de los condenados, los últimos instantes antes de la muerte. ¿Qué significaba esperar desnudo y congelado, entrar a una cámara de gas en Sobibor o Treblinka?”. Cuatro décadas después, el proyecto Memento Wien se hace ahora otra pregunta con la misma obsesión, y la sitúa en el mapa: ¿dónde comenzó todo?
El vínculo de Susanna Griso (Barcelona, 56 años) y Luis Enríquez Nistal comenzó hace dos décadas, pero hasta hace poco solo habían compartido una bonita amistad. Todo cambió en enero de 2025, cuando “se miraron de forma diferente” y comenzaron un noviazgo que tardó dos meses en ver la luz. “Lo que veis es lo que hay”, afirmó ella después de que la revista ¡Hola! publicase en marzo del año pasado las primeras imágenes de la pareja, paseando su amor por las calles de Madrid. Siete meses después de aquella confirmación, fueron también las revistas las que revelaron que la presentadora de Espejo público y el ejecutivo de medios de comunicación iban a pasar por el altar. Y ese día ha llegado. Este sábado 25 de julio, la pareja se da el “sí, quiero” en una boda que reunirá a más de 200 invitados en S’Agaró, en la Costa Brava.

El verano es, para muchos, una época de momentos vacacionales. Son días que están fuera de la rutina habitual y que así han sido desde la infancia. Días que pasar con amigos para recordar viejas anécdotas, con la pareja para vivir nuevas experiencias o con la familia para repetir lo de siempre. La relación paternofilial en vacaciones muestra una curiosa transformación a lo largo de las décadas: pasa de incluir a unos niños y adolescentes totalmente dependientes, a una igualdad de condiciones entre adultos y a una mayor dependencia de las personas mayores respecto a sus hijos. Hay muchos adultos independientes que siguen buscando compartir parte de sus vacaciones con sus padres, pero, ¿por qué?
Los ucranios llevan años demostrando al mundo su formidable capacidad de resistencia ante el expansionismo ruso, pero su fortaleza reside también en la vitalidad de su sociedad civil. Lo han vuelto a evidenciar este mes de julio con las movilizaciones contra la destitución del popular ministro de Defensa, Mijailo Fédorov. Las protestas han acabado forzando al presidente, Volodímir Zelenski, a aceptar un relevo en la cúpula militar. Y han dejado claro que, al contrario que en la Rusia de Vladímir Putin, en este país existen límites al poder político, y contrapoderes. El apego de la ciudadanía a la democracia, incluso en medio de una guerra que ha obligado a dejar en suspenso las elecciones, es un arma decisiva para Ucrania en su defensa ante la invasión.

En el huerto aprende uno que el límite de sus actos se corresponde con la extensión de su vida. Hay cosas que están en nuestra mano, y otras que no. Podemos poner el máximo esfuerzo y cuidado en sembrar y plantar a tiempo, pero una helada tardía o una tormenta de lo que aquí llaman “la piedra” acabará en un rato con el trabajo de semanas, y con la esperanza de la cosecha. No hablo en un plural filosófico: este nosotros abarca a las dos personas que compartimos las tareas de hortelanos, y si acaso también a los amigos y conocidos que cultivan sus parcelas, y con los que intercambiamos semillas, plantas, frutos, consejos que siempre tienen una inmediatez práctica. Los novatos aprendemos de los veteranos. Un refrán nos pone en nuestro lugar: “A labrador tonto, patatas gordas”. Un amigo de las rondas en el bar nos regala unos sacos de estiércol de caballo; otro, de estiércol de oveja. Las ovejas las cuidan unos pastores marroquíes que ya hacían el oficio en las estribaciones del Atlas. Alguien que tiene calefacción de leña en su casa nos hace entrega de unos sacos de excelente ceniza, que es muy buena para repeler a los caracoles, innumerables porque ya no los diezman estos inviernos que han dejado de ser fríos. La ceniza de la leña de almendro es de un blanco de nieve.
Si hoy fuera sábado 25 de julio yo pensaría antes que nada que es el día de Santiago-y-Cierra-España, ese símbolo preclaro de la xenofobia, esa manera tan cristiana de querer matar a los que no lo son: prioridad nacional con aureola. Pero también podría averiguar que el 25 de julio de 1978 nació en Inglaterra Louise Brown, la primera bebé-probeta, o el de 1943 cayó el gobierno fascista de Benito Mussolini, o el de 1814 circuló la primera locomotora a vapor de George Stephenson y empezaron los trenes. Y recordar que el 25 de julio de 2015 llegué a Madrid desde Barcelona con ganas de instalarme.
Incluso las personas más comedidas en su gestualidad y en su oratoria ofrecían la sensación de estar borrachas de alegría después de la victoria de España en este Mundial planificado por dos gánsteres todopoderosos, ese Trump tan esperpéntico y grotesco como infinitamente dañino para cualquiera que posea ojos, oídos y al menos dos dedos de frente y su encantado y aséptico lacayo Infantino. Ambos intentaron pegarse como una lapa a la campeona buscando imposible protagonismo. Daba vergüenza. Y esa final ha sido degradante, sucia, asquerosa. Solo por parte de un equipo, del perdedor.
La primera vez que lloré en un museo fue con 17 años. Yo y mi amiga Cynthia habíamos ido al Reina Sofía para ver De donde no se vuelve, la exposición que recorría la trayectoria de Alberto García-Alix. Tengo muy mala memoria, pero aún puedo acordarme de algunas de las fotos que componían la pieza audiovisual que me emocionó. Había amigos muertos del fotógrafo, prostitutas, retratos suyos. De fondo sonaba la voz ronca y grave de García-Alix advirtiendo del poder de la fotografía como médium que “nos lleva al otro lado de la vida, de donde no se vuelve”.
El mundo sufre terribles conflictos bélicos. Tanto el ataque contra Ucrania como aquel contra Irán son guerras muy internacionalizadas. En el primer caso, decenas de países apoyan la resistencia de Kiev, y otros como Corea del Norte o Irán respaldan al agresor; en el segundo, hay varios países involucrados directamente, y otros de forma indirecta. Ello, sin embargo, no significa que nos hallemos en una guerra mundial, ni tampoco que estemos cerca de ella. Lo que sí en cambio afrontamos es algo que se va pareciendo a una guerra comercial mundial de intensidad mediana.