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Cambio de tono en la estrategia del expresidente catalán Carles Puigdemont para reclamar una mayor celeridad en la aplicación plena de la ley de amnistía. El relato se quiere fijar ahora en las consecuencias económicas que puede tener para España no agilizar el perdón judicial de los encausados por el procés. La demanda de una posible reclamación compensatoria aflora tras haber denunciado ante la Comisión Europea las trabas que pone el Tribunal de Cuentas al carpetazo de la causa relacionada con la procedencia del dinero que se gastó para financiar el desafío independentista y el intento de referéndum de 2017. En ese escrito de denuncia presentado en Bruselas, Gonzalo Boye, que también actúa en representación de los exconsejeros Toni Comín y Lluís Puig, ya advierte al Tribunal Supremo de que tendrá que hacer frente a una indemnización por daños y perjuicios si persevera en demorar la amnistía a los políticos independentistas.

Cuando Rakshya Bam (26 años, Kailali, Nepal) vio que en las protestas de la generación Z de Madagascar ondeaban banderas de Nepal, comprendió que lo que había hecho su generación en Katmandú era histórico. Apenas unos días antes del estallido de las movilizaciones en la isla africana, en septiembre de 2025, las protestas iniciadas por jóvenes nacidos entre finales de los noventa y principios de los 2000 habían terminado con la caída del Gobierno de K. P. Sharma Oli. “En Madagascar utilizaron nuestra bandera como símbolo de rebelión. Pero, sin duda, nosotros también nos inspiramos en otros países. Seguimos esos movimientos en Bangladés e Indonesia. El mundo entero estaba sufriendo”, recuerda Bam, coordinadora del Nepal Gen Z Front, en una entrevista con EL PAÍS en la Conferencia de Sostenibilidad de Hamburgo, a la que fue invitada para participar en un panel sobre la movilización política juvenil. “Pero creo que ahora es el momento de hacer una pausa y reflexionar. Necesitamos paz ahora mismo, hemos visto demasiada destrucción”, agrega.
Cuando preparaba el documental Shoah, Claude Lanzmann se preguntó hasta el tormento por el desenlace del exterminio: “Siempre me han perseguido los últimos momentos de los condenados, los últimos instantes antes de la muerte. ¿Qué significaba esperar desnudo y congelado, entrar a una cámara de gas en Sobibor o Treblinka?”. Cuatro décadas después, el proyecto Memento Wien se hace ahora otra pregunta con la misma obsesión, y la sitúa en el mapa: ¿dónde comenzó todo?
El vínculo de Susanna Griso (Barcelona, 56 años) y Luis Enríquez Nistal comenzó hace dos décadas, pero hasta hace poco solo habían compartido una bonita amistad. Todo cambió en enero de 2025, cuando “se miraron de forma diferente” y comenzaron un noviazgo que tardó dos meses en ver la luz. “Lo que veis es lo que hay”, afirmó ella después de que la revista ¡Hola! publicase en marzo del año pasado las primeras imágenes de la pareja, paseando su amor por las calles de Madrid. Siete meses después de aquella confirmación, fueron también las revistas las que revelaron que la presentadora de Espejo público y el ejecutivo de medios de comunicación iban a pasar por el altar. Y ese día ha llegado. Este sábado 25 de julio, la pareja se da el “sí, quiero” en una boda que reunirá a más de 200 invitados en S’Agaró, en la Costa Brava.

El verano es, para muchos, una época de momentos vacacionales. Son días que están fuera de la rutina habitual y que así han sido desde la infancia. Días que pasar con amigos para recordar viejas anécdotas, con la pareja para vivir nuevas experiencias o con la familia para repetir lo de siempre. La relación paternofilial en vacaciones muestra una curiosa transformación a lo largo de las décadas: pasa de incluir a unos niños y adolescentes totalmente dependientes, a una igualdad de condiciones entre adultos y a una mayor dependencia de las personas mayores respecto a sus hijos. Hay muchos adultos independientes que siguen buscando compartir parte de sus vacaciones con sus padres, pero, ¿por qué?
Los ucranios llevan años demostrando al mundo su formidable capacidad de resistencia ante el expansionismo ruso, pero su fortaleza reside también en la vitalidad de su sociedad civil. Lo han vuelto a evidenciar este mes de julio con las movilizaciones contra la destitución del popular ministro de Defensa, Mijailo Fédorov. Las protestas han acabado forzando al presidente, Volodímir Zelenski, a aceptar un relevo en la cúpula militar. Y han dejado claro que, al contrario que en la Rusia de Vladímir Putin, en este país existen límites al poder político, y contrapoderes. El apego de la ciudadanía a la democracia, incluso en medio de una guerra que ha obligado a dejar en suspenso las elecciones, es un arma decisiva para Ucrania en su defensa ante la invasión.

En el huerto aprende uno que el límite de sus actos se corresponde con la extensión de su vida. Hay cosas que están en nuestra mano, y otras que no. Podemos poner el máximo esfuerzo y cuidado en sembrar y plantar a tiempo, pero una helada tardía o una tormenta de lo que aquí llaman “la piedra” acabará en un rato con el trabajo de semanas, y con la esperanza de la cosecha. No hablo en un plural filosófico: este nosotros abarca a las dos personas que compartimos las tareas de hortelanos, y si acaso también a los amigos y conocidos que cultivan sus parcelas, y con los que intercambiamos semillas, plantas, frutos, consejos que siempre tienen una inmediatez práctica. Los novatos aprendemos de los veteranos. Un refrán nos pone en nuestro lugar: “A labrador tonto, patatas gordas”. Un amigo de las rondas en el bar nos regala unos sacos de estiércol de caballo; otro, de estiércol de oveja. Las ovejas las cuidan unos pastores marroquíes que ya hacían el oficio en las estribaciones del Atlas. Alguien que tiene calefacción de leña en su casa nos hace entrega de unos sacos de excelente ceniza, que es muy buena para repeler a los caracoles, innumerables porque ya no los diezman estos inviernos que han dejado de ser fríos. La ceniza de la leña de almendro es de un blanco de nieve.
Si hoy fuera sábado 25 de julio yo pensaría antes que nada que es el día de Santiago-y-Cierra-España, ese símbolo preclaro de la xenofobia, esa manera tan cristiana de querer matar a los que no lo son: prioridad nacional con aureola. Pero también podría averiguar que el 25 de julio de 1978 nació en Inglaterra Louise Brown, la primera bebé-probeta, o el de 1943 cayó el gobierno fascista de Benito Mussolini, o el de 1814 circuló la primera locomotora a vapor de George Stephenson y empezaron los trenes. Y recordar que el 25 de julio de 2015 llegué a Madrid desde Barcelona con ganas de instalarme.
Incluso las personas más comedidas en su gestualidad y en su oratoria ofrecían la sensación de estar borrachas de alegría después de la victoria de España en este Mundial planificado por dos gánsteres todopoderosos, ese Trump tan esperpéntico y grotesco como infinitamente dañino para cualquiera que posea ojos, oídos y al menos dos dedos de frente y su encantado y aséptico lacayo Infantino. Ambos intentaron pegarse como una lapa a la campeona buscando imposible protagonismo. Daba vergüenza. Y esa final ha sido degradante, sucia, asquerosa. Solo por parte de un equipo, del perdedor.