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La paradoja del empleo en el turismo está servida. Nunca hubo tantos cotizantes trabajando en hoteles, restaurantes, bares o cafeterías (2,75 millones al cierre de 2025) y nunca existieron tantos problemas para completar las plantillas. Las empresas han tratado de esquivar la falta de motivación de los trabajadores para aceptar ofertas de trabajo con incrementos salariales pactados en convenio y colaborando, cuando no cediendo alojamiento, a los trabajadores para que cubran puestos de trabajo en zonas de costa donde el precio de la vivienda se come prácticamente el salario.
En la carrera de la inteligencia artificial, las novedades se suceden más rápido de lo que se tardan en digerir. En este mundo inabarcable de anuncios distópicos y estrategias de relaciones públicas para exagerar los logros, resulta complicado distinguir entre un avance crítico y una actualización prometedora. Pero el último modelo de inteligencia artificial de Anthropic amenaza con hacer estragos en los sistemas de seguridad informática de todo el planeta.
En marzo de 1934, la revista Fortune publicó un reportaje sobre la guerra, titulado Arms and the Men (Las armas y los hombres), donde explicaba que cada baja enemiga costaba 25.000 dólares. “Cada vez que el fragmento de un proyectil se abre paso hacia el cerebro, el corazón o los intestinos de un hombre en la línea del frente, una gran parte de los 25.000 dólares encuentra su camino hacia el bolsillo de un fabricante de armas”. En Vietnam, el precio ya había subido a un millón de dólares por enemigo. Los rifles se habían convertido en helicópteros, bombardeos masivos, y una red logística global.
La madrugada, a veces, hace tomar malas decisiones. Un hombre que pasaba por delante del conocido establecimiento Toni 2 una noche de agosto de 2022 tomó una que resultó ser bastante desacertada. El individuo, que entonces tenía 32 años, vio a otro fumando a las puertas del piano bar y le pegó un puñetazo “sin mediar palabra”, como recoge la sentencia en el relato de los hechos. Ese gesto absurdo, que hirió a la víctima en la boca y provocó que tuviera que someterse a un procedimiento quirúrgico, le ha costado al agresor 20.000 euros.
Alemania se ha propuesto tener en un futuro próximo el ejercito convencional más fuerte de la Unión Europea (UE), con un gasto militar superior al de cualquier otro socio y unas fuerzas armadas que podrían acercarse al medio millón de soldados. Lo anunció la semana pasada el ministro de Defensa, el socialdemócrata Boris Pistorius. La noticia podría ser motivo de alarma para los socios europeos, dada el rastro de destrucción y crimen que en el siglo XX dejó en la historia el militarismo alemán. Pero en el siglo XXI, y ante amenazas del todo distintas, no hay razones para que sea así. Si Europa aspira a independizarse de Estados Unidos, y si quiere prepararse ante el acoso ruso en el flanco oriental, no hay otra alternativa que reconocer que la primera potencia económica, el país central en el continente y el más poblado debe asumir sus responsabilidades.
“Nosotros vivimos en una campaña permanente”, dice Manuel Mariscal, actual diputado y responsable de las redes sociales de Vox en 2018, en La España Viva (Kalma libros). La formación de Santiago Abascal maneja la comunicación política como nadie. Es el partido con más seguidores en España. Suma casi cuatro millones entre sus perfiles de TikTok (875.000), Instagram (1.100.000), Facebook (975.000) y X (660.000); PSOE y PP no superan los dos millones. La estrategia es muy sencilla. Mensajes y vídeos breves, cortos, directos, al grano. Si Vox llega a la Moncloa jamás llamaría Transición Ecológica y Reto Demográfico a un ministerio.

Fue quizá Susie Wiles la primera que lo entendió. La actual jefa de gabinete de Trump y directora de su tercera campaña electoral se dio cuenta de algo aparentemente contraintuitivo. En las dos primeras campañas electorales de Trump, en 2016 y en 2020, su equipo, asesores y allegados se la pasaban intentando contener su parte más impresentable, luchando para que inhibiera sus instintos y haciendo control de daños.
Sé cómo proteger lo que puedo ver. Cierro la puerta con llave. No dejo el móvil encima de una mesa en una terraza. Desconfío del desconocido que se acerca demasiado. Lo que no sé es cómo protegerme de lo que ya no está en mis manos. En las últimas semanas he recibido tres avisos de empresas distintas comunicándome que habían sufrido un ciberataque y que mis datos “podrían haberse visto comprometidos”. Tres correos con el mismo lenguaje insulso, la misma disculpa corporativa, el mismo vacío de consecuencias. Ahora, datos míos, que pueden ir desde mi nombre hasta mi numero de cuenta, están en manos de vete tú a saber. Y llegados aquí me pregunto: ¿quién responde? ¿Qué consecuencia real tiene para una empresa exponer los datos de miles de ciudadanos? Porque de momento, la respuesta parece ser: un comunicado, una disculpa y seguir adelante, ya que en principio se supone que no pasará nada. Eso no es suficiente.
En la política, como en la vida, la impaciencia es una mala compañera para las decisiones. Si un político quiere negociar con otro y expresa un gran interés en que el acuerdo sea rápido, su interlocutor ganará poder en la negociación. Solo hay que esperar a que el primero se desespere a medida que pasa el tiempo para conseguir un acuerdo más ventajoso. Donald Trump, sin ir más lejos, ha sido víctima de su impaciencia en diferentes ocasiones. Anunció que acabaría con la guerra de Ucrania “en un día” y que la de Irán terminaría “muy pronto”. Obviamente, Putin y los líderes iraníes tomaron nota de su ventaja.
No sé si fue a Stendhal o a Alberto Olmos, pero a alguien le leí que cuando dos escritores se juntan solo hablan de dinero. Y es cierto, salvo si esos escritores son de derechas. Cuando intelectuales o columnistas conservadores se reúnen, además de dinero, suelen debatir con afectada gravedad qué es lo que debería hacer la verdadera izquierda. Y añoran, ellos dicen que con sincera melancolía, la desaparición de la socialdemocracia.