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Recuerdo la primera vez que fui a México y la emoción que sentí al visitar la tumba de Luis Cernuda en el Cementerio de San Ángel. Llevé unas violetas como él había hecho al visitar el sepulcro de Larra en uno de sus poemas más emocionantes: “Escribir en España no es llorar, es morir / porque muere la inspiración envuelta en humo”. Volví a esos recuerdos en la entrega del Premio Cervantes con las intervenciones de Gonzalo Celorio y del ministro Ernest Urtasun. Con la fuerza conmovedora de la narrativa, Gonzalo habló de la muerte de su padre para salir después a caminar por el mundo de la literatura, la sociedad y las relaciones insustituibles entre España y México. Con la energía de su sentido político, Urtasun recordó el exilio español, la solidaridad de Lázaro Cárdenas y el encuentro de la escritora Elena Garro con Luis Cernuda en Valencia durante la Guerra Civil. Cuando le comentó que estaba casada con el poeta Octavio Paz, Cernuda respondió que él era también poeta.
En la política, como en la vida, la impaciencia es una mala compañera para las decisiones. Si un político quiere negociar con otro y expresa un gran interés en que el acuerdo sea rápido, su interlocutor ganará poder en la negociación. Solo hay que esperar a que el primero se desespere a medida que pasa el tiempo para conseguir un acuerdo más ventajoso. Donald Trump, sin ir más lejos, ha sido víctima de su impaciencia en diferentes ocasiones. Anunció que acabaría con la guerra de Ucrania “en un día” y que la de Irán terminaría “muy pronto”. Obviamente, Putin y los líderes iraníes tomaron nota de su ventaja.
No sé si fue a Stendhal o a Alberto Olmos, pero a alguien le leí que cuando dos escritores se juntan solo hablan de dinero. Y es cierto, salvo si esos escritores son de derechas. Cuando intelectuales o columnistas conservadores se reúnen, además de dinero, suelen debatir con afectada gravedad qué es lo que debería hacer la verdadera izquierda. Y añoran, ellos dicen que con sincera melancolía, la desaparición de la socialdemocracia.
El exjefe de ETA Julen Atxurra Egurrola, alias Pototo y Erreka, no iba a extinguir su pena de 30 años de cárcel por terrorismo hasta abril de 2042. Sin embargo, cuando aún tenía por delante más de 16 años de condena, el lunes de hace dos semanas la Audiencia Nacional le convertía en un hombre libre. Los tres magistrados del tribunal habían acordado aplicarle la reforma legal aprobada en septiembre de 2024 por unanimidad en el Congreso de los Diputados, que permite a los presos descontar de sus penas el tiempo cumplido por el mismo delito en cárceles de otro país.
El caso Vivotecnia, que reveló el presunto maltrato animal que se llevaba a cabo en la sede madrileña de esta compañía de experimentación para medicamentos y cosmética, llega a juicio cinco años después. Un vídeo grabado por una exempleada y hecho público en 2021 por la ONG Cruelty Free Internacional (CFI) destapó las prácticas irregulares en esta empresa. En él se veía a un mono agarrado por todas las extremidades mientras lo manipulaban, inyecciones en los globos oculares de roedores sin sedación, marcas presuntamente innecesarias en los perros y conejos eutanasiados aparentemente sin las medidas que establece la ley, entre otras escenas macabras. Todo ello con comentarios como “cerda psicópata”, “como Hitler, pasajeros al tren” o “déjale, que se rompa la columna”.


Santiago Díaz (Madrid, 55 años) no escribiría si no se divirtiera e hiciera que los demás disfrutaran con sus novelas. Cuesta imaginar a qué se dedicaría entonces porque, asegura, no vale para otra cosa: “Me pides que te cuelgue un cuadro y se te cae la pared. Para lo demás soy un inútil”, cuenta a EL PAÍS un martes de finales de abril en un céntrico hotel de Madrid. Su última novela, El amo (Alfaguara), lleva unas semanas en el mercado, colocada, como las anteriores, entre los primeros puestos de lo más vendido. Díaz no se esconde: “Si consigues hacer un poco de mejor literatura o dejar una huella, genial, pero mi finalidad, mi ambición y mi objetivo es que la gente se lo pase bien. Busco momentos espectaculares y giros inesperados”.

El parlache, según la Real Academia Española de la Lengua (RAE), es la jerga surgida en los sectores marginados de Medellín. Su aceptación, hace 25 años, ejemplificó la apertura a una visión panhispánica del idioma y fue posible gracias al trabajo de campo liderado por los lingüistas Luz Stella Castañeda (Medellín, 77 años) y José Ignacio Henao (Pensilvania, Caldas, 81). Esta pareja, en la vida y en lo académico, compiló el primer diccionario de ese dialecto social en 2006, un material al que incluso recurre la policía en su lucha contra el crimen. Ya jubilados, les sigue sorprendiendo el impacto que tiene en el habla coloquial colombiana. Varias series o el reguetón, aseguran, lo han legitimado y difunden a nivel global.
Padre de familia se estrenó el siglo pasado. Era enero de 1999, el mismo año que empezaron Los Soprano, 7 vidas o Digimon. Pero, a diferencia del resto y como también sigue haciéndolo Mariska Hargitay en Ley y orden: Unidad de víctimas especiales, los Griffin han seguido apareciendo casi ininterrumpidamente en los televisores de todo el mundo desde entonces. La serie no solo ha sobrevivido a una cancelación, sino que ha superado cualquier mal de la televisión tradicional y ha triunfado y crecido en la era de las plataformas.
A los 47 años, Silvia Navarro todavía deseaba más, pensaba que no había dicho su última palabra, pero aquí acaba su gran historia como portera de balonmano. Se marcha, por decisiones ajenas a su voluntad, la última jugadora que aún permanece en activo de la inolvidable generación de las Guerreras. “Me retiro, es una despedida forzada. Quería jugar un año más, pero las circunstancias no lo han permitido. Yo no quería este final. Quería seguir un año más y decir adiós”, afirma concisa y midiendo mucho las palabras a través de una videollamada con este periódico. De momento, hasta aquí llegan sus explicaciones sobre la despedida, aunque anuncia que, cuando acabe la temporada con su todavía equipo, el Rocasa Gran Canaria (este sábado perdió 24-19 en la ida de los cuartos contra el AtticGo Elche), dará una rueda de prensa donde ofrecerá más detalles. Ella asegura que se encuentra en perfecto estado de salud.
Carlos Alcaraz no estará en Madrid, no estará en Roma ni estará en París, en principio. O quizá sí, porque el acceso a las capitales europeas de momento no se le va a prohibir, pero no jugará los torneos de la temporada de tierra. Por una lesión cruel: se habla de tenosinovitis e incluso de la posibilidad de afectación del fibrocartílago. Todo ello en la muñeca, que es la articulación prodigiosa del juego de Alcaraz, su varita mágica.