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Valérie Itey aprendió desde pequeña que el destino último del cabello humano no es el suelo de un salón de belleza. Recuerda que su familia, que se dedicaba a la producción de vino, lo usaba para ahorrar agua en los cultivos y alejar a algunos animales como los jabalíes. “En mi país era normal ver hectáreas de tierra cubiertas de pelo, pero había que quitarlo pronto porque se acumulaba y se lo podían comer los conejos”, dice a este periódico en una entrevista realizada por videollamada.

La noche de Todos los Santos de 1570 Santa Teresa de Jesús durmió por primera vez en la casa que había arrendado para alojar una nueva comunidad carmelita en Salamanca. En 1970, cuatro siglos después, se abrió el nuevo Carmelo de San José a las afueras de la ciudad, proyectado por el arquitecto Antonio Fernández Alba. Si la primera preocupación de santa Teresa era encontrar un lugar adecuado para adorar el Santísimo Sacramento, Fernández Alba se preguntó qué necesidades tenían las mujeres mayores que iban a habitar el convento. Se encontró una comunidad envejecida, que abandonaba la casona de un conjunto en un estado precario, del que solo se ha mantenido en pie la iglesia, para ocupar un nuevo edificio en un lugar privilegiado, con las mejores vistas sobre el río Tormes y el circo de Gredos. El arquitecto entendía que el ejercicio físico era imprescindible para ayudar a mantener la salud de las hermanas, y proyectó un convento que reformulaba por completo el modelo tradicional para conseguir ese objetivo, sin dejar de ser fiel a las reglas de la orden carmelita. En estas fundaciones un grupo de mujeres se unen para explorar su intimidad a través de una vida en comunidad que permite potenciar la experiencia mística. El ritmo en el interior del convento viene pautado por las actividades que realizan las hermanas a lo largo del día, divididas en rezo, trabajo y descanso.
Pregunta. A raíz de la prórroga de alquileres que aprobó el Gobierno, ¿qué puede pasar si el propietario se niega a recibir el burofax? M. J. Castelló.

A eso de media tarde, la silueta longilínea de Gael Monfils (París, 39 años) va asomándose por el túnel que da acceso al lago de la Caja Mágica, donde transcurrirá la conversación con el francés. Los andares y el habla del tenista tienen un ritmo cachazudo, como si acabara de amanecer o bien estuviera ahorrándose las últimas energías de cara a lo que viene por delante: en mes y medio colgará la raqueta después de 22 años como profesional. Lo hará en casa, en Roland Garros. Y, fiel a su estilo, en forma de fiesta. “Nada de tristeza...”, recalca este competidor disruptivo que se marchará como doble semifinalista de un Grand Slam, con 13 trofeos en el palmarés y habiendo alcanzado el sexto peldaño del circuito. Sin embargo, el nombre de Monfils no se asociará tanto a los registros como a una forma diferente de jugar. Su físico prodigioso deja estampas prácticamente inverosímiles, escorzos imposibles. Todo un desafío a la gravedad. Air Gael, se dice. Indudablemente, tenis de autor.

La arquitectura de vanguardia no es solo patrimonio de las ciudades. Al recorrer la España rural, surgen edificios que no se esperan: no son iglesias románicas ni conventos barrocos, ni castillos en ruinas dominando el horizonte. A veces, es una cúpula blanca en medio de una ría industrial; otras, es una bodega escondida bajo tierra como queriendo desaparecer, un museo contemporáneo en medio de una dehesa extremeña o un hotel que dialoga con los olivos y la piedra seca.
Más información en la web lonelyplanet.es.
De aquí a 2028, 775 hoteles se sumarán a los más de 16.600 hoteles que tiene España abiertos en la actualidad, una cifra surgida de un estudio de la consultora EY-Parthenon que da vértigo y que convive con la de las viviendas turísticas, en plena expansión desde hace años. Sin embargo, frente a la abrumadora oferta de hospedajes, en los últimos años ha cobrado peso otra manera de viajar, una opción para disfrutar del destino más allá de las zonas masificadas por el turista. El intercambio de casas gana adeptos año tras año y se posiciona como una alternativa a los alojamientos tradicionales idónea para conectar con la vida local. Aunque la idea de compartir no se limita solo al sector turístico, sino también al intercambio de libros o ropa.

A Marta Coca (Igualada, 52 años) el virus de la moda le entró en los años noventa, cuando estudiaba comercio internacional y varios idiomas, entre ellos japonés. Eran los años del esplendor de los grandes diseñadores nipones y de los seis de Amberes, ese inconfundible diseño minimalista que tanto marcó a la Cataluña cool. Empezó su carrera profesional llevando mercados europeos en empresas del textil. Cuando la Generalitat puso en marcha un departamento de moda lo vio claro: “Este es mi momento para presentarme como consultora y empecé a trabajar mucho en outsourcing en India, Bangladesh, Vietnam”. La directora de la semana de la moda de Barcelona, que ahora trabaja en el reposicionamiento de la pasarela 080 de Barcelona como destino de diseñadores con conciencia social, sigue siendo una de esas fashionistas que si va a ver una de Wim Wenders se fija en el vestuario más que en la trama.


Queda poco para una de las fechas más especiales del calendario, un día en el que ellas son las grandes protagonistas y toca homenajearlas como se merecen. Aunque hay que agradecerles todos los días lo que hacen por nosotros, el Día de la Madre es la ocasión perfecta para recordarles lo importantes que son en nuestras vidas.




















“Hace treinta años se delinquía más que ahora. Me avergonzaba la manera en la que se destrozaba la pasta carbonara”. Quien habla, por supuesto, es un italiano, nacido en Cerdeña: Angelo Loi, propietario del restaurante La Tavernetta, en Madrid. Opina de forma parecida Enrico Bosco, fundador y responsable del grupo Pulcinella, que agrupa nueve restaurantes —entre ellos el mítico Pulcinella, fundado por su padre hace 32 años— en Madrid. “He visto hacer auténticas animaladas, incluso ponerle cebolla”.