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Con un 2-8 en la eliminatoria contra el PSG y a cinco minutos del final, Liam Rosenior, entrenador del Chelsea, reclamó la presencia de su jugador Alejandro Garnacho en la banda y le entregó una nota de papel, se entiende que con algún tipo de instrucción táctica para el tiempo restante. Por la cara que puso el argentino mientras leía la misiva bien podría ser cualquier otra cosa: desde un ejercicio para practicar la conjugación de los verbos en latín hasta un problema matemático, una teoría poco probable, pero verosímil en alguien que desprende más aura de catedrático que de entrenador. “100% analítico, 0% pasional”, debería decir en su próxima carta de presentación que, de seguir con esta línea de juego y resultados, deberá comenzar a redactar más pronto que tarde.
La falta de personal es uno de los mayores quebraderos de cabeza de la hostelería en España. Es un fenómeno que comenzó con la pandemia y que ha seguido imparable. Según datos de Comisiones Obreras, a principios de 2023 habrían abandonado el sector unas 70.000 personas. Los hosteleros siguen teniendo dificultades para encontrar camareros —uno de los perfiles más demandados— y personal de cocina. Los cocineros, al frente de negocios con reconocimiento, admiten que la situación es dramática y ofrecen su visión sobre el problema.
El escritor Francesc Serés (Zaidín, Huesca, 53 años) acaba de regresar a la ciudad austriaca de Graz, en la que vive, tras presentar en España El primer año (Destino, 2026). Autor de una amplia obra literaria en catalán, muchos de cuyos títulos han sido traducidos al castellano, Serés, a modo de dietario, recorre en este último libro los 13 meses que van desde el último mes de embarazo de su pareja hasta el primer año de vida de su hijo Juli, hoy un bebé de 20 meses. Cada mes recoge una anécdota concreta, un encuentro en el que de alguna forma el niño hace de imán para que se produzca.

Sequedad, picazón, tirantez, enrojecimiento o sensación de incomodidad: así se manifiesta la piel atópica y sensible. Quienes conviven con ella saben que hidratar y calmar son dos pasos esenciales en una rutina de cuidado.






Antonio Alonso enfrentó por primera vez la muerte en aquel pabellón de Ifema. La respiró, la vio y la tocó. Era 11 de marzo de 2004 y fue uno de los científicos movilizados para las tareas de identificación de los cadáveres del atentado yihadista que convulsionó España y mató a 192 personas. En ese momento, todo era adrenalina y cumplir con una misión, no había tiempo de reflexionar sobre lo que acababa de suceder. “Como científico, estás acostumbrado a la vida aséptica del laboratorio, pero esa fue la primera vez que salía y veía la muerte en directo”, señala. No fue hasta unas semanas después, mientras tomaba una cerveza en una terraza, cuando le vino a la nariz de golpe todo el olor que le impregnó aquellos días. “Me asusté y todo, pensé: ‘¿Qué me está pasando?”.


El Málaga TechPark, conocido hasta hace unos años como Parque Tecnológico de Andalucía (PTA), ha superado ya los 29.000 trabajadores en 719 empresas que facturan casi 5.000 millones de euros. Son cifras, ofrecidas este lunes, que permiten al espacio representar hasta el 30% del PIB de la ciudad andaluza y mantenerse como un claro generador de “oportunidades de empleo”, según dijo el alcalde, Francisco de la Torre (PP). El Málaga TechPark, donde el Gobierno impulsa un centro de fabricación de semiconductores, mira al futuro con optimismo en busca de alcanzar los 50.000 trabajadores en un periodo de “entre cinco y seis años”, según su presidente, Felipe Romera. Un crecimiento, eso sí, que le enfrenta a un reto, el de la movilidad, que puede ahogar su crecimiento como ya hizo en el pasado. Hoy los permanentes atascos en sus accesos son un mal recuerdo, pero nadie sabe si volverán mientras la Junta de Andalucía estudia si merece la pena llevar hasta allí el Metro y el Gobierno mantiene guardado en un cajón la posibilidad de ampliar el Cercanías hasta su puerta.


La inestabilidad regresará a España con la borrasca Therese. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha emitido un aviso especial debido a la formación de esta nueva borrasca que irá ganando fuerza y provocará un episodio de mal tiempo en Canarias durante los próximos días. A partir de este jueves y durante el resto de la semana habrá un temporal de viento, lluvia y mala mar. El portavoz de la Agencia, Rubén del Campo, ha señalado que las rachas de viento serán intensas en las islas con lluvias fuertes y olas que podrán superar los cuatro metros.

La silueta de la cigüeña blanca sobre torres y campanarios en las diferentes localidades de Extremadura forma parte del imaginario colectivo, sin embargo, esa estampa está desapareciendo en los últimos años.

Dos días antes de celebrarse la Copa del Rey de hockey patines, en Sant Sadurní d’Anoia rezuma la calma, solo trastocada por las animadas conversaciones en los bares, ahora que ya hay colgado algún cartel por el pueblo que anuncia el evento. Saben los lugareños que desde este jueves hasta el domingo las calles serán una fiesta, todas las aficiones hermanadas hasta que la bola empiece a rodar. Un festejo que, sin embargo, en la casa de los Aragonés no se celebra todavía, ya que Jordi y Rosa no quieren que haya un perdedor, al menos en el primer envite del torneo, donde se enfrenta el Noia con el Barcelona. Resulta que sus hijos Xavi y Sergi juegan a cada lado de la pista, uno de rojo y el otro de azulgrana. “El Barça es mucho Barça, pero el año pasado ya les ganamos y sabemos que podemos volver a hacerlo”, reflexiona Xavi, con una sonrisa picarona; “pero tampoco me cebé mucho porque él me ha ganado muchas veces y no hizo sangre”. Replica Sergi: “Esta vez no vas a ganar. Llevamos ya un tiempo concentrados y pensando en este encuentro porque no queremos que se repita la historia”. Ambos están sentados alrededor de la mesa familiar y ya han acordado que esta conversación con EL PAÍS será la última sobre el tema hasta que no acabe el duelo, que ahora es momento de distanciarse para pensar hacia dentro.


“Me desnudé demasiado. No quiero ser ese señor tan desasosegado y preocupado que sale ahí”, dice José Luis Sastre (Alberic, Valencia, 42 años) señalando la página de su última entrevista en EL PAÍS hace dos años con motivo de su primer libro, Las frases robadas. Reflexiona sobre la cantidad de horas que trabaja. “Me hará envejecer mejor saber perder el tiempo. Miguel siempre me dice que para aprender a no hacer nada hay que sentarse y decir: sofá, radiador, piano, ventana, calle. No he llegado a ese punto, pero estoy en ello”, dice mientras pide un vaso de agua y toma asiento. Miguel es Miguel Maldonado, su compañero del podcast Sastre y Maldonado. “No nos conocíamos de nada. Si el podcast ha tenido algo especial es que ha sido la construcción de una amistad en directo”. Es lunes y está recién llegado de Valladolid, donde ha seguido las elecciones de Castilla y León con su programa de radio Hoy por Hoy, que dirige Ángels Barceló. Es columnista de EL PAÍS. Prepara nuevo programa en TVE, El juicio. Y publica ahora Plomo (Plaza&Janés), una novela sobre un policía que asume la escolta de una concejala amenazada de muerte. Una historia sobre dos héroes anónimos, de los cientos que hubo en el País Vasco bajo el terror de ETA de los que no se supo nunca el nombre salvo cuando se estampaba en una esquela. Puede ser, sin embargo, la historia de cualquier terrorismo al que se enfrenta alguien que bien se pudo ahorrar ponerse voluntariamente en la diana. Plomo no transcurre en ninguna época concreta, ni sale ningún nombre reconocible. Sí son reconocibles los atentados, sí es reconocible (mucho) la atmósfera.

