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Lo primero que aclara el periodista y realizador audiovisual argentino Hernán Siseles, de 44 años, es que lo suyo no fue una idea sino una acción. No lo podría explicar como un plan ni como un negocio. Fue un movimiento, metafórico y físico, casi intuitivo, de un piano, un piano vertical (o de pared) Otto Meister que después de 20 años de permanecer en el salón de su casa en el barrio porteño de Chacarita fue trasladado a 300 metros de allí, a un bar donde una amiga había empezado a hacer actividades culturales. Movimiento inicial, entonces, y luego: expectativa, observación. ¿Qué pasaba con eso? ¿Qué decía la gente?
Salvando las distancias, el presidente de la Fed, Jerome Powell, está a un paso de convertirse en una especie de Atticus Finch financiero, el protagonista de Matar a un ruiseñor, el clásico de Harper Lee, que describe al personaje como referente moral y un modelo de integridad. Powell está resistiendo imperturbable la campaña de acoso de Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, para tomar el control del organismo. Ha recibido insultos, amenazas e incluso una citación judicial por una investigación penal. El mandatario republicano quiere que los tipos de interés estén más bajos para dinamizar la economía. La reunión de la Fed de este miércoles se antoja más interesante por los asuntos ajenos a la institución que por las decisiones de política monetaria.
Los Bridgerton, la serie de Netflix inspirada en las novelas de Julia Quinn, vuelve este 29 de enero con una cuarta temporada. Un nuevo romance emerge entre el hermano más bohemio de la familia, Benedict Bridgerton (Luke Thompson) y Sophie Beckett (Yerin Ha). Esta ficción se popularizó por las apasionadas historias de amor, la música pop adaptada a la época, los escándalos, el lujo y escenarios emblemáticos de la alta sociedad de Inglaterra durante el periodo de la Regencia ―a principios del siglo XIX, entre 1811 y 1820―. Y como toda serie de éxito, son muchos quienes se animan a visitar los lugares en los que se ha grabado.

En 1928, el diario New York Times le dedicó una página entera a uno de los cambios más revolucionarios vividos en materia de calzado en los últimos años. El artículo en cuestión, se hacía eco de cómo en París las casas de costura habían provocado que el satén y el crepé de China desbancara al omnipresente cuero metálico y los brocados en las hormas de salón.























El pleno que celebra el Tribunal Constitucional esta semana tiene particular importancia en relación con la recta final de sus resoluciones sobre la ley de amnistía y su aplicación. Los magistrados han decidido en primer lugar no levantar la suspensión de la orden de detención que sigue vigente en España contra el expresidente catalán Carles Puigdemont. El líder del procés no consigue, en suma, que se le permita regresar ya a España. Pero se trata de una decisión que no prejuzga nada sobre lo que vaya a suceder cuando se resuelva el recurso más relevante, el que presentó Puigdemont contra la interpretación que hizo el Tribunal Supremo para no aplicar la citada norma al delito de malversación.
Teherán es una de las series más potentes que pueden verse actualmente y lo es por varios motivos. En primer lugar, porque nos habla de un conflicto, el de Irán e Israel, visto desde una perspectiva poco frecuente: el de los entresijos de los servicios secretos de ambos países y lo hace sin recurrir a las mixtificaciones tan habituales en los tiempos que vivimos. Verla es confirmar la crueldad de las guerras. Claro que eso lo dijo mucho mejor Albert Camus: “La intolerancia, la estupidez y el fanatismo pueden combatirse por separado, pero cuando se juntan, no hay esperanza”, frase que, lamentablemente, podría ser la perfecta definición del autosatisfecho zafio que ocupa el despacho oval.
En una industria tan competitiva y voraz como la musical, donde cada temporada se catapultan estrellas igual de jóvenes que efímeras, seguir siendo vigente tras una década sin publicar un álbum roza el milagro. Ese es el caso de Rihanna. Esta misma semana se cumplen 10 años de Anti, su último disco, y la autoimpuesta pausa no le ha pasado factura. Al contrario. Hoy es la cuarta artista más escuchada en Spotify, con más de 100 millones de oyentes mensuales, y sus canciones siguen siendo disfrutadas tanto por el público que vivió su hiperactividad creativa en primera persona como por una generación Alfa que jamás la ha visto en directo. Una escena reciente lo resume bien. Hace unos días se hizo viral un vídeo que la cineasta Chloé Zhao compartió en Instagram, en el que el elenco de Hamnet celebraba el final del rodaje al ritmo de We Found Love, aquel himno que Calvin Harris le produjo en 2011. Así funciona su legado: mientras en la última década ha centrado sus esfuerzos en otros frentes más rentables que su propia discografía, el mundo sigue dándole al play como si no hubiera pasado el tiempo.
Una década después del suicidio de su padre, fallecido a los 44 años, Pol Guasch (Tarragona, 1997) intenta poner palabras al vacío que dejó en un nuevo libro, Reliquia (Anagrama, en catalán y en castellano, con traducción de Unai Velasco), que se publica este miércoles. El autor, prodigio de las letras catalanas desde su debut a los 24 años, cuando irrumpió con una voz rara, lírica y poderosa, afronta ahora el reto de escribir sobre su vida. En el libro, la escritura se atasca, vacila, no siempre consuela. Eso lo lleva a buscar aire fuera del relato familiar. Recorre las vidas de escritores que también eligieron el suicidio y sus notas finales, como si esa constelación de últimas frases lo ayudara a entender aquello que la autopsia de su padre, tecleada en una tipografía tan absurda como la famosa Comic Sans, no consigue explicar. El resultado es un libro conmovedor, que es a la vez elegía e intento de reconstrucción.

A unos 40 minutos en coche de Ámsterdam se encuentra la ciudad de Lisse, famosa por el espectacular jardín de tulipanes de Keukenhof que, cada primavera, se convierte en un colorido reclamo turístico. Aunque el nombre de Keukenhof remite inmediatamente a las flores, contiene la palabra keuken, que en neerlandés significa “cocina”. De ahí que tenga todo el sentido del mundo que un museo dedicado a la comida se ubique aquí.



















