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El príncipe Enrique de Inglaterra se ha quitado, al menos de momento, uno de los obstáculos que podrían amargarle su inesperada vuelta al Reino Unido, donde regresó, junto a su esposa e hijos, el pasado 26 de agosto, tras seis años residiendo en California (Estados Unidos). Según publicó The Telegraph el domingo 18 de octubre, Sentebale, la organización benéfica que fundó en 2006 y le demandó el pasado mes de abril ante el Tribunal Superior por difamación, ha suspendido la demanda, argumentando motivos financieros. El diario británico ha publicado que el proceso se ha parado ante el temor por parte de algunos sectores de la organización a perder el juicio contra el duque de Sussex y tener que cerrar para cubrir los gastos legales e incluso una posible indemnización. Según ha reportado la propia ONG, han registrado una caída del 20 % en sus ingresos meses después de presentar la demanda contra el hijo pequeño de Carlos III.

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No se conocen de nada. A uno, de 20 años, le pilló en el hospital, justo cuando visitaba a la madre de una amiga en Barcelona. Al otro, de 29, dormido. Tanto, que una vecina le tocó el timbre de casa para despertarle en mitad de la siesta ante el aluvión de mensajes y la preocupación de su familia: tenía el móvil en modo avión tras concluir su jornada habitual de taxista por las calles de Manresa. Los dos fueron acusados este sábado de asesinar a Rosario Sánchez, una mujer de 83 años fallecida en Burgos el pasado martes tras un asalto a su casa. Varias cuentas de redes sociales —entre ellas Nucleo Nacional, el movimiento nacido en Ferraz en el que recalan los ultras de extrema derecha y Revuelta, la organización juvenil de Vox— compartieron una información falsa en sus canales, donde cuentan con decenas de miles de seguidores. Derivó en pantallazos por doquier. Cientos de miles de visualizaciones. Reenvíos masivos por WhatsApp. Hoy, de hecho, todavía hay cuentas que siguen difundiendo el bulo.

La jueza de la Audiencia Nacional María Tardón, a cargo de la investigación sobre Ceuta, ha pedido que el Ejército de Tierra le amplíe de forma sustancial la información sobre lo sucedido no solo el día 30 de julio, cuando se produjo el salto masivo, sino mucho más allá. La magistrada quiere “todos los informes de inteligencia y seguridad” que se hayan emitido en la Comandancia de Ceuta desde el 15 de julio hasta el 7 de agosto. Además, cita a declarar el próximo 27 de octubre a tres consejeros del Ejecutivo ceutí ―Alberto Gaitán (Presidencia), Nabila Benzina (Sanidad y Servicios Sociales) y Alejandro Ramírez (Fomento, Medio Ambiente y Servicios Urbanos)― y un día después a tres agentes de la Policía que estuvieron en la frontera el día en el que se produjo la entrada de inmigrantes.

Aida es una ópera que no acaba de tener buena prensa, a pesar de que contiene algunos momentos de muchísimos quilates expresivos y teatrales, especialmente los dos dúos del tercer acto y la escena final del cuarto. Hans Castorp, el protagonista de La montaña mágica de Thomas Mann, escuchaba esta última una y otra vez en su gramófono, “pues lo que sentía, vivía y disfrutaba, en última instancia, mientras, con las manos juntas, miraba cómo brotaba todo aquel universo sonoro por entre la rejilla del altavoz del cofrecillo mágico, era el triunfo del ideal que representaba la música, el arte, el espíritu humano”. Sin embargo, este adiós al latido de “dos amantes, enterrados en vida”, que “iban a morir allí juntos, o lo que es mucho peor, uno después del otro, con los pulmones llenos del aire viciado de la tumba, de hambre… y luego sus cuerpos se descompondrían y no quedarían bajo la losa de su sepulcro más que dos esqueletos a los que les sería totalmente indiferente yacer juntos o en soledad", nada tiene que ver con el pasaje más conocido de la obra, la manida marcha triunfal del segundo acto, una de las varias concesiones de Verdi a quienes le habían pagado una fortuna para presentar en el flamante Teatro de Ópera de El Cairo, en riguroso estreno, una nueva obra suya. El músico pensó, de hecho, retirarse ya definitivamente a su finca en Sant’Agata y no volver a componer nunca más, como si el “O terra addio” que cantan Aida y Radamès debiera entenderse también como su propia despedida del territorio operístico que él había conocido y que estaba llamado asimismo a desaparecer. Por fortuna, entre Giulio Ricordi y Arrigo Boito lo convencieron para que compusiera años después Otello y Falstaff, dos milagros representados aquí en Parma el año pasado junto con Macbeth a fin de hilvanar la trilogía operística shakespeariana de Verdi al completo.





