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El año es 1998. La ciudad, Valladolid. Nines es un ama de casa que, tras quedar su marido en coma, pasa a encargarse del negocio familiar, un ruinoso videoclub de barrio. Asediada por las deudas, nota que solo una zona del local mantiene cierta actividad: la dedicada al cine para adultos. Así que esta mujer, conservadora y mojigata, dejará sus prejuicios a un lado y optará por potenciar esa sección que, tras varias carambolas, terminará convirtiéndose en foco de una auténtica revolución sexual entre las mujeres del barrio.




Me propuse con acierto no ver más programas de Jordi Évole, después de una entrevista con una dama, imagino que aconsejado férreamente por su cadena, que representaba para mí lo del nada nadea, pero hasta límites repulsivos. Una tal Montero, que se autoproclama sin vergüenza como la persona más poderosa de todo esto. Pero Évole es un fulano muy bueno inventándose un género, logrando complicidad no solo con el que tiene enfrente sino con la mayoría de la gente. Y constato que en su última época se acerca en plan colegueo absoluto a gente famosa que nacieron en su entorno, vecinal y solidario. Viva la cultura de barrio cuando hemos logrado el protagonismo.
El 7-1 contra el Barça a principios de octubre del año pasado fue un golpe duro para el Bayern de Múnich. La primera reunión tras el encuentro fue muy tensa. “Quizá fui un poco ingenuo, pero si volviéramos a jugar mañana este partido, ajustaríamos algunas cosas, pero seguiríamos con la misma idea: somos el Bayern”, le dijo el técnico José Barcala (Meaño, Galicia; 44 años) a su equipo. Tras aquel duelo, el club alemán no ha vuelto a perder, y ya ha levantado la Supercopa y la liga. También el Barça, su rival hoy (18.15, Disney+ y TV3) en la ida de las semifinales de la Champions en el Allianz Arena (Arsenal-Lyon es el otro duelo).
El fútbol es un producto de consumo más y el Mundial, su marca más célebre. Una cuestión de orgullo nacional dirimida en un campo de 100 por 70 con un balón de por medio. Resume y exhibe las novedades que el fútbol incorporó en los últimos cuatro años. En esta ocasión con más velocidad que nunca. Su condición de objetivo máximo y de contenido televisivo lo convierten en un lugar de encuentro de jugadores de todos los tiempos.

Cuando en 2007 se estrenó la serie juvenil Patito Feo, muchas niñas querían ser como Antonella: la chica más popular, bonita, talentosa y líder de Las Divinas. Brenda Asnicar (Buenos Aires, 34 años) interpretó a este personaje icónico con el que aún comparte esa personalidad coqueta y energética: se pasea por la redacción de EL PAÍS con ilusión, saludando y haciéndose fotos con su móvil en cualquier rincón para recordar el momento. En la telenovela argentina era también la archienemiga de Patito: la chica alegre, noble y talentosa de Las Populares, víctima de bullying por su aspecto físico. Patito era Laura Esquivel (Buenos Aires, 31 años), quien también con mucha emoción se pasea por el periódico, grabando con su cámara digital escenas para hacer un detrás de cámaras del Amigas del Corazón World Tour, gira en la que reinterpretan los éxitos musicales del programa de Disney Channel que se emitió en más de 50 países en Latinoamérica, Europa y Asia.


EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es
La Kings League en España se ha estancado. Hay signos de fatiga: ha perdido espectadores e impacto. Nació para convertir el fútbol en un show y lo ha logrado, pero solo un poco. La revolución que supuso la primera temporada española auguraba un futuro espléndido que ahora se ha estancado. “Ha perdido mucha audiencia, obviamente no tiene nada que ver con lo que era al principio”, dijo el célebre influencer Ibai Llanos en marzo. La mayoría de vídeos más vistos de los canales de YouTube o TikTok de la Kings League España tienen dos años o más. Las búsquedas de Kings League en Google han ido cayendo, excepto por dos picos puntuales en los mundiales de clubes y selecciones.
Durante las dos últimas décadas, la lucha mundial contra la malaria ha sido un triunfo de la salud pública, evitando aproximadamente 2.300 millones de casos y 14 millones de muertes. Sin embargo, estos avances están bajo asedio. Nos enfrentamos a una convergencia precaria de la disminución de la ayuda al desarrollo, un clima cambiante que amplía los hábitats de los mosquitos y un aumento de la resistencia a los tratamientos tradicionales y a los insecticidas, factores que han impulsado un resurgimiento de la malaria.
No debemos destriparlo, pero sí podemos decir que el final de este espectáculo es redondo. El montaje entero es redondo. Coherente, sustancioso y sofisticado. Hablamos de Lexikon, la nueva obra de El Conde de Torrefiel, compañía con base en Barcelona y puntera en los circuitos europeos de vanguardia, dirigida mano a mano por Tanya Beyeler y Pablo Gisbert. Coproducida por el Centro Dramático Nacional, su estreno este viernes en el teatro María Guerrero, con cuatro semanas por delante frente a las dos o tres funciones que suelen reservarse para este tipo de trabajos, supone un hito y una verdadera apuesta por una línea de trabajo más abierta a la experimentación en el ámbito institucional. Más dinero, pero también más tiempo para la creación y para llegar a oídos del público.
Texto y dirección Tanya Beyeler y Pablo Gisbert. Reparto: Tanya Beyeler, Carmen Collado, Amalia Fernández, Ion Iraizoz y Mauro Molina. Teatro María Guerrero. Madrid. Hasta el 24 de mayo.
La noche antes de Sant Jordi entré en una habitación de hotel a las tres de la mañana. Había llegado a Barcelona con ganas de jarana literaria e ilusión por las firmas del día siguiente, pero en vez de irme a dormir, me metí en una habitación que no era la mía y no dormí en toda la noche. Las ventanas no podían abrirse (por la inteligencia asfixiante de algunos edificios) así que fumar, como nos hubiese gustado, no era una opción. Ni una triste botella en el minibar (¿acaso el hotel se había aliado con la editorial para mantener sobria a la pandilla literaria que alojaba?). El servicio de habitaciones nos subió la última ronda y luego el tiempo se disolvió hasta el día siguiente. ¿Qué pasó? ¿Dónde pasamos la noche? La puerta de aquella habitación abrió el paso hacia el complejo tiempo de las amigas. Y solo después de cruzarla comprendí cuánto llevaba sin abrirla.