Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia

“No sé si ha merecido la pena”, dijo Sonsoles Ónega a sus colaboradores, que le hicieron una entrevista en su programa. Le preguntaban por sus arrepentimientos, y ella habló de seguir trabajando a tope cuando fue madre, perdiéndose la infancia de sus hijos. No dijo que se arrepentía, dijo algo mucho más interesante: “No sé si ha merecido la pena”.
A la industria que impulsa la inteligencia artificial (IA) cada vez le resulta más complicado proyectar una cara amable. El relato oficial que promueven las empresas que lideran esta tecnología es que ha llegado para mejorar el mundo. Prometen que aumentará las capacidades humanas, nos permitirá trabajar menos, facilitará tareas hasta ahora tediosas, revolucionará la ciencia, curará enfermedades, incluso resolverá la crisis climática. Pero esta semana, varios acontecimientos han aportado una buena dosis de realidad. El Banco Central Europeo ha ordenado a la banca reforzar su ciberseguridad porque teme que el último modelo de Anthropic, que ha demostrado ser especialmente bueno detectando fallos de software, pueda causar estragos en el sector, dejando desnudas las cuentas de millones de personas. En Estados Unidos, Google rompió el martes su política antibelicista y firmó un acuerdo con el Pentágono para cederle sus modelos, que podrán ser usados para asuntos clasificados. El viernes, el Departamento de Guerra anunció que ese acuerdo se extendía a xAI, OpenAI, Amazon, Microsoft o Nvidia, entre otras. Todo eso mientras se celebra el crucial juicio sobre OpenAI, la desarrolladora de ChatGPT, por el que desfilarán durante el próximo mes muchos tecnomagnates —ya lo hizo Elon Musk— y que está dejando al descubierto la lucha de poder que subyace a sus proclamas para salvar el mundo con la IA.
Esa sesentena larga de trabajadores, la mayoría periodistas, que se reunieron para celebrar el primer medio siglo de EL PAÍS, casi todos jubilados, muchos ya sin pelo o blanco el que les queda, fueron los que iniciaron aquella incierta aventura y los que proporcionaron “alma” al periódico, un alma que tantos han querido seguir. Entonces, la Redacción estaba a la izquierda ideológica de la dirección y de la propiedad. Bastantes de esos redactores no eran demócratas a no ser que al concepto de democracia se le añadiera algún apellido, por ejemplo el de popular (“democracia popular”). Y coqueteaban con el titular de aquel librito de Daniel Cohn-Bendit, uno de los héroes de Mayo del 68, “la revolución y nosotros, que la quisimos tanto”. Luego llovió mucho, cayeron el muro de Berlín y las Torres Gemelas de Nueva York, y casi todos sustituyeron la revolución por otra noción aparentemente más modesta: “La democracia y nosotros, que la quisimos tanto”.

Ibrahim Badr corre, ajeno a la miseria y la incertidumbre que le rodean, entre las tiendas de campaña de familias desplazadas instaladas en un patio de la Universidad islámica de Ciudad de Gaza. Tiene dos años y medio y un inconfundible acento egipcio que delata que aprendió a hablar en el país vecino, lejos de toda su familia y de Gaza.


Al otro lado de la pantalla del ordenador se conecta Rosalía (Sant Esteve Sesrovires, 33 años). Volcada en los preparativos de su Lux Tour, reflexiona sobre el “privilegio” de ser la imagen del nuevo perfume Euphoria de Calvin Klein. La marca lanzó su icónica fragancia por primera vez en 2005. Entonces, Natalia Vodianova fotografiada por Steven Meisel, el gran artífice del inconfundible sello visual ‘Calvin’, fue la estrella elegida para promocionarla. Ahora Rosalía toma el relevo y lo hace a su manera: baila sensualmente en el spot, al ritmo de su tema Dios es un stalker.
Recientemente, el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Canarias declaró procedente el despido de una empleada que dedicó parte de su jornada al uso privado de sus redes sociales. Para fundamentar el cese, la empresa aportó registros de actividad y publicaciones en la web de la infractora. Este no es un caso aislado. En otro litigio, el TSJ de Castilla y León validó el empleo de un software de control para motivar el cese de un teleoperador que prestaba servicios desde su domicilio. Del mismo modo, el tribunal autonómico madrileño refrendó el despido de otra teletrabajadora: la empresa, una importante aseguradora, aportó un certificado sobre tiempos de desconexión.
¿Cómo conseguir pruebas sobre la inactividad de un teletrabajador sin vulnerar su intimidad? Para Òscar Jiménez, titular del despacho Òscar Jiménez Digital Forensics, un peritaje riguroso no implica un acceso indiscriminado a la información de un dispositivo. En sala, el especialista aplica metodologías de minimización, como “búsquedas selectivas por palabras clave” vinculadas al objeto investigado. El objetivo es limitar el examen a los datos potencialmente relevantes. En un reciente juicio por despido, este tipo de análisis fue clave para que el tribunal calificara la metodología empleada por Jiménez como “respetuosa con los derechos fundamentales”. En materia de evidencia digital, “no solo importa qué información se obtiene, sino también cómo se accede a la misma”, defiende el perito.
No es una pregunta retórica. Después de hablar con varias personas, hombres y mujeres, de diferentes tendencias sexuales, ninguno supo responder para quién trabajan exactamente aquellos que se musculan hasta la hipertrofia en el gimnasio, o los que cuentan por cientos los ejercicios abdominales para sacar un six pack (o tableta de chocolate) debajo de los mínimos gramos de grasa que aún conserven en el abdomen.

Ha sido una suerte de festival de las corrupciones patrias con tres escenarios distintos y retransmisión en casi todas las plataformas. Por el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional han desfilado exministros, curas, chóferes profesionales y ocasionales, yupis, expresidentes, espías, aizkolaris, prostitutas, el vocalista de Taburete, policías corruptos, porteros de discoteca, empresarios y mujeres despechadas para juzgar delitos cometidos en gobiernos de CiU, PP y PSOE. Ninguno de ellos ha dado con la tecla para acabar con la mancha viscosa de la corrupción, que socava las arcas públicas y pulveriza la credibilidad de la política con delitos de hoy, de ayer y de siempre. Que los tiempos de la justicia se miden con relojes y husos horarios ajenos a lo que la razón entiende.

“Este no es el final, sino el principio”, decía la ministra colombiana de Ambiente, Irene Vélez (Bogotá, 43 años), en el plenario de cierre de la conferencia sobre la transición para dejar atrás los combustibles fósiles que se ha celebrado esta semana en la ciudad caribeña de Santa Marta. No ha sido una cumbre del clima como las que convoca anualmente la ONU, ni por las formas (no se ha discutido a cara de perro ni cada palabra ni cada coma), ni por sus dimensiones (57 países representados por pequeñas delegaciones), ni por el contenido: aquí se ha tratado, mucho más abiertamente, de intercambiar fórmulas, propuestas y problemas de esa transición para abandonar los combustibles fósiles, principales responsables del calentamiento global. Hablar a las claras de eso se ha convertido en un tabú en las cumbres clásicas del clima. Por eso lo que ha ocurrido en Santa Marta ha sido diferente.



Diuen que els aniversaris són els signes de puntació de la vida. El moment en què t’atures, rellegeixes la frase i penses com cal continuar perquè el text es mantingui coherent però no repetitiu, perquè avanci i presenti les idees d’una manera nova. El diari que teniu a les mans celebra que ja compta mig segle escrit, i en aquest suplement hem decidit aprofitar l’efemèride per començar a pensar què ha de dir la pròxima frase. Hem demanat a un grup de deu crítics habituals de Quadern, de diferents generacions i àmbits d’expertesa, que seleccionin un creador que consideren que serà rellevant en la cultura dels pròxims anys.
Una de les síndromes especialment temudes pels literats de tots els temps és la de l’oblit, i un dels contes més cruels sobre l’ànsia de posteritat que els turmenta es titula ‘Enoch Soames’ (1916). Max Beerbhom s’imagina un escriptor tan rabiosament convençut de la seva vàlua que pacta amb el diable un viatge al futur per comprovar els elogis, tan escassos en vida, que li depararan les enciclopèdies i els manuals d’història: cal dir que no figura enlloc, ni tan sols com una anecdòtica nota a peu de pàgina? Als lectors també ens agradaria freqüentar la taverna on el diable de Max Beerbhom és client habitual, i establir-hi una entesa que ens permetés esbrinar si d’aquí a cinquanta anys encara s’apostarà per les lectures que duen incorporat un ensenyament moral implícit amb lliçons òbvies associades al pensament positiu; si la tendència a jugar amb la metaliteratura haurà resistit o serà com un barco que es va rovellant encallat a la sorra d’una platja; si l’autoficció morbosa transitarà igualment o si potser s’assemblarà més a un d’aquells cotxes abandonats en un descampat i que es va desballestant peça a peça. Des del futur, també ens agradaria comprovar que no ens equivoquem gens ni mica quan ens animem a creure que, si Etna Miró (Barcelona, 2001) s’asseu a una taula amb el diable, i hi fa un tracte per veure com l’obsequia la posteritat, no s’endurà un disgust com el d’Enoch Soames.
A favor d’aquest pronòstic es pot esgrimir que a la primera novel·la seva, Amèlia de les Camèlies (Cap de Brot), la necessitat d’explicar és tan urgent com la de contar, i que l’acumulació d’escenes, que van confeccionant a poc a poc una col·lecció d’incidents menors semblant a un exèrcit de peons que, amb lentitud i mètode, es posicionessin estratègicament per executar un impecable escac i mat narratiu, no està renyida amb la inclusió abundant de frases tan brillants com aquesta: “El llibre havia estat un èxit perquè la festa ja ho era”. Som enmig de l’ebullició cultural, social i civil de la Barcelona d’ara mateix, acompanyats d’un incentivat grup d’universitaris que vegeten plàcidament, ofegats pel benestar, al voltant del conflicte de les aparences; mentrestant, formen el Cercle Rodoreda —troben més fascinant, ponderable i infinit les glicines que guaiten des dels jardins de les torres de Sant Gervasi que el grau d’infelicitat i solitud que representa el to de la seva literatura—, i es disputen el títol del que Gabriel Galmés hauria anomenat la reina de la selva intel·lectual: una de les candidates més fermes a assolir el tron és l’Amèlia, la protagonista de la novel·la, sobretot gràcies a la seva necessitat de sofrir com més aviat millor una “crisi existencial” que la converteixi en una musa tràgica. A favor d’Etna Miró es pot dir que Amèlia de les Camèlies, a banda de no desdenyar una divertidíssima i alhora seriosa introspecció moral d’uns personatges que, més que persones, semblen unes encercladores fluctuacions psicològiques que ens arriben a través de l’immens aparell analític —divisions, subdivisions, oposicions— de què disposa l’autora, és també una manera de dur a la pràctica el que P. G. Wodehouse creia que havia de ser la literatura, “una comèdia musical sense música”. Perquè Etna Miró no s’endugui la commoció que va desil·lusionar tant Enoch Soames, ara només cal que el seu segon llibre, aquell tan difícil perquè ja no s’escriu volent ser un escriptor sinó essent-ho, sàpiga arravatar tant com aquest.
A la cuina es fa difícil fer prediccions. Tot resulta relatiu. De vegades els ingredients són els mateixos, els minuts de cocció iguals i les mans que ho remenen tot també, però el plat surt diferent. Les feines artesanes volen temps i, entre fogons, l’experiència sovint és un grau. Per això, escollir un cuiner que ho petarà els propers anys és una elucubració arriscada. Tot i això, goso poder equivocar-me i agafo el camí més polsegós sortint de Barcelona, amb l’esperança que en terra de secà sigui possible anar esquivant el trencadís terreny de la restauració. En aquesta tasca hi ha Àngel Esteve (1997), que vol col·locar dins del mapa gastronòmic Lleida, la seva ciutat, on fa dos anys que ha obert Sisè.
Després de formar-se a l’escola d’Hostaleria de Lleida, va fer una bona ruta per cases de solvència contrastada, com El Celler de Can Roca, Coure, Mugaritz, Ricard Camarena o Gresca. En aquest últim va estar-s’hi dos anys com a cap de cuina, amb Rafa Peña de mestre. La il·lusió d’obrir el seu propi restaurant li bullia per dins, una inquietud que l’acompanyava des que va començar. Mentre el cap li deia que Barcelona era una ciutat amb més oportunitats i clientela potencial, el cor tirava cap a casa. “No em veia assentant-me i construint una família a Barcelona”, reconeix.
L’impuls definitiu per tornar a la mare terra va ser la mort del padrí. El va remoure, i molt. Va ser aleshores quan va començar a projectar Sisè, que és un homenatge a la casa dels seus avis, en una sisena planta. A Lleida estava tot per fer, i tot era possible. “Crèiem que la gent podria entendre com treballem, tractem molt bé el producte, amb salses ben fetes”, diu ara, convençut que no anava errat. “M’he trobat una clientela molt més disposada del que em pensava”, reconeix, i es posa l’etiqueta de “cuina catalana lliure”, que recorda en certa manera la “cuina catalana inventada” amb què s’autodefineixen els fundadors d’un altre restaurant amb bona projecció com és el barceloní Franca. La tradició hi és, però no estreny ni condiciona. S’abraça com a cultura pòpia, per després anar fent un camí més personal. Amb 28 anys, Àngel Esteve té molts plats per escriure. Té empenta i ganes d’anar a més, però també els peus a terra. De moment s’ho juga tot a Sisè, encara amb molt marge de creixement. La qualitat, les bones bases i un toc d’imaginació omplen el seu restaurant cada dia. A la seva cuina, sempre hi trobareu salses de carn, allioli i picades, però poques vegades cargols. No es tanca als clàssics de Ponent, però va en una altra direcció: “Sisè és la meva manera d’entendre i viure la cuina”. De Ferran Adrià n’ha vist molts vídeos, però el seu esperit és més proper al de Santi Santamaria, que també troba en Jordi Vilà. Els temps han canviat.
José Luis Barquero, conegut senzillament com a Barquero, està cridat a ser un dels grans noms de la pintura catalana dels pròxims anys. Nascut a Barcelona el 1997, ha fet performances i ha col·laborat en teatre i obres audiovisuals, però la pintura és el seu centre gravitacional. El representa la galeria Mayoral, tot i que abans ha exposat en espais de Madrid i de Londres i ja li han comprat obra Carmen Thyssen o, curiosament, els Javis. L’any 2026, la Mayoral ha dedicat a Barquero tot el seu espai a la Fira ARCO, la més important de l’estat espanyol, i les bones crítiques han permès que es posicioni encara millor en el panorama.
Com afrontes el llenç en blanc?, li demano, però no segueix cap protocol. “Mai plantejo les obres abans de fer-les, tinc intuïcions i pulsions que són taques, sediments, colors… I, a poc a poc, el quadre es va component com una constel·lació.” La imatge final és la conseqüència d’un procés de lluita, de la transformació d’un estat d’ànim.
L’any 2025, el barceloní va estrenar estudi a l’Hospitalet, ciutat on treballen tants artistes. En un inici vivia allà, envoltat de la seva obra. “Pintar és una feina constant, però de vegades també li has de donar un marge de temps, de conreu, per oxigenar la terra o la imaginació. A l’estudi hi tinc un llit perquè de vegades, quan estic molt endimoniat, no puc marxar”. No s’hauria d’interrompre mai, un estat d’inspiració; són experiències massa fugisseres i fràgils. En el cas de Barquero, també espirituals. “En la meva pintura, entro en mons de déus, d’arquetips; paisatges onírics, llimbs, llindars”. El pintor, quan es deixa anar, sent que s’endinsa en una realitat desplaçada on sorgeixen imatges que ni ell sap d’on venen: “Apareixen i les vaig modelant; són una necessitat visceral de llibertat.” La paraula llibertat és important per a ell, que vol “rascar, obrir, destrossar, esborrar, fer una cosmogonia de fagocitacions, que la mateixa pintura es devori i que s’obri un espai de possibilitats infinites des de la veritat.”
És la seva manera, “petita i humil”, d’afrontar el món en què vivim, que Barquero troba aterridor perquè ens ha tornat insensibles, difícils d’escandalitzar. L’art plàstic, creu, és un retorn a la mirada i a la consciència. En la seva obra hi veiem cossos mig perduts, alguns sols, alguns acompanyats, que transmeten alhora desolació i tendresa, solitud i camí: “Són cossos que estan al mig d’un desert o d’un no-espai, que travessen tempestes o paisatges de latituds quasi infinites, però tenen intenció i voluntat”. Els quadres de Barquero són enigmàtics. L’artista creu que contenen “una esperança, una determinació”. Utilitza colors potents: vermells forts, blaus brillants, grocs que semblen fluorescents i que contrasten amb blancs o negres diàfans. “M’agrada cremar la imatge, utilitzo el color com un joc psicològic, però sense pensar-hi massa”. L’artista fa servir els pigments com un mapa per on les nostres sensacions i pensaments es desplacen.
Escriptures com la de Jun Komura Trullenque, 小村潤 en japonès (Barcelona, 2002), fan la ciutat habitable en un temps imprescindible: el present. Filòleg i lletraferit en l’amplitud del terme, es radica en l’actualitat. Tot i unir un llinatge catalanojaponès, diu que tota la seva experiència barcelonina deriva del seu barri, el Clot, que li ha fet créixer una escriptura marcadament urbana gràcies al teixit veïnal. Les parles col·loquials i les literatures, per a ell no tan llunyanes, com la nostrada i la japonesa, són els seus interessos principals, ara que acaba la carrera de Filologia Catalana a la Universitat de Barcelona. Les lliga en un treball de final de carrera que publicarà aviat, on relaciona el pes de la violència masoquista en les obres de Yukio Mishima i Àngel Guimerà. Dos escriptors a l’armari que utilitzen la brutalitat en un sentit més profund i trascendental.
Amb el seu debut literari, Els enyooors (Viena, 2024), premi IV Certamen Art Jove de poesia Salvador Iborra de 2023, es desdiu de l’enfocament nostàlgic de les temàtiques universals i expulsa la solemnitat dels poemaris. Una peça que va destapar la seva perspectiva com a dramaturg i es va convertir en l’obra performativa Per lo mudable (2025), sota la direcció artística de Tura Torras i Lucas Altaba. Un homenatge al patrimoni quotidià i permeable, o a la gestualitat de l’urbs. Les seves virtuts com a escriptor són filles de les necessitats generacionals, sigui com a assessor lingüístic per a la peça coreogràfica Faula, que Roser López Espinosa va estrenar al Mercat de les Flors, com a guionista del videojoc Pizza Delivery d’Eric Osuna, o com a lletrista per a artistes tan rupturistes com LaFrancesssa, que li han permès experimentar amb el text en altres disciplines.
Entre les seves professions no tan evidents, hi ha hagut la d’ideòleg i comissari, junt amb una setzena més de joves, de la primera edició del Festival Bivac, dins la Biennal del Pensament del CCCB. La temàtica triada, en un vessant tan d’emergència política com simbòlica, va ser el refugi. Entén com ningú la força de la pròpia veu per crear espais més enllà de l’hostil. Potser per això, en el seu proper poemari, que pren el nom de Poesia per a aeroports, homenatge a les inquietuds de Brian Eno, busca el detall en la poesia ambiental que serveix per remarcar el context. Si li preguntessin què espera de la seva carrera artística, diria que no en vol tenir cap, que s’imagina una vida com a professor mentre actualment treballa com a fregaplats en un restaurant de cuina japonesa. Escriu, això sí i com sempre, en les estones lliures, i s’espera a veure quina forma pren, perquè sens dubte serà una de publicable i no el deixarem somiar una vida al marge tan tranquil·lament.
Hi ha actrius convencionals, hi ha actrius creadores i, després, hi ha actrius amb personalitat. Miriam Moukhles (Terrassa, 1996) reuneix, com a mínim, aquestes dues últimes categories, perquè és una intèrpret amb molt talent, això és indubtable, però també amb aquella cosa tan difícil de trobar. Podeu dir-ne carisma, aura, màgia, encant... És aquell no-sé-què. Resulta molt significatiu que la Miriam es gradués a l’Institut del Teatre amb un espectacle dedicat al duende i a les figures de Federico García Lorca, Lola Flores o Camarón de la Isla. Des del seu debut professional, de seguida va enlluernar els espectadors de teatre: molt justament, va rebre el premi Revelació dels Premis de la Crítica i el premi Núvol 2024. I espereu-vos, perquè tot just acaba de fer trenta anys. Tot això, però, no apareix del no-res: la seva àvia ja li deia “aquesta nena serà artista!”, quan de ben petita va començar a cantar i fer teatre amateur al barri del Cementiri Vell de Terrassa. El seu avi contractava vedets perquè actuessin durant la festa major, i la Miriam imitava els seus gestos i les seves cançons.
La faceta creadora de l’actriu es materialitza en els espectacles que fa amb la seva companyia, La Moukhles & Sentís, que va fundar amb la seva parella (sentimental i artística), l’actor i creador Joan Sentís. Fins al moment, han meravellat crítica i públic amb dos espectacles únics i sorprenents. Nodi: de gossos i malditos (El Maldà, 2024), era la seva particular mirada cap a la contracultura catalana dels anys setanta i la figura de Pau Riba. Una relectura sense idealització ni nostàlgia (moltes gràcies) d’una època cabdal de la nostra història recent, feta per gent nascuda després dels Jocs Olímpics de Barcelona.
Abecedari (Sala Beckett, 2026) es fixava en el filòsof Gilles Deleuze i es convertia en un cabaret literari que viatjava des del Marroc fins al París dels anys cinquanta, mentre ens parlava de memòria, llegat i herència. En aquest cas, la Miriam demostrava tots els seus talents interpretant diversos personatges amb les mateixes dosis de gràcia i veritat, des del rondallaire Ahmed fins a la vedet Juanita de Tànger, cantant en català, castellà i àrab. Fins i tot s’atrevia amb un homenatge a la gran Lola Flores i el seu Tanguillo de la Guapa de Cádiz. Per si tot això no fos prou, en qüestió de només tres anys la Miriam també ha treballat amb directors com Oriol Broggi (Tots ocells, Teatre La Biblioteca), Carme Portaceli (Anna Karènina, Maria Magdalena, Teatre Nacional de Catalunya) o Lucia Del Greco (Little Women, Teatre Lliure). Tothom que la veu per primera vegada no pot evitar preguntar-se “D’on surt aquesta noia?”. Doncs de Terrassa, tu. I del món del teatre amateur, l’autèntic planter d’actors i actrius de Catalunya.
En aquests moments, Miriam Moukhles està assajant un paper que segur que serà important en la seva carrera: serà Polly Peachum, una de les protagonistes de L’òpera de tres rals, l’espectacle dirigit per Marta Pazos que inaugurarà el pròxim Festival Grec per celebrar conjuntament el cinquantè aniversari amb el Teatre Lliure, on obrirà la pròxima temporada. La Miriam podrà demostrar tot el seu talent a través del text de Bertolt Brecht, la música de Kurt Weill i el moviment d’una altra dona jove i talentosa com ella, la coreògrafa lleidatana Mabel Olea. I ho farà acompanyada d’actors de la talla de Nao Albet, Júlia Truyol, Marta Bernal o Eduard Farelo. Per si encara no havia quedat clar tot el que he escrit fins aquí, només afegiré una cosa. Recordin aquest nom: Miriam Moukhles. Després no diguin que no els vam avisar.
Aviam, que en català no ho fem tan malament, i de vegades som capaços d’apoderar-nos d’àmbits d’ús relativament concorreguts per llengües més poderoses: vet aquí que la presència del català a les xarxes no és anodina ni anecdòtica, i si bé és cert que són uns quants els influenciastres que fan anar el castellà per allò d’arribar a més gent, també ho és que la seva presència en català —i atenció, parlant sobre el català— és generosa i, sobretot, dinàmica. Vegeu si no els casos de Cabrafotuda, Ona Falcó o Èlia Fernández, o el perfil de l’antic Twitter que va arribar fulgurant des de les terres de Lleida: el Tro de Ponent.
Tro de Ponent és l’alter ego logocreador (se’n podria dir així, d’un inventor de paraules?) de Marc Miranda (lleidatà de 30 anys), que confessa haver acabat parlant de llengua a les xarxes com per casualitat, d’aquella manera, fent tuits aparentment banals però desplegant una inventiva neològica que ja la voldria mig Termcat (mentre l’altre mig cataloga, precisament, aquesta mateixa inventiva). Convençut que el català pateix d’un excés de manlleus però que disposa de recursos més que suficients per fer-hi front, i decidit a entendre la normativa com un constructe porós (“Hem de matar el pare”, o sigui Pompeu Fabra, assegura en una entrevista al 3Cat), n’hi ha prou amb un parell de tuits per veure de quin peu calça: “te el piu tan viu que li diuen cucafera”; “totes hem vist el caldo d’ossos de l’aumetller als seus vlogs a qui vol krissejar fent veure que li barrufe consum”. El múscul juganer que Màrius Serra o Pau Vidal han treballat durant dècades, el Tro de Ponent el desplega com una torrentada.
Però ens agrada de Miranda (format en Periodisme i Traducció) que no és només un bolet a les xarxes més o menys exitós —la moda dels influenciadors tard o d’hora passarà—, i no és estrany sentir-lo tocar qüestions diguem-ne “serioses” articulant discursos d’una certa fondària, des de la concepció de la llengua com un element que participa en la construcció de la pròpia identitat, fins a la necessitat d’entendre l’ús de la llengua com una trinxera tot defensant el manteniment del català com a militància, passant a la crítica de la manera com la llengua estàndard ha allisat les diferències dialectals sota l’homogeneïtat i ha relegat certes parles —en el seu cas, el català occidental— a la mera folklorització. Si a això li afegim l’experiència professional com a traductor, “la passió de la meva vida” (per exemple del francès, amb l’Assaig sobre l’origen de les llengües, de Jean-Jacques Rousseau), la dedicació a la tesi doctoral com a investigador a la UAB (sobre comunicació intercultural en l’àmbit sanitari) i la seva voluntat de, tal vegada, dedicar-se en algun moment a l’ensenyament del català a adults i a la correcció de textos, obtenim un perfil de lingüista polifacètic i més aviat hiperactiu que per força haurem de seguir en els anys que venen. I sense deixar de tuitejar.
La joventut ha despertat suspicàcies ja des de l’antiga Grècia. Llavors no hi havia xarxes, però es considerava que els joves conculcaven allò que el temps i la tradició havien preservat. Atès que l’imperatiu biològic resulta innegociable, això mostra, encara avui, la natural por al canvi i la superioritat ètica i social de qui té menys temps per endavant. Aquesta desconfiança generacional, mútua, ha travessat com un riu les relacions socials, de passada fent creure que la cultura abans era més culta. Avui es diu que els joves són banals, fills de la mol·lície i del jo, i que la seva música, sempre pitjor que la d’anys enrere, n’és una conseqüència.
En el panorama musical hi ha moltes propostes que desmenteixen la incapacitat dels joves per viure els seus temps evadint-se mentre els qüestionen. En un món cada vegada més injust i cruel —segons les estadístiques—, Remei de Ca La Fresca són una resposta reactiva que ja ha alçat la veu amb dos discos, Remei de Ca La Fresca i L’ham de la pregunta, i treballa en el tercer. Van néixer a les jams postpandèmiques que es feien a Arbúcies, el seu poble, llavor d’aquest quartet encapçalat per Xantal Rodríguez (33 anys) i Artur Piera (25 anys). Artur i Xantal componen la música i Xantal fa les lletres, punyents, directes, precises i generacionals, mostra de l’enuig i ràbia d’una generació que viu el futur ja al present. Xantal es caracteritza per la forma de dir amb caràcter, passió, capacitat d’interpretació adaptada a cada lletra, èmfasi i possibilitats tant de cantar-les com d’acollir-se a la paraula recitada. La seva poderosa presència a l’escenari accentua una personalitat en què el carisma no és producte. Si la ideologia s’activa per acció o omissió, aquest grup, completat per Iago Rueda (26 anys) i Víctor Inskipp (28) és particularment bel·ligerant.
Tots quatre exemplifiquen una joventut aïrada que reclama la música com a manifest personal i col·lectiu, en què els temes que centren el debat social (minories, ecologia, propietat privada descontrolada, submissió de la dona, anèmic lideratge polític, etc.) passen pel seu repertori amb lletres directes i iròniques més enllà de l’exabrupte inarticulat. Joventut aïrada que no necessita apartar-se de formats musicals coneguts pels més vells —rock, psicodèlia, folk, progressiu, punk, etc.— per crear una estètica contemporània amb projecció de futur.
Però el més substantiu és que no pensen pel seu públic, fugint del pamflet i la posologia. Remei de Ca La Fresca, joventut aïrada, no parla del jo, sinó d’un nosaltres que busca respostes en un context on sembla que el futur no té revisió perquè el present ja l’està destruint. Lluny de la circumspecció i consciència de lideratge del cantautor clàssic o del hip-hop més paternalista, Remei de Ca La Fresca encarnen una joventut en bona mesura invisible perquè no s’ajusta al paradigma que els adults hem construït. I, de passada, ens recorda que potser no hem sabut fer un món millor del que ens havien llegat. I això fa mal.
Olmo Verbeeck Martínez (2004) va apuntar-se a ballet perquè volia ser fort, elegant i dramàtic com un cavall que corre amb la cabellera al vent (fins avui, té penjades a l’habitació un parell d’il·lustracions de cavalls que simbolitzen què és per a ell la dansa clàssica). Aquest jove de l’Hospitalet de Llobregat va començar la seva formació als set anys al Centre de Dansa de Catalunya, on ben aviat el seu talent va despuntar. Tot i això, no va tenir clara la seva vocació fins als tretze, quan va ser becat per fer un curs d’estiu a Itàlia. L’experiència va exposar Verbeeck al món de la dansa d’alt nivell, i des d’aleshores ha viscut gairebé sempre a l’estranger. Com a estudiant, va passar per la Tanzakademie Zürich i l’escola del Ballet Nacional dels Països Baixos. Com a professional, ha ballat per a companyies igualment prestigioses: el Ballet Nacional de Finlàndia, el ballet de la Semperoper de Dresden i, des del 2024, el Ballet Estatal de Berlín.
Verbeeck va arribar a Berlín després de rebutjar l’oferta d’una companyia més clàssica i amb més pes històric, una institució on ell mateix havia somiat ballar des de petit. Si es va decantar per Berlín, va ser per una necessitat d’obrir-se a nous horitzons, a un repertori més divers. Al Ballet Estatal, el jove té la possibilitat d’interpretar els clàssics, però també d’explorar estils de moviment neoclàssics i contemporanis. Malgrat la seva formació, més acadèmica, com a artista se sent “al mig” dels dos llenguatges. El seu currículum d’intèrpret, que inclou peces de George Balanchine, William Forsythe, Crystal Pite, Jiří Kylián i Ohad Naharin, demostra la seva afinitat amb coreògrafs avantguardistes que combinen el rigor del ballet clàssic amb una certa fisicalitat i expressivitat més modernes.
En paral·lel a la seva trajectòria com a ballarí, Verbeeck comença a destacar també pel seu talent coreogràfic: amb només 22 anys, ha creat peces per a cada companyia on ha treballat. El 2024, al festival per a artistes emergents de la Royal Opera House de Londres, va presentar una obra que va merèixer l’elogi de la revista internacional Bachtrack.
A Berlín, on treballa sota la direcció artística del reconegut coreògraf Christian Spuck, Verbeeck se sent encoratjat a desenvolupar el seu talent. Recentment, ha coreografiat l’obra Heute ist schon Gestern (“Avui ja és ahir”) per al Ballet Estatal. El jove es va inspirar en la seva àvia, que, a pesar de patir un Alzheimer que li impedeix reconèixer la seva família, encara és capaç de pintar-se els llavis amb tota la precisió. Deia Balanchine que els ballarins són poetes del gest: és signe d’agudesa imaginativa reconèixer la dignitat del gest en un cos que encara recorda el que la ment ja ha oblidat.
Un terratrèmol musical. Un prodigi que només passa en dècades. Una Rosalía per al cant tradicional valencià. Una anarquista cultural sense temor a posar bombes en els fonaments sagrats de l’ortodòxia folk des de l’estima profunda. Un carisma, i una edat, capaç de connectar amb l’era de la viralitat. Un talent addictiu que recorda l’esperit que despertava Nadia Comaneci: fins on podrà arribar, què ens farà sentir? La sensació sublim —i en eixe abisme es creuen l’esport i l’art— que tot pot passar. Parle de La Maria.
Fa uns anys era Maria Bertomeu (Oliva, 1998), una aspirant a mestra d’infantil que estudiava cant tradicional al conservatori i que va pujar una cançó a les xarxes. Es va fer viral. Podria haver-se quedat ahí: el somni d’una nit d’estiu. Els quinze minuts de Warhol. Però no. Dos anys després, i amb el seu primer disc enregistrat (L’Assumpció), La Maria va obrir la gala dels premis Ovidi, els Grammy —és un dir— de la música en valencià, amb la interpretació d’una versió d’‘Al vent’ que esborronà tot l’auditori. Que badava la boca, com Maria Arnal. Que acaronava l’ànima, com Silvia Pérez Cruz. Que feia comprensible eixa descripció magnífica que ha fet del seu cant el musicòleg Josep Vicent Frechina, un savi mesurat i humil que ho ha escoltat tot, que ho ha escrit tot de quasi tots, que detecta abans que ningú els corrents subterranis; el Cruyff de la música en valencià. En el cant de La Maria, Frechina hi veu una comunió de forces antigues i modernes amb una veu superdotada. La seua barreja de sons orgànics i electrònics provoca “un diàleg hipnòtic que sutura les fractures del temps i crea una impagable il·lusió de continuïtat: l’ahir, l’avui i el demà reunits en un espai sense rellotge ni edat pel miracle epifànic de la cançó”. Dos anys després arribaria el segon disc, Robina, on aborda la ruptura o la trencadissa després d’una ruptura amb valentia.
Això va fer Rosalía: arriscar i revolucionar —una vegada més— el flamenc. Convertir-se —també— en un producte. Una marca. Sí, clar, eixe és el perill, potser el peatge, el preu que cobra la viralitat. I sé que La Maria encara està ben lluny d’això, clar. Però el seu potencial és tan bèstia, feia tant de temps que no véiem una cosa així, que és lícit somiar. Quan ella puja a l’escenari, pugen amb ella totes les generacions de cantadors i cantadores que han mantingut viu el cant tradicional: romanços. Amb ella pugen Al Tall, pioners de la riproposta, i també puja amb ella Pep Gimeno, Botifarra, que fa vint anys va despertar allò que la terra duia calladament endins. Sense ells no existiria La Maria. Ara, ella li ha passat la thermomix. Mescla, emulsiona, enlluerna amb un aspecte nou.
Pispant a Gabriel Ferrater aquell bell joc verbal, però amb altres intencions, diria que el gran mèrit de Berta Prieto (Barcelona, 1998) és que gosa poder. No té por i tampoc no arracona les seves propostes en territoris, suposadament, còmplices. Ocupa institucions. Des de L’Auditori (creació i interpretació del musical Ròmul i Rem) o el Liceu (dirigint una òpera de petit format) a les plataformes audiovisuals. Als articles que publica aquí, a Quadern, parla d’innovació i inconsciència. “La insolència és una virtut escassa entre els meus, tenen massa ganes d’encaixar”, escriu. Llegint-ho es podria pensar en una practicant de pirotècnies modernetes, però sense substància. No. Hi ha una modernitat jove, que torna el sentit al concepte de contemporani amb una solidesa que no té res a veure amb l’encarcarament acadèmic, l’esoterisme pedant o el bla, bla, bla del subtítol de Del fandom al troleig. Penso, per posar un exemple, en les noies de Mil tres, say cheese de Cabosanroque. I penso en Prieto. Una creadora que té l’encert de saber triar les companyes (Laura Roig, Belén Barenys) i les companyies. Per exemple, amb la productora Canadá va protagonitzar un espaterrant vídeo de promoció de l’audiovisual espanyol, un fashion film, amb música, ballarins i un accident en què Lope Serrano dirigeix Bárbara Lennie, J. A. Bayona, Albert Serra, Karla Sofía Gascón…
Al pròleg de Del fandom al troleig, editat per la Beckett, Martí Romaní dibuixa els fils conductors de les peces de Prieto: “la construcció de la trama a partir de l’anècdota personal, l’omnipresència de les xarxes socials i la necessitat imperiosa de definir la pròpia veu desafiant les convencions sense por a la incorrecció política”. I ho fa barrejant els formats que convinguin, des del musical o l’audiovisual fins a la performance o la paròdia, com a Ròmul i Rem, el musical amb les protagonistes vestides d’escolars com si es tractés d’una obreta de final de curs. A Del fandom... la protagonista s’injecta bòtox al cervell per aconseguir la felicitat dels estúpids. Una tàctica de supervivència —ser tonta i limitar-se a follar, menjar i dormir— que també s’apunta a Autodefensa.
El 2022, amb producció de Filmin, Prieto i Barenys van ser les creadores, amb Miguel Ángel Blanca, i protagonistes d’Autodefensa, on les criatures, quan somien amb la felicitat, s’enfronten a dilemes impossibles (“què t’estimes més: ser porta o finestra, bombeta de terrassa o de nit”). Hi juguen perquè no poden pensar-hi de veritat. Són molts els que ja no poden somiar amb la felicitat. L’iglú, ho diu Eloy Fernández Porta, sembla la darrera protecció dels desemparats. Va ser una autoficció renovadora, i ja té rodada una seqüela on es fuig de les repeticions. Prieto i Blanca, llegeixo, s’endinsen en el caduc món dels/les influencers.
Prieto gosa crear, intervenir, sense por i continuarà fent-ho. No és un auguri. És un desig. I deixeu-me acabar com feia a la crítica d’Autodefensa: és aire fresc, ens cal.