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A la física Perla Wahnón Benarroch le ha tocado ser la primera en varias ocasiones. Fue la primera de ocho hermanos nacidos en el seno de una familia de judíos sefardíes de Melilla, descendientes lejanos de los expulsados de España por los Reyes Católicos en 1492. A finales de los años 70, se convirtió en la primera persona doctorada en ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid, y después en la primera catedrática no ingeniera en la Facultad de Ingeniería de Telecomunicaciones de la Politécnica de Madrid, donde ha desarrollado gran parte de su carrera. Wahnón dice que la empujaron a la ciencia desde muy pequeña. “Entre los judíos es muy típico fomentar el estudio porque había una mentalidad de pueblo errante. Las posesiones materiales no importan, porque las puedes perder, pero con lo que tengas en la cabeza te puedes ganar la vida en cualquier sitio”, recuerda la científica, de 77 años. En 2019 se convirtió en catedrática emérita, y aceptó el cargo de presidenta de la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce), que agrupa a 91 entidades y da voz a más de 45.000 científicos de todo el país. Fue la primera mujer en el cargo.

Goretti, Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo y Marta llegaron sin tregua entre el 6 de enero y el 5 de febrero, y a la muralla romana mejor conservada del planeta, la de Lugo, no le dio tiempo a digerir tanta agua. Su médula —colmatada de tierra entre los muros interior y exterior de piedra— se fue encharcando hasta convertirse en una “piscina”, explicaron los expertos, y las piedras de un tramo reformado al menos dos veces a lo largo de los siglos cayeron como por “un tobogán” en la noche del 7 de febrero. Saltaron todas las alarmas. Enseguida se constató que el lienzo derrumbado no era romano, sino la consecuencia de un retranqueo del perímetro interior (donde antiguamente había un cubo o torre de factura romana) ejecutado, principalmente, en los primeros años 20 del siglo pasado. Pero el equipo que trabaja desde hace décadas en el Plan director y la conservación del monumento (declarado Patrimonio de la Humanidad en 2000) cree que, lejos de ser una mala noticia, el suceso ha sido un “aviso”. Y ha “tomado nota”.

El turismo es una poderosa vitamina para la economía catalana, con un peso del 14% en el PIB y con relación directa en un 12,4% de la ocupación. La fuerza de los datos no evita el relato que apunta que el modelo turístico actual tiene fecha de caducidad. El último en difundir esa idea es el Cercle d’Economia. La influyente entidad empresarial, a través de su plataforma Iniciativa para la Productividad y la Innovación (IPI), publicó un informe la semana pasada donde advierte que el negocio turístico pivota sobre “un modelo de crecimiento extensivo que muestra síntomas de agotamiento”. Se requiere una “revisión”, dice el diagnóstico, porque se genera “ocupación masiva” pero con dificultades para escalar en la cadena de valor. La productividad y los salarios apenas pueden aumentar mucho en este sector, pero los empresarios defienden que llevan años transformándose para atraer a clientes de “más calidad”. En el fondo, la pregunta más difícil de responder es si tiene Cataluña la capacidad, mediante otras fuentes productivas, para generar la misma actividad económica que da el turismo.

Cuando Franco Battiato tenía ocho años escribió una redacción en el colegio titulada “Pero yo… ¿Quién soy?”. La pregunta traumatizó a su profesora, que llamó preocupada a la madre del músico italiano para contárselo. En la familia aquello se quedó en pura anécdota. Sin embargo, no fue una pregunta casual. En realidad es el interrogante que persiguió a este ecléctico artista hasta su muerte a los 77 años en 2021 y, en cierto modo, es la pregunta que a los comisarios de la muestra, Giorgio Calcara y Cristina Battiato (sobrina del artista), les gustaría que contestara también la exposición dedicada a su figura, Otra vida, que el Museo Maxxi de Roma acoge hasta el 26 de abril. “Hablamos de un gigante de la cultura que se ha expresado a través de la música, pero también de la filosofía, de la espiritualidad, de la pintura, del cine. Nunca se contuvo. Siempre estuvo dispuesto a descubrir con la curiosidad de un niño, por eso podemos hablar de muchas facetas de su existencia”, asegura a este periódico Giorgio Calcara.


Disfrutan los aficionados de un día radiante, con esa luz inigualable de Valencia que tan bien reflejó el maestro Joaquín Sorolla. Una de esas mañanas que los valencianos concretan con una frase: “Hace día de Fallas”. Y los de fuera, que tampoco acaban de comprender la expresión, la entienden sin entender cuando se quitan el jersey y se ponen las gafas de sol y llenan todas las terrazas y piden unas cervezas y brindan y son felices. La ciudad está llena de gente con camisetas de baloncesto. De Murcia, de Barcelona, de Málaga, de Tenerife, de Vitoria… Disfrutan del día soleado y por la tarde vuelven en peregrinación hacia el barrio de Quatre Carreres, en los lindes de la ciudad, para embocar el Roig Arena y disfrutar con las semifinales.
“Estrépito”, “antonomasia” y “estaño” son tres palabras que la tiktokera de 25 años Bárbara Bulnes parece no entender al leerlas en un pasaje al azar del comienzo de Cumbres borrascosas. En un vídeo se quejaba del vocabulario complejo que le impedía avanzar en la lectura de la novela. Al viralizarse, ha provocado montañas de comentarios sobre la comprensión lectora de los jóvenes, su pobreza intelectual, la pérdida de capacidades cognitivas y un largo etcétera de clichés sobre la decadencia de Occidente, la caída de los dioses, la muerte de Dios y los tomates de mi infancia que aún sabían a tomate.
De su infancia en Marruecos, Bibiana Fernández (Tánger, 72 años) solo guarda unos viejos cuadernos. Dentro de ellos hay recortes de revistas de mediados de la década de 1960, imágenes de sex symbols de la época como Ursula Andress, Raquel Welch, Brigitte Bardot, Virna Lisi, Gina Lollobrigida o Marisa Mell. “Yo tenía 12 o 13 años y cuando veía una foto de alguna de ellas, la recortaba. Eran muy importantes para mí”, explica, mientras sus tres caniches corretean por el salón de su casa, un gran chalé a las afueras de Madrid. “De alguna manera, siguen siendo muy importantes para mí”.
Pablo Sáez.
Juan Cebrián.
Pablo Iglesias (NS Management) para Lancôme.
Irene Luna.
Cristina Serrano.
Mario Val.
Paula Alcalde y Carmen Cruz.
Marina Marco.
En La Habana de la asfixia petrolera impuesta por Estados Unidos amanece con el olor a humo de la quema de basuras que se acumulan en la calle. Apenas pasan coches por el hermoso y largo Malecón, pegado a un mar sin barcos, y se ve gente caminando en silencio. Cada día, la mayoría de los cubanos sale a la calle a inventar, como ellos llaman a buscar todos los métodos posibles para sobrevivir en las condiciones extremas que soportan desde hace años, y desde hace tres semanas, cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazó con aranceles a todo aquel que suministre combustible a Cuba, también a esperar.




Se abre la galería de fotos del móvil y hay una carpeta titulada “Hijo” o “Hija” cuando eran bebés: su primer cumpleaños, imágenes con gente fallecida, su primera vez en la playa con dos años y un sinfín de recuerdos que quedan inmortalizados también en vídeos y audios. Adultos y niños estaban en todos esos momentos. Sin embargo, los primeros los recuerdan más allá de lo multimedia, pero los segundos no. ¿Por qué las personas no tienen recuerdos de cuando eran muy pequeños?
Antes de convertirse en símbolo de la barbarie, este niño era solo un cuerpo pensante, un ser sintiente. Tenía una estatura concreta, un peso, una temperatura, unas fantasías. La foto, a estas alturas, es ya un discurso sobre la maldad, pero lo que ocurrió primero fue brutalmente físico, cruelmente real, lo mismo que un golpe de frío o fiebre. Lo más inquietante no es solo la violencia de la escena, sino la manera en que el pequeño parece saber qué hacer dentro de ella. No llora, no se resiste, no mira a la cámara. Está concentrado en su papel, como un detenido profesional, un detenido de película. Ha entendido que, en ciertas circunstancias de la vida, si conviene hacerse el muerto, uno se hace el muerto. No es sumisión, es una técnica de supervivencia. El cuerpo infantil, enfrentado a una maquinaria gigantesca, cuya manaza se posa sobre su mochila, improvisa una conducta aprendida para no romperse. Cruzar las manos, permanecer quieto, mirar al frente. Un modo de decir sin palabras: