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Hay biografías que abruman, tan precoces y llenas de vida. Importa apreciar esa diferencia, que es crucial: la diferencia entre la vida y el tiempo, porque hay quien vive mucho en pocos años y hay quien convierte su vida en una acumulación del tiempo, a la espera de que pase algo que igual no pasa nunca. Ocurre, claro, que la vida es una idea distinta para cada cual, como lo son el éxito y el fracaso. La vida, de hecho, puede ser algo distinto en nosotros mismos, según la hora a la que se nos pregunte.

Me esfuerzo mucho por no rebozarme en el catastrofismo, reniego de los apocalípticos y discuto con quienes proclaman que los chavales tienen la comprensión lectora de una ameba y pronto serán incapaces de leer un párrafo sin sufrir un ictus. Abogo por su inteligencia en todos los foros, e invito a profesores y alumnos, cuando acudo a los institutos a dar la paliza, a explorar la complejidad, a escuchar la música poética, a dejarse seducir por los misterios del lenguaje, a gozar de lo que no se comprende al primer vistazo, de la ambigüedad y de lo gris. Lo intento, pero la realidad no me lo pone fácil.

“Que ibas para titiritero ya lo sabíamos, pero cúbrete las espaldas, que tienes la cabeza llena de pájaros”, le dijeron sus padres a Mariano Peña (Manzanilla, Huelva, 66 años), cuando les dijo que quería ser actor. “Les hice caso y también les engañé. Les dije que iba estudiar Bellas Artes pero no para ser profesor, sino para formarme como artista”, cuenta entre risas y engolando la voz. Peña, tímido confeso, cree en el humor como arma. “Hay un refrán que he oído en mi tierra y en Cuba que dice: “Cantada la pena, la pena se olvida”. Hay que quitar hierro a las cosas, aunque lo tengan de por sí”, cuenta. Podemos verle en Barrio esperanza, una serie emitida en TVE.

El día después de la victoria de Donald J. Trump en las elecciones de 2016, Anna Wintour, la legendaria y temida editora jefe de la revista Vogue en Estados Unidos, llegó como siempre temprano a trabajar y convocó una reunión de emergencia. Cuando se dirigió a su equipo, pasó algo inaudito: rompió a llorar. Con este episodio arranca Anna, una nueva biografía (editada en España por Debate) de la periodista Amy Odell sobre la poderosa editora que lleva décadas decidiendo qué está in y qué está out.

Quien quiera saber si se puede hablar de normalidad en un contexto de terrorismo, que le pregunte a un ciudadano de Bamako. Una normalidad como nacer, casarse de blanco o, simplemente, hacer la compra. Malí ha sufrido este fin de semana la ofensiva más grave desde el año 2012 con unos atentados coordinados entre insurgencias yihadistas y tuaregs en varios puntos del centro y norte del país, así como en la capital. No ha sido un episodio menor: el ataque ha acabado con la vida del ministro de Defensa, ha herido de gravedad a otros dos altos cargos del Gobierno y ha supuesto la pérdida de Kidal, bastión del norte que había sido recuperado por las Fuerzas Armadas malienses (FAMA) y sus aliados rusos del grupo Wagner —ahora Africa Corps— hace apenas un par de años.


El reloj biológico y el reloj económico han dejado de estar sincronizados. El aumento de la esperanza de vida está reescribiendo las leyes de la prosperidad familiar en España. Durante décadas, el traspaso de bienes de una generación a otra a través de las herencias servía como impulso vital para los más jóvenes. Pero la mejora de la longevidad gracias a los avances sanitarios y a la mayor calidad de vida ha transformado ese motor, lastrando el patrimonio de quienes tienen la espalda menos cubierta.
La Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre confirma una tendencia que se observa desde hace meses en los datos del Instituto Nacional de Estadística: algo se ha torcido en la generación de empleo en España en sectores tecnológicos. Las ramas de actividad relacionadas con la informática y similares crecieron con fuerza tras la pandemia, pero últimamente flaquean, un escenario que algunos especialistas conectan con, entre otros motivos, el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) y su capacidad para sustituir tareas en estos sectores, aunque otras voces creen que es pronto para sacar estas conclusiones. En un contexto en el que en términos anuales crece el empleo, estas actividades pierden fuelle con los datos del INE, que no coinciden con el registro de la Seguridad Social.