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A finales de los años sesenta, Aníbal Troilo, legendario bandoneonista argentino, recitaba en el tango Nocturno de mi barrio: “Alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio. ¿Cuándo? ¿Pero cuándo? ¡Si siempre estoy llegando!”. Esos versos bien podrían caberle hoy a Lionel Messi, una leyenda en vida que no termina de irse de la selección argentina, pese al paso de los años —cumplirá 39 en junio—, las metas consideradas definitivas y un cierre de ciclo que transita como quien siempre está “llegando”. Este martes, Messi se despidió de los hinchas argentinos en La Bombonera, arropado por las glorias del campeonato obtenido en Qatar y un estadio desbordante en el que fue el último partido de la Albiceleste antes del Mundial que se disputará en junio en México, Estados Unidos y Canadá. Fue con un partido ante Zambia, que terminó 5-0 para los argentinos, con un gol de Messi.
Desde este 1 de abril, Juvé & Camps dejará de imprimir en sus botellas la etiqueta de DO Cava y sustituirá esta denominación por Corpinnat —una marca colectiva de la Unión Europea creada en 2018 por un grupo de bodegueros del Penedès (Cataluña) que buscaban resaltar la excelencia de los vinos espumosos elaborados bajo requisitos estrictos: agricultura ecológica, vendimia manual, vinificación en la propia bodega y largas crianzas de, al menos, 18 meses—. A este grupo, fundado por los llamados díscolos del Penedès —Gramona, Llopart, Nadal, Recaredo, Sabaté i Coca y Torelló— y del que forman parte 21 bodegas, se suma ahora Juvé & Camps, fundada en 1921 en Sant Sadurní d’Anoia. La bodega, en manos de la tercera y cuarta generación de la familia, con Joan Juvé como presidente y su hija Meritxell Juvé como consejera delegada del grupo bodeguero —que incluye marcas como Propietat d’Espiells y Pagos de Anguix, así como las distribuidoras Primeras Marcas y Wine Merchant, e Insolity, dedicada a la creación de experiencias vinícolas exclusivas—, considera este paso coherente con su proyecto y su visión de futuro para los vinos espumosos, basada en el viñedo y el territorio.
El sector del cava pierde un jugador de peso que, además, se va para fortalecer el equipo de la competencia. La bodega Juvé&Camps ha oficializado su baja de la Denominación de Origen Cava y su incorporación a Corpinnat, la agrupación de productores de espumosos que, críticos con los protocolos que impone el Consejo Regulador del Cava, impulsan un sello colectivo alternativo para comercializar sus botellas. Juvé&Camps, con más de cien años de historia vinculada a la familia Juvé, tiene hoy un 76% de las acciones en manos de Scranton, la sociedad inversora participada por Grífols. La empresa manifiesta que da un paso “coherente” con su proyecto y visión de futuro para los vinos espumosos. “Cada nueva incorporación avala que el nuestro es el camino a seguir, somos un agente transformador del sector”, subraya Pere Llopart, presidente de Corpinnat. La marcha de Juvé&Camps sorprende a la D.O. Cava en una fase de pinchazo de las ventas, un 13% menos de botellas y una caída del 10% de la facturación el último año, y en medio de un proceso para decidir su liderazgo, una vez que el actual presidente del Consejo Regulador, Javier Pagés, ha anunciado que renuncia.
El Tribunal Supremo ha dado un golpe a uno de los productos financieros más polémicos de los últimos años. En una reciente sentencia, el alto tribunal ha anulado las hipotecas multidivisa comercializadas por Barclays —heredadas por CaixaBank tras comprar su negocio minorista en 2014— al considerar que se trata de un producto abusivo y falto de transparencia porque la entidad no informó adecuadamente de los riesgos que asumían los clientes. La decisión obliga a eliminar la cláusula multidivisa de todos los contratos donde se utilizó y a que todas esas hipotecas pasen a estar referenciadas en euros, lo que supone un alivio para miles de afectados.

Bizum, la popular solución de pagos respaldada por la banca española, ampliará sus servicios a la modalidad de pago presencial en comercios a partir del próximo mes de mayo. La herramienta, que cuenta actualmente con 30 millones de usuarios, permitirá abonar compras en tiendas físicas y grandes superficies mediante el uso del teléfono móvil, como adelantó Cinco Días. Esta expansión sitúa a la plataforma en competencia directa con los sistemas de Apple Pay y Google Pay, así como con las redes tradicionales de tarjetas de crédito y débito.
Álvaro Cunqueiro se casó con la hija de un abogado de Mondoñedo en diciembre de 1940. Antes de la boda, escribió a su amigo Manuel Halcón, su superior en Falange en Madrid, para que le liberara el pasaporte, que estaba retenido en la Dirección General de Seguridad. El escritor gallego enunció así el favor y la urgente necesidad del documento: “Sin pasaporte no puedo ir a Portugal. Si no voy a Portugal no podré llevar a mi novia a Coímbra. Si no la llevo a Coímbra no podré hacerle el amor bajo los almendros”.
El PP anunció el lunes que creará en el Senado una comisión de investigación sobre RTVE por la “corrupción directiva, financiera y patrimonial” de la corporación, que, según los proponentes, ha puesto la televisión pública “al servicio” de Pedro Sánchez. Esta será la séptima comisión de investigación que impulsa en la Cámara alta en menos de tres años de legislatura. El PP puede proponerlas con toda la legitimidad de la mayoría absoluta que le han dado los ciudadanos. Nada que objetar, si su intención real fuese arrojar luz sobre asuntos de interés público. Pero no lo es.
Graves y aburridas comprobaciones en temporada de promoción cultural: a menudo, quien tiene más espacio en los medios deambula de uno a otro quejándose de otros medios; más fina tiene la piel ante la crítica o la indiferencia; peor lleva cualquier adversativa a su obra o su persona, y eso cuando ellos no creen que es lo mismo, la obra y la persona (“¿atacas mi película o mi libro? Eso es que no me aguantas a mí porque la obra es buena, el resto son prejuicios”). Quien construye su discurso y su personaje sin hacer daño a nadie, y no valora ni enjuicia el papel de quien lo entrevista, es rápidamente caricaturizado o convertido en una suerte de histrión para jueguecitos crueles de esos medios a los que él acude educadamente cuando le llaman. Otra cosa: quien más se prodiga en decir la mayor tontería sin demostración alguna, quien suelta la mayor bravuconada o trola o payasada inane, acto seguido se queja de que ahora ya no se puede decir nada en ninguna parte y a ninguna hora; más probabilidades de que esto ocurra cuanta más audiencia tenga el medio al que es invitado. Cada 10 años aparece un debate recurrente que con el tiempo tiene más pertinencia: por qué no hay crítica negativa. Pero cuando hay una crítica mala, pongamos en este periódico, se debate la legitimidad del crítico, cuando no directamente —pasó hace años— una carta de más de 100 firmas contra Boyero por sus coberturas y reseñas. El círculo vicioso es interesante y tiene que ver con una toxicidad creciente: la relación de dependencia, menor en el caso del protagonista gracias a sus redes sociales y por tanto más agresiva (“ya que habla con nosotros, exprimámoslo a clics”) por parte de muchos medios. Esto se traduce generalmente en terror: del entrevistado por el titular, del entrevistador por el extracto elegido en redes, del medio por la indiferencia de la audiencia, del agente por el despido. En fin, tómenselo con calma: todos seremos cancelados, o lo fuimos, o lo estamos siendo, qué más da.