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El dato se ha convertido en oro en la era de la transformación digital. Su potencial en forma de beneficios es enorme para la economía, los negocios y la sociedad. Y puede ser mucho mayor si se comparte a través de ecosistemas diseñados en un entorno de soberanía, confianza y seguridad. La Unión Europea ha apostado por ello y ha situado el desarrollo de espacios de datos como una de las prioridades estratégicas para reforzar su soberanía digital y competitividad en la economía global.
“En un restaurante me llegaron a explicar que lo que estaba comiendo eran unas hierbas casi milagrosas que habían sobrevivido a un incendio ocurrido hacía algún tiempo”, relata un gastrónomo para ilustrar una realidad cada vez más frecuente: el exceso de explicaciones en torno a lo que contiene un plato. Durante años, la alta cocina ha cultivado una liturgia propia: espacios únicos, iluminación cuidada, vajillas de diseño que realzan cada pase y, como prólogo a cada bocado, un discurso detallado sobre el origen del producto, la técnica empleada o la idea que inspiró al cocinero. Ese relato, concebido para enriquecer lo que llega a la mesa, empieza ahora a generar resistencia entre un número creciente de comensales.
La reciente eliminatoria entre el Real Madrid y el Manchester City de la Champions League se recordará por ser la tercera eliminación consecutiva del equipo mancuniano a manos de los madridistas, por los tres goles de Federico Valverde en el partido de ida y por una camisa. Concretamente, un modelo de cuadros de la marca sueca Our Legacy, elaborado en franela y perteneciente a la temporada otoño/invierno de 2024, que vistió Josep Guardiola, entrenador del City, en el segundo partido de la eliminatoria. Una elección inusual para un evento deportivo de máxima repercusión que provocó una cantidad de comentarios y artículos desproporcionada para tratarse de una camisa. Unas reacciones que además se dividieron en dos bandos opuestos: mientras el sector futbolístico tradicional se tomó con sorna la vestimenta de Guardiola, llegando a vincular su presunta falta de seriedad con una actitud de pasotismo, los círculos del menswear dentro y fuera de España aplaudían el atrevimiento de Guardiola. “¡Ayuda, me estoy obsesionando! ¿Ha contratado Pep Guardiola a un estilista?”, se preguntaba la edición británica de GQ.
Un Mercedes de gama alta se detiene en la puerta del hotel Hilton de Bangkok, a orillas del río Chao Phraya. Una pareja de ejecutivos vestida, tanto él y ella, con trajes de marca y maletines de diseño italiano desciende del vehículo. A su alrededor se elevan otras torres de rascacielos que albergan más hoteles de lujo (Shangri-La, Lebua, Mandarin Oriental, Sukhothai), oficinas acristaladas y sedes de compañías multinacionales. Junto al Hilton, bajo la fachada que da al río, hay un embarcadero del que salen pequeñas lanchas que se dirigen a la otra orilla, a Thonburi, el barrio histórico de la capital de Tailandia. Allí no hay calles, solo canales de aguas estancadas; las casas son palafitos de madera y chapa, la gente vive en cuclillas sobre esteras vegetales y se comercia aún desde piraguas atestadas de todo tipo de productos que manejan mujeres protegidas por un gorro de paja de arroz. Un siglo de distancia entre una orilla y otra del mismo cauce. Así es Bangkok, la reina de los contrastes.
Esta semana se ha inaugurado una exposición muy especial que une la botánica y el arte a través de las obras del Museo del Prado. El lugar es el palacete medieval del CaixaForum de Girona, que imprime una marcada personalidad a las salas, en las que se crean espacios acogedores y coquetos. La propuesta surge de la fructífera colaboración entre la Fundación La Caixa y el Prado, que en el pasado ha generado otras exposiciones tan relevantes como Arte y Mito. Los dioses del Prado o la reciente Rubens y los artistas del Barroco flamenco. En esta ocasión, el título elegido es el de La botánica en el arte. Las plantas en las colecciones del Museo del Prado.
Afianzar el hábito lector en la infancia es un trabajo diario, tanto como hacer deporte para estar sano o lavarse los dientes para prevenir caries. Pero no es un esfuerzo que los niños deban hacer solos una vez que comienzan a tener fluidez, sino todo lo contrario. “Cuando los menores empiezan a leer, sobre los seis años, no son autónomos; somos los adultos quienes debemos transmitirles el gusto por la lectura”, sostiene Nadina Gómez-Merino, doctora en Lectura y Comprensión e investigadora del grupo ERI Lectura, de la Universidad de Valencia, dedicado a promover el estudio de la lectura.

Al estilista de las estrellas le gustaría estar en cualquier otro lugar que no fuera frente al periodista, cara a cara en la desangelada estancia de un hotel. Pero el estilista de las estrellas resulta que es una celebridad por méritos propios y su práctica —su “arte”, dirá en un momento dado— es objeto de exposición. “Es la primera de estas características, nunca se le había dedicado una muestra al estilismo como actividad”, afirma Tom Eerebout (Bélgica, 37 años). Y, de alguna manera, tiene razón: cierto que Isabella Blow, Grace Coddington o Edward Enninful han sido sujetos de retrospectivas y, por tanto, también sus trabajos, pero el relato de vestir personalidades contado desde la distancia profesional todavía no había conquistado vitrina museística alguna.


Hace unas semanas, el Tribunal Superior de Justicia de Canarias permitió a cerca de 10.000 trabajadores de una cadena de alimentación compensar los días festivos que coincidan con sus fechas de descanso semanal. Los magistrados pusieron en la balanza dos intereses: el necesario reposo del empleado y el derecho del empleador a hacer valer el calendario laboral. El fallo invalidó “la práctica empresarial consistente en no compensar el solapamiento”.
Para los inspectores de trabajo Ana Ercoreca y Jesús Prieto, partidarios de la interpretación del derecho automático a la compensación, no es casual que el Supremo analice la coincidencia festivo-descanso en términos de solapamiento. El concepto hace evidente que “dos derechos de descanso no deben superponerse”. Lo contrario, aseguran, “vulneraría con claridad un derecho tan tuitivo como es el laboral respecto a la protección de los trabajadores”. En definitiva, este solapamiento debe compensarse necesariamente por otro día de descanso. Además, en este ámbito prima el principio in dubio pro operario, es decir, “el juez, ante la duda legítima sobre el sentido de una norma laboral, prefiere aquella interpretación que sea más favorable al trabajador”, defienden.
Se coma donde se coma, la pizza es cosa de los napolitanos. Cuenta la leyenda que en 1889, con motivo de la visita de la reina Margarita de Saboya, le encargan al joven chef de la Pizzeria Brandi que piense en algo original para sorprenderla. El chef, tras varios intentos fallidos, da con la receta perfecta: una base de pan sobre la que bañaría una abundante salsa de tomate, añadiría queso de búfala y hojas de albahaca. Visualmente recordaría a la bandera del recientemente unificado Reino de Italia. Gustativamente, transmitiría el verdadero sabor de la ciudad. Así, dicen, nació la auténtica pizza, la Margarita. Posiblemente, “el origen de la historia de la pizza”, tal y como subrayan los autores del libro Pizza Napoli. Recetas e historias de la ciudad donde nació la pizza (NeoPerson Cook).
El estallido de la guerra en Irán ha devuelto a los inversores una sensación que muchos creían haber dejado atrás, allá en el turbulento 2022: la caída simultánea de los grandes pilares de las carteras tradicionales, las acciones y los bonos. Es la sensación de no encontrar abrigo en ninguna parte. Lo más desconcertante no es tanto la intensidad del ajuste —que podría calificarse como moderada— sino su simultaneidad. Durante décadas, el precio de la Bolsa y los bonos han ido en direcciones opuestas. Cuando había un crac bursátil, la deuda pública se revalorizaba y servía como refugio. Pero esa descorrelación ya no es tan obvia. Y ante el nuevo escenario que se abre con la guerra en Oriente Próximo no está claro dónde poner a salvo el dinero. Ya ni siquiera se puede contar con el oro.
